Barcelona Vida

defensa de la vida y la familia, valores, sociedades intermedias

Este no es país para niños (ni para viejos).

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No es país  para niños, a quienes se les prohíbe entrar en ciertos restaurantes. El problema arranca en gran parte de la caída de la natalidad, provocada a su vez por el deseo de que “a mi niño no le falte nada”, es decir, que no carezca de los bienes materiales que tienen otros niños ni del tiempo paterno/materno. De esa manera se produce el fenómeno de la carencia de espacios propios del niño, como describe acertadamente Antoni Puigverd, que este mes de agosto ha asomado más la cabeza por las páginas de la Vanguardia. Puigverd explica que antes jugábamos a fútbol en cualquier lugar y con cualquier vestimenta, a nuestro aire. Ahora, con la profesionalización del espacio infantil, los niños practican este deporte o cualquier otro en espacios perfectamente reglados y controlados. Ahora, señala Puigverd, los niños ya no ríen cuando juegan a fútbol.

Me gustaría añadir al análisis de Puigverd, que los niños apenas tienen hermanos para compartir juegos ni para rivalizar por un espacio y unos bienes limitados. A su alrededor encuentran personas mayores. De manera que tienen demasiadas cosas materiales al tiempo que carecen de hermanos y niños como ellos y también de espacio de libertad. Soy hijo de familia numerosa de doce hermanos. De pequeño no tenía los bienes materiales que podían tener otros niños, pero vivía más suelto, más libre, y no porque mis padres no quisieran estar encima: simplemente la vida no les daba para más.

Curiosamente, tampoco es país para viejos, pues el poco espacio libre de los niños es cubierto por los padres o por el club social. De manera que nuestros mayores no son necesarios y, a la postre, dejan de ser importantes para los niños.

Pero además, se cumple que, llegadas ciertas edades, los adolescentes rompen de manera violenta con el espacio de hiperprotección y atesoran de golpe su libertad, una libertad entendida como ausencia de trabas. Y allí, los mayores, se ven atacados por la agresividad juvenil.

Al final habrá que concluir que la sociedad, o lo es para todos o no lo es para nadie. O está abierta a la vida y a las familias numerosas, con estrecheces y juegos en las calles, o termina por colapsarse y ser inhábil para todos, y cada cual termina por defenderse como puede, y ahí entra el chef de esa cafetería de Bilbao.

Carlos Palos.

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Written by barcelonavida

septiembre 1, 2011 a 10:17 am

2 comentarios

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  1. Pues es verdad: Antes compartíamos los cuatro cachivaches que usábamos para jugar, desde la pelota que hacíamos con papel de envolver los bocadillos y gomas de pollo, hasta las chapas y las canicas. Hay algo que han dejado de compartir los niños que me resulta verdaderamente alarmante, y es su vida. Ya no hablan por los codos, no sale la inacabable variedad de topicos de conversación que se daba. Todo ha quedado reducido a personajes o series de televisión, videojuegos y poco más.
    La relación social se impone como fórmula para conseguir objetivos a corto plazo que puedan solventar las miras egoistas, ya no es una vía humana de realización personal y colectiva.
    Los ancianos son meros estorbos a los que no prestamos otra atención que la que nos venga obligada por lazos familiares que tomamos por ineludibles y ni siquiera se nos pasa por la cabeza que puedan proporcionarnos un rato agradable. ¡Con lo que disfrutaba yo con mi abuela!.
    Nos centramos en otros modos de disfrute, o éso creemos, porque a la larga, descubrimos que no existen. La videoconsola, internet, TV o el equipo de música son pasatiempos, entretenimientos que pueden matar muchas horas de nuestras vidas, pero lo hacen como el presidio deja transcurrir las horas de un penado.
    Nunca puede estar todo el gozo de una persona dentro de sí misma. Es algo que debemos recordar, recuperando lo que hemos dejado perder. Si fuéramos capaces de ver sus ventajas, hasya lo haríamos como egoistas.

    Luna

    septiembre 2, 2011 at 12:07 am

  2. Un país que no da a la infancia todas las prestaciones necesarias para que se desarrolle y relacione según sus necesidades es un país sin futuro. Siempre que contemplamos la historia, vemos cómo la prosperidad y mejora de las naciones ha ido de la mano de la mejora de su infancia en décadas anteriores. A menos que desastres naturales o traumáticos de otro tipo hayan provocado una inflexión inesperada, pero entonces veresmos que su recuperación tiene como condicionante el pasado cercano de los jovenes del momento.

    Germà inhabilitat

    diciembre 13, 2011 at 10:08 am


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