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Del Parlamento inglés al catalán: tras la estela de Tomás Moro

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En Inglaterra, en 1534, se exigió a todos los ciudadanos que hubieran alcanzado la edad legal que prestasen juramento al Acta de Sucesión, en la que se reconocía como matrimonio la unión de Enrique VIII y Ana Bolena. Se proclamaba el rey Jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, negando al Papa toda autoridad.

 Juan Fisher, Obispo de Rochester, y Tomás Moro, Canciller del Reino, se negaron a jurar el Acta, y fueron encarcelados en abril de 1534 y decapitados al año siguiente. En un momento en que muchos se doblegaron a la voluntad real, su juramento habría pasado prácticamente inadvertido y hubieran conservado la vida, la hacienda y el cargo, como tantos otros

.Sin embargo, ambos fueron fieles a su fe hasta el martirio.

Tomás Moro es una figura muy cercana a nosotros, pues fue un cristiano corriente, que supo compaginar su vocación de padre de familia con la profesión de abogado y más tarde de Canciller, en una perfecta unidad de vida. Se encontraba en el mundo como en su propio hogar; amaba todas las realidades humanas que constituyen el entramado de su vida, donde Dios le quiso.

Seguramente en tiempos de Moro muchos católicos que no estaban por las tesis del rey emigraron a otros lugares, se decantaron por un apartamiento del mundo o tranquilizaron su conciencia con un “constato que no me afecta o que no puedo hacer nada”.

No fue esa la actitud de Moro, que supo seguir en primera línea, de hecho fue nombrado Canciller después del divorcio de Enrique VIII, y desde allí llevó una acción de gobierno tendente a mejorar la situación y en caso de no lograrlo, a salvar lo salvable. Una acción difícil que fácilmente acarrea críticas de las dos partes pero que los hombres grandes han sabido llevar a cabo con prudencia y sagacidad.

No ha servido de nada, afirmaron los acomodaticios, un martirio inútil. Sin embargo, el paso del tiempo ha dado la razón a Moro, y ahí están, como hijos espirituales de Moro, esa constelación de conversos, teólogos, polemistas, artistas, casi siempre de pluma afilada que todavía hoy en día, o quizá más que nunca, producen frutos de conversiones y de grandeza intelectual en el Reino Unido y en el mundo entero. Podemos citar a Newman y a Cherteston, a Lewis y a Tolkien.

También a nosotros nos toca una época convulsa abierta en tres direcciones: 1. pactar con la presente relajación de las costumbres, 2. apartarse del debate con un prudente no se puede hacer nada y 3. intentar cambiar lo cambiable aun a costa de sufir la incomprensión de unos y otros.

Urge trabajar en esta última línea. Urge trabajar con profesionalidad y  presentar soluciones a los políticos y a la entera sociedad, máxime en estos momentos de crisis en los que se cuestiona el modelo social en todas sus dimensiones y casi nadie es capaz de señalar en dónde está el error del sistema.

La reunión del día 4 de julio con dos parlamentarias de la coalición que gobierna Cataluña es buena prueba de ese camino, habida cuenta de que la comisión que se ha creado contará con una amplia representación de los distintos sectores que han luchado y luchan por la defensa de la vida, desde Pro vida, que lleva 30 años en el frente, a la reciente Cidevida bcn, constituida por Marçal Quintairos y a la presencia de representantes de las diócesis catalanas.

Carlos Palos

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Written by barcelonavida

junio 24, 2012 a 12:07 pm

5 comentarios

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  1. Ya me contaréis si el Parlamento catalán va tras la estela de Santo Tomás Moro o simplemente, tras la estela…DA. 😉

    Morenbito

    junio 24, 2012 at 9:20 pm

  2. ¡Ojalá pudiéramos decir que Santo Tomás Moro “Fué un cristiano corriente”. Quiera Dios que un día, los “cristianos corrientes” seamos como él. En tiempos de prevendas, componendas, sobornos y cohechos, terminaron los clientes acosándole, ya que se obtenían mejores sentencias con su justicia y recto entender que a través de las malas artes que se empleaban con otros. Su carrera profesional fue extensísima por este motivo y por su viva preocupación por la justicia y por la verdad. Pero no sólo era insobornable a toda prueba, sino que fue capaz de renunciar a todo, de llegar al martirio por no abandonar la verdad. Cuando ya era Confesor d ela fe, estando na las mazmorras, álguien le hacía ver que se encontraba en un minúsculo calabozo, cuando personas que tenían cargos muy inferiores al suyo, eran las más ricas de Inglaterra y poseían infinidad de inmuebles y fincas… Pero él dijo que se quedaba contento de estar allí, porque allí le había llevado la verdad.
    Como Poseía Dones del Espíritu Santo en grado superlativo, es una de las personas que han mostrado una mayor capacidad de argumentación, un discurso más elaborado y posibilidad dever todas las intenciones que s ele pretendían ocultar en los alegatos o filípicas. Nada le habría costado librarse de su martirio y convencer a quien fuera de que lo de Enrique VIII era lo más normal. Pero no era esa la verdad, por lo que no lo hizo.
    Estudiar su obra, conmocer su vida y llegar a la conclusión de que el conocimiento de la Verdad entraña para el cristiano la obligación de defenderla y darla a conocer, es todo uno. Y esto es una faceta de la responsabilidad del hombre que se torna libre por la Verdad.

    Iñigo Ruiz

    junio 25, 2012 at 11:09 am

    • Desde el Partit Família i Vida, felicitamos a los que han hecho realidad esta iniciativa y a todos los que se están implicando. Adelante, tienen nuestro apoyo. Josep Carreras. Secretari PFiV

      Josep Carreras

      julio 3, 2012 at 6:14 am

      • Gracias. Yo no iré, pero espero que sea un punto de partida.

        carlos palos

        julio 3, 2012 at 11:05 am

    • Gracias Iñigo por tu comentario que aporta mucho.
      Cuando señalo que fue un cristiano corriente quiero dar a entender que no tenía ningún oficio eclesiástico, sino la simple condición de fiel. Y son esos, desde lugares a veces modestos (pastorcillos de Fátima), a veces importantes, Moro, de Gaspari, etc, quienes, como dice Vaticano II, deben vivificar las estructuras temporales.
      Algo así debe ocurrir con la defensa de la vida. Los pastores nos señalan los principios, el camino a recorrer, pero los laicos deben saber defenderlos en la sociedad civil porque son ciudadanos normales corrientes, con los mismos derechos que los demás.

      carlos palos

      julio 3, 2012 at 11:05 am


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