Barcelona Vida

defensa de la vida y la familia, valores, sociedades intermedias

¿Qué podemos hacer contra el aborto?

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Excelente la conferencia celebrada ayer en el museo de CIDEVIDA de Barcelona. Con muy buena orientación, Juan Francisco Giménez nos supo introducir sobre el entorno en que se celebró el juicio, la distancia que media entre la ética y lo legal, la postura de desapego que se respira en las cuestiones judiciales y otros aspectos que resulta necesario tener muy en cuenta para entender el contexto.  Explicó los antecedentes peñales y de hecho, el ambiente que allí se respiraba, los hechos más relevantes, la importancia de los testimonios y declaraciones allí vertidas… Completa información, dada con el rigor de un periodista de mucho oficio, que sabía combinar el detalle  con la estructura misma de la moticia que estaba dando.

Con todo esto, consiguió transmitirnos de tal manera todo el conjunto, que casi tuvimos la impresión de haber estado siempre en la sala, de que nos hubieran brindado la oportunidad de escuchar a los Ministerios que allí terciaban, a los testigos y a los encausados. Como los hechos son verdaderamente abrumadores y todos vimos que había personas y organismos intocables en todo esto, quedamos esperando de la sentencia, que está “al caer”. Nos encontramos ya en los plazos en que se espera verla publicada.

En el apartado de preguntas salió a relucir una realidad que no hemos de mantener oculta, aunque es poco esperanzadora: Se ha consolidado una estructura social y política que no sólo propician toda clase de abortos, sino que los blindan, que convierten en hipotéticamente imposible la lucha por la vida. Juan francisco  estaba en aquél momento “entre nosotros” más que “ante nosotros”, por lo que supo comprender perfectamente nuestro desánimo y tuvo la paciencia de escuchar y responder a cuestiones menos concretas, que se apartaban de la temática expuesta. También he de decir que la pulcritud con que la transmitió dejaba pocos interrogantes, por lo que era posible abordar otros problemas.

Todo vino a raíz de un reconocimiento que me hizo un miembro del Parlamento de Cataluña: Hay un pacto no escrito para que las cuestiones del aborto no se traten nunca en esta institución. Su finalidad no es otra que la de evitar que surjan estrategias y triquiñuelas electoralistas. Vemos aquí el desprecio total a la ética con que se conducen nuestros dirigentes y cómo sitúan su posición de privilegio sobre las que pueden ser de primerísimo rango. Como la gravedad está en el contenido de lo declarado (y no en quien lo dijo), no voy a revelar la identidad de esta persona ni el partido en que milita, aunque no simpatice en absoluto con él. (Al fin y al cabo, tampoco simpatizo con ningún otro.)

Se añadió a mi comentario otro que tenía un peso indiscutible: El ICS (Institut Catalá de la Salut, competencia autonómica del INSS) era cliente directo de Morín y del resto de abortorios de Barcelona, al remitir en forma automática a las mujeres embarazadas que quisieran abortar. ¿Es de extrañar la laxitud de las inspecciones, la benevolencia que siempre han mostrado la Genaralidad de Cataluña hacia todos los establecimientos abortistas?. Alguien comentó que no tenemos ninguna seguridad de que no remitieran a Morín a pacientes de más de ventidós “años”* desde los CAP (Centro de Asistencia Primaria).  Otro respondió que no era una cuestión de connivencia, sino de mostrada complicidad.

Fueron surgiendo ejemplos de corrupción, de abandono, de blindaje malintencionado de la situación abortista, por lo que algunos creyeron que nada se podía hacer, que lo del aborto es una batalla perdida. Pues dé usted por perdida a la humanidad, pero yo no lo creo así. En primer lugar, por una respuesta inmediata que allí encontramos: La formación de nuestra juventud en los valores de la vida podría contrarrestar tantas maquinaciones, pero cuando llegué a casa, me puse a recapacitar.

