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defensa de la vida y la familia, valores, sociedades intermedias

Los alemanes quieren a los niños más que nosotros (incluso alguna modelo

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Los europeos hemos adoptado algunas costumbres poco saludables, una de ellas es la de consagrar la “parejita” como el número máximo de hijos de un matrimonio.

Cuando la implosión demográfica ha empezado a amenazar el futuro de nuestras sociedad, la catalana de manera muy especial, cuando todos los indicadores han encendido las luces de alarmas, aquí somos incapaces de cambiar de hábitos. No así algunos países de Europa.

Durante este mes de agosto en Alemania he podido comprobar en gran número de familias con hijos paseando por las calles. Llama la atención especialmente los padres con una sillita en la bicicleta o las madres con un carrito para bicis en el que transportaban dos o tres niños, eso sí, con su casco correspondiente. Me explicaron después que los alemanes han tomado buena nota del peligro que supone la falta de hijos y que la moda en la actualidad son las familias numerosas.

Heidi Klum, por ejemplo, conocida modelo alemana, se siente orgullosa de su familia numerosa.

Dice ser una apasionada de los niños. Buena prueba de ello es que tiene cuatro hijos -tres con su marido, el cantante Seal, y una niña, fruto de una relación anterior con el magnate italiano Flavio Briatore-, e intenta disfrutar de ellos todo el tiempo que puede.

Fácilmente se la puede ver por las calles de New York con los suyos: Leni, Henry, Johan y Lou, de seis, cuatro, tres años y ocho meses, respectivamente.

“La gente siempre dice que tu cuerpo cambia mucho después de tener niños – y ¡sí es verdad que lo hace! Pero para mí merece la pena. Los niños son más importantes que yo, aunque no me haya olvidado de mí misma. Disfruto de mi vida más que nunca ahora que tengo esta gran familia que siempre quise tener“, confesaba recientemente.

