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Observatorio de la televisión. 1, La obnubilación del espíritu crítico

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Ya hacía años que quería abrir una sección en internet dedicada al análisis de los fenómenos que se dan entorno a los medios de comunicación, dada la preponderancia que tienen actualmente en la opinión publica. Siendo consciente de que es una temática muy basta, ví que no podía abarcarse por completo, por el riesgo de caer en uno de ellos: Lo que hoy llaman “infoxicación”. -Estado de abulia producido por un exceso de datos que va más allá de la capacidad de proceso de los mismos.-

Cuando me planteé centrar la atención sobre los programas y las cadenas televisivas, estábamos ante otra situación en que esto podría haberse hecho. Teníamos entonces la TV. analógica y no había la infinidad de cadenas que se dan en la actualidad. Imposible conocerlas todas lo suficiente como para emitir sobre ellas valoraciones. Para poder sumergirmeadecuadamente, necesito hacerlo hoy en un marcomucho más generalista.  Agradecería la colaboración de todos aquéllos que puedan aportar estudios específicos u opiniones sobre temas puntuales, como series y programas, la influencia que ejercen sobre los espectadores, el poder de la publicidad… Tenemos mucho por delante y entre todos, podemos verlo mejor.

 

La obnubilación del espíritu crítico del espectador.

He estado tentado de titularlo “la hipnosis”, pero me ha parecido que algo tendría de sensacionalista este titular, por lo que prefiero el que he adoptado. Debemos tener en cuenta que no siempre consiguen los medios el efecto que buscan, que hay otro de carácter espurio que se les escapa de las manos, pero que tiene mucha importancia en el resultado final de la emisión. La actitud crítica tiende a descender con la abundancia o complejidad de datos repetidos, ante la apariencia lúdica o frívola de un contenido, o ante una argumentación expuesta de manera muy estructurada. Por contrapartida, la excitan el interés y la evidencia, la asociación de ideas y la sugestión, a veces. Otras, provoca el efecto contrario.

Ya asoma en el párrafo anterior el daño que puede causar la publicidad, cuyo cometido es disuadir para el consumo, que emplea los ingredientes enumerados  y no tiene (en principio) intencionalidad educativa . (Luego veremos que sí la tiene). No creo que los publicistas busquen intencionadamente una reiteración , pero la suma de anuncios lleva a compilarlos. Como no se pueden vender los cacahuetes a puñados y sin bolsa, necesitan presentarlos en un sobre colorido y de buena apariencia. Como tampoco los venderían como algo repugnante,  se hace preciso hacérnoslos tentadores. Una tentación tras otra, terminan sumando el hedonismo actual y es por esto que en nuestra cultura moderna se rinde culto al hedonismo, lo que comporta en las personas un descenso de afán por considerar aspectos que no estén relacionados con la obtención del placer. Tenemos esto ejemplificado en lo muy habitual que viene siendo que haya varios televisores en los hogares, que ya no se reuna la familia para ver el mismo. Cada uno busca el placer en unos contenidos diferentes.

Hay muy poco remedio, ya nos hemos acostumbrado así y así seguiremos: Nos lo tienen que dar todo hecho, porque hemos renunciado al esfuerzo. Teniendo una máquina de presentarnos espectáculos ante nuestros ojos, ¿Para qué vamos a tomarnos la molestia de escoger por otra parte? Elejimos -a lo sumo- el canal o el programa, haciendo “zapping” con el mando. Esto equivale a agarrarse una enciclopedia, empezar por “abacá” y seguir por “abecé, ababol”…

No ha mucho, había la TV1 y la UHF. La primera era verdaderamente aburrida y en la segunda no daban nunca nada, o había problemas para verlo con un mínimo de nitidez, aunque fuera la justa para comprender las imágenes. Para que me entiendan lectores jóvenes, era como ver el “canal plus” codificado. Como aquello era infinitamente intragable, terminábamos por leer las travesuras de Guillermo o Periquito y Gustavín. Quienes no lo hacíamos, nos enzarzábamos en una pelea con nuestros hermanos, parando los golpes de almohada con “El principito”. (Que era otro rollazo intragable que parecía muy adecuado para los niños a nuestros tíos). Los adultos leían el “¿Qué pasa?”, tertuliaban y hacían “visitas”. Si digo que a mi padre le entusiasmaba el firmamento, que construía telescopios para contemplarlo y que descubrió un cometa porque recordaba el Comas y Solá de memoria, parecerá hoy una excentricidad. Pero era muy habitual la “dedicación” y todos tenían alguna, que no se comprendía como el “hobby” consumista de hoy sino como una iniciativa en que emplear instructivamente el tiempo y cultivarse.