¿Qué puede estar faltando?

 Una formación que se dé también sobre el sentido de la vida, pero en un ámbito mucho más lato y por supuesto, más extenso. La matanza de nuestros hijos se puede comprender en relación directa a la vida que entendamos que le privamos. Si nuestra existencia es simple egoísmo , si nos encontramos a diario con una profunda decepción porque no alcanzamos los disfrutes que de ella esperamos, será un valle de lágrimas, un sufrimiento sin motivo ni significado. ¿Para qué traer a nadie a este mundo?.  Se llega a esta suerte de conclusiones cuando ha muerto internamente la espiritualidad, cuando nadie tiene otro valor que el de agente social; esto es, quien media en el mostrador entre nuestra compra y su venta, el compañero de trabajo que sólo somos capaces de ver como un obstáculo para nuestra mejora laboral. Pero quien cree que cada persona es una oportunidad distinta de Dios, quien agradece cada amanecer el nuevo día de vida que se le brinda, no tomará a su hijo como una opción hasta el parto, sino como una nueva manera en que va a vivir. Nuestras familias son también nuestras vidas, no lo es sólo la de nuestras personas.

Ha sido necesario erradicar gran parte de los intereses e ilusiones personales que siempre nos habían movido para llegar a la indiferencia actual. En cuanto se aperciba socialmente este cambio, será posible la vuelta a lo que verdaderamente nos importa. Y esto no ha desaparecido ni puede hacerlo, porque forma parte de la substancia misma del hombre, no de los accidentes y vicisitudes ante los que se encuentre. Mientras seamos hombres, no podemos dejar de ser transcendentes, ni de tener dignidad, mismidad y libertad. Pero -sobre todo- aunque nos empeñemos en arrancarnos el alma a tiras, no nos es posible hacerlo. Si no alcanzara mucho más mi absoluta confianza en Dios, en su Misericordia y en su Providencia divinas, me bastaría con esta simple consideración para saber con certeza que nada está definitivamente perdido, que tenemos la esperanza y la promesa de que saldremos de esta y de otras peores, cuando la maldad sea capaz de deparárnoslas.

Si nuestra juventud es capaz de entender que su vida no es lo que le va pasando, sino lo que ella construye -y de paso lo hacemos nosotros- será vano intento el de aquél que procure un aborto entre ella. Es más: Si todo lo anteriormente propuesto se consigue, habremos obtenido algo mucho mayor que la vistoria ante la conspiración contra la vida. Basta ya de pensar en cosas pequeñas.

Hemos de empeñar lo más grande que tenemos

A grandes males, grandes remedios, en esta tesitura no podemos buscar economías de esfuerzo ni de nada. Pongamos lo mayor, lo único que puede darnos resultados: Entreguémonos con amor, porque es la garantía real de buenos resultados. No es posible envenenar a su hijo o cortarlo a pedazos a quien le ame, de esto estoy convencido. Cuando termine el concepto fatal (y falaz) de “embarazo no deseado”, se terminará de luchar contra los embarazos, siendo el resto una cuestión de reconocimiento de los duros momentos que ha pasado nuestra historia, el deseo común de que no vuelvan nunca más y el gozo de alcanzar tiempos mejores. A juzgar por la experiencia, dudo que en este empeño perdamos nada. Casi siempre que he entregado amor, he recibido más amor a cambio.

 

*Para entendernos: ¿Recuerdan aquellas palabras en clave de la operación “Faisán”? Los terroristas de ETA hablaban de “botellas”, cuando se referían a los millones cobrados por las extorsiones. Aquí se da una jerga parecida. Pronto descubrieron que en           las conversaciones telefónicas, la palabra “años” era equivalente a meses de gestación, siendo muchas de las pacientes intervenidas de más de 22, situación absolutamente ilegal en la ley de plazos del momento.

Por Iñigo Ruiz

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Written by barcelonavida

enero 19, 2013 a 9:27 pm

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