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Written by barcelonavida

agosto 19, 2012 a 10:52 am

4 comentarios

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  1. Unas cosas sobre este artículo.
    La gente piensa que la natalidad baja es consecuencia de la economía sin más. La gente piensa esto porque la gente “es pensada”; porque piensa lo que le mandan pensar el poder, la televisión y las sectas antifamiliares. La natalidad baja es consecuencia, en parte, de lo económico, pero principalmente de lo social. ¿No podríamos poner muchos ejemplos de países paupérrimos con altísima natalidad? ¿Y por qué no poner el ejemplo de mis padres, que tuvieron diez hijos sin seguridades económicas, y con algún día en el que estuvimos a punto de no comer? El problema principal es que los españoles han sido abducidos, cual si por un O.V.N.I. de marcianos se tratara, por la mentalidad del disfrutar, disfrutar y disfrutar como único criterio de vida. Y muchos que dicen no poder “permitirse” otro hijo te tienen un coche fabuloso, o un chalé allí donde usted quiera, o un perrazo que les sale más caro de lo que les saldría el hijo.
    Segundo… Ahí va, y que me pongan como me pongan. Me parece que es claro que hay una voluntad consciente y dirigida de repoblación de España y de Europa por parte del mundo musulmán. Dicho menos fino, pero más claro -y si esto no es verdad, la culpa es del que me lo contó-, algún dirigente musulmán ha declarado hace ya años que la meta era “reconquistar Al-Ándalus usando como arma la vagina de la mujer”. O sea, la demografía. En muchísimos sitios, ya es evidente. Ahí mismo, en Barcelona, tenéis el Raval, donde nadie ve ya nunca un rostro español. Para qué multiplicar los ejemplos.
    Son las consecuencias de un estado de debilidad, el nuestro, que hace que, mientras el señor aquel es tan débil de valores y forma de vida, que se compra el perrazo y no tiene el niño, los musulmanes, que son fuertes en sus creencias, aunque algunas de ellas sean aberrantes, no sólo tienen familias muy numerosas, sino que son capaces de morir poniéndose una bomba en la mochila para defender esas creencias.
    ¿Cómo cayó el imperio romano? La visión clásica -reconozco que hoy ya no se ve así, según mis exiguas informaciones- lo atribuía, entre otros factores, a la debilidad interna. Se había llegado al sibaritismo, a la degradación, a la homosexualidad como cosa habitual. Como dijo un historiador, “los hijos se habían convertido en un lujo que sólo los pobres podían permitirse”. Y los bárbaros, y el señor Atila, que estaban a la puerta, no lo tuvieron muy difícil.
    En esas estamos. El paralelismo es exacto. Nuestro “pensamiento débil” y estupidísimo le pone alfombra roja al Atila musulmán. Y vengan permisos para mezquitas, y privilegios sociales para los marroquíes por encima de los españoles, y no diga usted nada, porque lo pondrán de racista para arriba.
    En esas estamos. ¿Y quién se atreve a decirlo en alto? Y el gobierno (varios gobiernos ya), como si no pasara nada. Y nosotros, a los dos hijitos, mientras algún musulmán por ahí tiene once que dentro de once años lo tendrán en bandeja para disparar contra nuestros dos. O, si lo queréis más suave, les bastará la demografía para ser mayoría en gobiernos autonómicos y ayuntamientos -algún día quizá en el gobierno central-, y al día siguiente todos los españoles tendrán el árabe como lengua obligatoria, y a los cinco años será lengua única en la administración, y a los otros cinco, se cerrarán las iglesias… En esas estamos…, y nadie lo quiere ver. Seguid con vuestros perritos.
    Y la tercera va contra el redactor. Amigo mío, los niños no son para “disfrutarlos”. Se tienen hijos, en primer término, para que vayan un día a gozar de Dios, para el cielo. Y luego, para hacerlos felices acá abajo, para que levanten la sociedad, para que sean la expresión y la coronación del amor entre sus padres (“un hijo es un amor que se ha hecho visible”, dijo alguien), etc. Sobre todo, lo primero, que es el gran argumento cuando nos hablan de abortar porque el niño viviría enfermo. Merece la pena vivir mucho sufriendo muchísimo, si ese sufrimiento es unido al de Jesucristo. “A jornal de gloria, no hay trabajo grande.”
    Si hacemos de los niños un objeto de disfrute, estamos cayendo en la trampa misma antinatalista; porque se disfruta con uno, con dos o con tres; con diez, sé de una madre que no disfrutó tanto.

    Miguel

    junio 16, 2013 at 6:06 pm

  2. Efectivamente, ya es hora de hablar de economía como lo que se quiere y no solamente como lo que se puede pagar. Hoy puede conmovernos el ver que en una casa no tienen ordenador, ni coche, ni videoconsola, ni DVD. Esto que nos parece una muestra estremecedora de pobreza no es nada más que una ausencia de cosas innecesarias, que ni siquiera existían en nuestros hogares paternos. No se habían inventado y tampoco nos eran necesarias para vivir. Lo mismo quitan el dinero que el tiempo, las dos cosas que no parecemos dispuestos a entregar a un hijo, pero sí a nosotros mismos.

    Esto es lo que más nos falta: Entrega. Y lo segundo que tendríamos que poner de nuestra parte es un poco de sentido común, para saber que todos estos artefactos son tan innecesarios para nosotros como para nuestros hijos. Es la aportación que nos quitará el miedo a no poder llevarlos adelante, a que les falte lo más necesario (Que no es todo lo que existe en el escaparate).

    Nos han imbuido que un hijo no se puede disfrutar, que es una molestia y nada más. O que el matrimonio es decirse cosas bonitas y prosperar en pareja, aumentando con ella los bienes hasta el divorcio. Podrá ser cierto que los hijos no se han de tener para el disfrute, pero tampoco es falso que son la alegría de esta vida,
    que se disfrutan como ninguna otra cosa. Sólo esto debiera ser motivo para pensárselo, pero es que además, está lo sublime de que podemos colaborar con la Creación y llevar Almas a Dios. Lo comparo con una nevera y me quedo con esto, oiga.