Hoy se ha perdido este carácter volutivo y nuestro interés no actúa en demanda, sino ante ofertas. Cierto es que hay mucho donde escoger entre toda la pléyade emitida, pero no comprende el mundo entero y todos sus aspectos. Al limitarnos a buscar entre lo que nos envían, queda restringido el espectro de lo que puede motivarnos, aun cuando no nos damos cuenta de este suceso.  No le pasa lo mismo a mi hija, quien me pide ver “Peppa pig” en el ordenador que uso para escribir esto, porque no lo dan ya por TV. (Sabe que alguna vez se lo he puesto por internet).

La ventana sin aire busca la máxima audiencia y entra en clara competencia con sus rivales, por lo que busca lo que pueda gustar en común, su temática es mucho más reducida de lo que pueda parecer a primera vista.  Así, nos inclinamos por temas que suponen verdaderas modas pasajeras o topicos inamovibles, los “clichés”. Ni siquiera conocemos ya lo que de parecido tuvo la Grecia clásica con su mitología., no digamos de sus filósofos y de sus ideas. No es de extrañar que al encontrar todo tan presentado, restringido, esquematizado y espectacular, se reduzcan mucho las ganas de mover un poco las neuronas, de opinar sobre lo que se está emitiendo. También hay un convenio (tácito o expreso) de que han de callarse estas observaciones, que sólo puede hablarse para decir cualquier frase sin importancia como “Esta es Greta Garbo” (Cuando todos menos yo lo saben perfectamente.) Muy poco aconsejable que se sienten varias personas a prohibirse opinar, mientras reciben opiniones o lo opinable. Peor, cuando han perdido la iniciativa de la lectura, el trabajo manual o la relación social y sólo saben llenar el vacío de tiempo mirando y escuchando a un ajeno a la familia. Conocemos perfectamente constructos como el western o el reality-show, sin pretender conocer para nada la realidad que nos envuelve.

Entendiendo la atención como la apertura al trabajo cognitivo a través de proceso de las sensaciones y la memoria, pareciera que fácilmente se ha de llegar con ella al ejercicio crítico. Que le pregunten esto a un mago… Es cierto que los programas pueden captar nuestra atención por completo, pero queda enfocada hacia lo que se destina de antemano, de una forma que puede llegar a sorprendernos por su verticalidad dictatorial. Si la lógica se basa en el proceso de consideraciones supuestamente fiables de generalizaciones o especificidades tomadas de la realidad que se estudia, el acotamiento de esta realidad, de sus respectos o sus razones puede dañar por completo este cógito inicial y -naturalmente- su resultado. Pero es que no sólamente se acota el terreno que se presenta ante nuestra opinión, sino que se da en un ámbito connotatorio (o denotatorio) intencionado que no pocas veces ha de llevar en modo matemáticamente infalible a l resultado preconcebido. La mano que enseña el conejo se encarga de distraer sobre la que verdaderamente hace el truco en esta prestidigitación.

Para poder descubrir esta manipulación, basta un ejercicio de inducción-deducción y apertura de espectro temático: Sobre el tema presentado, sometamos nuestros conocimientos personales a una generalización, extrayendo de ella conclusiones (Inducción). Si de las obtenidas vamos a campos concretos (deducción), nos encontraremos de pronto ante un estado que confronta claramente con el ambiente mismo de la programación, como si hubiéramos estado ausentes durante una parte o de pronto, sus autores fueran otros. Es la sensación de “retorno a la alienación”, una de las que no sentiremos si no buscamos mediante este tipo de ejercicios y análisis.

Se puede llegar muy lejos en la consideración sobre los resultados de esta obnubilación, de la orientación que sobre la crítica se establece intencionadamente o sobre la uniformidad ideológica y moral que está deveniendo de este molde para el sentir común. Y lo haré, pero no en esta primera entrada, que se termina aquí por temores personales a estar escribiendo algo demasiado largo.  Soy consciente de que no he llegado ni a la cuarta parte sobre el espíritu crítico, pero no quiero traspasar esta frontera, para tener “jugo” con que redactar otros posts. No sé si sabréis que lo de colgar una entrada diaria (o aunque sea cada dos días) genera más pronto o más tarde una falta de inspiración que cuesta bastante superar. Y claro, hay que tener algunos trucos.

Por Luna

 

 

 

 

 

 

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Una respuesta

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  1. Esta entrada es verdaderamente buena. Te felicito, Luna

    Calamardo

    junio 29, 2012 at 8:05 pm


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