    Mi ataque contra la planificación demográfica va en un sentido muy diferente al de Miguel: Estoy rotundamente en contra de los criterios que el NOM (Nuevo Orden Mundial) y el Club Bildeberg aplican para
    “mantener a raya a la población”. Son los culpables de la política del hijo único en China o de la extensión de leyes y medidas políticas sobre el aborto. Todavía estoy conmocionado por la foto que publicó Hazteoir en su web, en donde se veían los cuidados que se estaban dando a un bebé dentro de un tubo de desagüe al que arrojaron sus padres. http://www.hazteoir.org/noticia/51733-revoluci-n-sexual-china-1500-abortos-hora Y el NOM es culpable de esto.

    Me parece injusta y aberrante la culpabilización a la familia musulmana de pretender conquistarnos por ser numerosa. Vamos, que como quinto hijo de una familia de diez, no lo puedo permitir. Porque de nuestros padres decían los imbéciles que “si se aburrían” o “no tenían televisión”, ignorando el amor que nos profesaban. Y también hubo otros que decían que tuvieron tantos hijos “porque eran católicos”, intentando dar pábilo a la leyenda negra de que nuestra religión alimenta la ignorancia y nuestros hijos son hijos de ella. Aquí estamos en las mismas y salgo en defensa de estas familias, como saldré siempre en la de cualquier otra que considere digna.

    El error está en la generalización, en no distinguir entre el moro chalao y el creyente musulmán (Por equivocado que nos parezca) y ha recaído sobre el resto de padres y sobre sus hijos, siendo la paternidad algo que no puede tasarse por creencias. Malhaya el moro chalao y sus chaladuras yijadistas, pero el musulmán que no se deja arrastrar por estas consignas (Que son ideológicas y nada religiosas) nos está dando un ejemplo de lo que estamos tratando aquí, ni más, ni menos. Si mañana hablamos árabe y comemos tandoori y biryani, va a ser más culpa nuestra que suya.

    Dos frases para la reflexión:

    -No sé dónde del Éxodo, dicen los judíos señalando a sus genitales: Allí donde vayan estos, está nuestra patria”.

    -“Creced y multiplicaos. Someted la tierra”. (No sé dónde del Génesis.)

    Luna

    junio 18, 2013 at 1:33 am

    • De acuerdo, debería yo estar más al día de las cosas musulmanas para escribir esas cosas. Cojo ahora un manual de historia de las religiones de uno de los mayores entendidos, y me encuentro con que la guerra santa es cosa de los musulmanes chiítas, que son un 10% de los musulmanes, presentes casi todos en Irán e Iraq, y distinguen entre la “guerra santa mayor”, que es la que se dirige contra la propia imperfección moral, y la “menor”, contra los infieles; no obstante, es para ellos una “piedra angular del edificio islámico” (Manuel Guerra Gómez, “Historia de las religiones”, Madrid: B.A.C., 1999, pp. 288 y 291). Ya se ve, en cualquier caso, que sí es cuestión religiosa, que no ideológica.

      Yo, curiosamente, soy el sexto hijo de una familia también de diez, y de mis padres, también decían esas cosas. Pero eso no es ningún criterio para esclarecer si los musulmanes profesan la guerra santa o no. Para eso, lo que hay que hacer es mirar el mundo musulmán, que no tiene nada que ver, por ejemplo, con mis padres o con el sentimiento que me produzca lo que decían de ellos. En otras palabras: no se trata de las convicciones, se trata de los hechos. Y los hechos, lo que hay que hacer es verlos para saber si son de un modo o del contrario.

      Y otra cosa es importante: lo que yo dije no implica que tengan hijos para llevar a efecto su reconquista. Basta que, viendo que los tienen, algunos dirigentes hayan decidido aprovechar ese hecho. Y que busquen su patria española llevándose, a tal efecto, los “estos” mentados por mi preopinante hacia el final de su comentario.

      Luna, por favor, sería muy interesante que explicaras bien explicadito qué es el “Nuevo Orden Mundial” y qué el Club “Bildeberg”.

      Miguel

      junio 19, 2013 at 12:42 am

  3. Curioso, soy también el sexto de una familia de doce.
    Bueno, lo reconquistar con nuestros hijos tampoco me parece mal. Así se cumplen dos funciones: me entrego a mis hijos y les comunico una misión, que ellos tendrán que aceptar, claro, pero, creo que es bonito tratar de reconquistar.

    renaixença

    julio 2, 2013 at 11:20 am


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