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Parieron Sus Majestades

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Escudo de los Reyes Católicos

Escudo de los Reyes Católicos

Dicen que la reina Isabel la católica se mordía los labios para contenerse la risa cada vez que recordaba esta anécdota: Hernán Pérez del Pulgar -su cronista- incluyó en los anales de la historia un hecho de armas a nombre de su marido, el rey Fernando. Le recordó Isabel el lema “Tanto monta” que el mismo Pulgar había acuñado para su matrimonio y la unificación del reino, ordenándole que en adelante se mencionara a ambos cónyuges por igual.

Poco después nació la infanta Juana (Conocida hoy por el sobrenombre de “la loca”), lo que inscribió Hernán Pérez del Pulgar con la fórmula pintoresca: “En tal día y a tal hora, parieron sus majestades” […]

Hoy he oído y leído una infinidad de sinrazones y absurdos, con ocasión del día internacional de la mujer. Pareciera que hemos llegado en los tiempos contemporáneos a la increíble igualdad, mediante la cual puede ser una mujer Ministro y cercenar todos los derechos, proponer a la Real Academia la corrupción del vocabulario con términos tan disparatados e incorrectos como “miembra”[Sic] o disertar con aire de absoluto conocimiento sobre la “causística” [Resic]. Hoy me he acordado de que la madre de la España moderna y de un imperio tuvo este lema de “Tanto monta” dentro y fuera de su matrimonio, de que se reía de la desmesura en la pretensión de igualdad, viendo cómo llegaba al disparate.

Hace más de quinientos años tuvimos una reina, sí, una mujer. Una de las mayores que ha tenido España a lo largo de su historia y que en parte conformó nuestra idiosincrasia. Quedo en gratitud a ella y sirva su recuerdo para comprender los mitos y el lavado de cerebro que pretenden muchos políticos de la actualidad.

Dedico esta entrada a mi tía Eulalia, quien ha trabajado toda su vida (Ya lo hacía en los años cuarenta) y por supuesto, a mi mujer.

Por Luna

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3 comentarios

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  1. ¿Puedo recordar una definición de justicia? “Tratar desigualmente a personas que son desiguales”. Excepto que las ideologías previas bloqueen el sentido común, ¿alguien me niega que dar una raqueta de tenis a un bebé y un chupete al otro hijo, el de 25 años, es injusto y es estúpido?
    Miren: yo personalmente creo que las personas somos iguales en dignidad, en los derechos fundamentales y en absolutamente nada más. ¿Que un hombre y una mujer son iguales? Pero… oiga…, si es que ella tiene… y yo tengo… Oiga, ¡que es evidente!
    Por consiguiente, no se nos puede tratar igual. Efectivamente, Luna lunera: de las majestades, sólo pare una. Es evidente. Desde niño pienso yo que el feminismo es hacer que la mujer sea mujer.
    Es lo que concisamente dijo el Card. Ratzinger en 1985: “La sacrosanta igualdad entre hombre y mujer no excluye, sino que exige la diversidad”. Según él, las mujeres son las víctimas del feminismo. Y son unas cosas tan imponentes las que dice, que voy a copiar largo aunque me malicio que al jefe de aquí no va a gustarle la extensión (es que no puedo evitarlo, perdonarás). Y tened presente esa fecha, 1985, y decidme si no es profético:
    “Despojado del vínculo que le une a la fecundidad, el sexo ya no aparece como una característica determinada, como una orientación radical y originaria de la persona. ¿Hombre? ¿Mujer? Para algunos se trata de preguntas ya ‘superadas’, carentes de sentido, si no racistas. La respuesta del conformismo corriente es previsible: ‘Poco importa ser hombre o mujer; todos somos simplemente personas humanas’. Esto, en realidad, no deja de ser grave, por muy bello y generoso que parezca: significa que la sexualidad no se considera ya como enraizada en la antropología; significa que el sexo se mira como una simple función que puede intercambiarse a voluntad.
    […] Entre las campañas de ‘liberación’ que se han llevado a cabo en estos años, se ha[ya] planteado la lucha por sacudirse la ‘esclavitud de la naturaleza’, reivindicando el derecho de ser hombre o mujer según el capricho de cada uno, por ejemplo por vía quirúrgica, y exigiendo que el Estado haga constar en el registro civil esta voluntad autónoma del individuo [¡es Zapatero…!]. Y no es tampoco casualidad que las leyes se hayan adecuado con toda presteza a semejante reivindicación. Si todo se reduce a cumplir un ‘papel’ y se ignora el específico carácter natural inscrito en lo profundo del ser, también la maternidad es una simple función casual: y, de hecho, ciertas reivindicaciones feministas consideran ‘injusto’ que sea sólo la mujer la que tenga que parir y amamantar. Y la ciencia —no sólo la ley— tiende una mano: transformando un hombre en mujer y viceversa, como ya se ha visto; o separando la fecundidad de la sexualidad, con la finalidad de hacer procrear a capricho por medio de manipulaciones técnicas. ¿No somos acaso todos iguales? Entonces, si es necesario, se combate también contra la ‘desigualdad’ de la naturaleza. Pero la naturaleza no se violenta sin sufrir por ello las más devastadoras consecuencias. La sacrosanta igualdad entre hombre y mujer no excluye, sino que exige la diversidad’.
    […] ¿Qué ocurre cuando estas orientaciones penetran en la dimensión religiosa, cristiana?
    […] Estoy convencido —dice— de que aquello hacia lo que apunta el feminismo en su forma radical no es ya el cristianismo que conocemos; es una religión distinta […]. La Iglesia católica y las Iglesias orientales, al defender su fe y su concepto del sacerdocio, defienden en realidad tanto a los hombres como a las mujeres en su totalidad, en su irreversible distinción de sexos; por consiguiente, en su condición de seres irreducibles a simple función o papel que se desempeña.
    […] Para la Iglesia, el lenguaje de la naturaleza (en nuestro caso, dos sexos complementarios entre sí y a un tiempo netamente distintos) es también el lenguaje de la moral (hombre y mujer llamados a destinos igualmente nobles y eternos, pero no por ello menos diversos). En nombre de la naturaleza […], la Iglesia levanta la voz contra la tentación de preconstituir a la persona y su destino según meros proyectos humanos, de despojarla de su individualidad, y con ésta, de su dignidad. Respetar la biología es respetar al mismo Dios; es proteger a sus criaturas.
    […] (Entrevistador:) Según esto, digo, a su juicio, las apariencias engañan: más que beneficiarias, las mujeres serían víctimas de la «revolución actual.
    Sí —repite—; es la mujer la que más paga. Maternidad y virginidad (los dos altísimos valores en los que la mujer realizaba su vocación más profunda) han venido a ser valores opuestos a los dominantes. Pero la mujer, creadora por excelencia al dar la vida, no ‘produce’ en sentido técnico, que es el único sentido que se tiene en cuenta en una sociedad entregada al culto de la eficacia, Y, por ello, más dominada que nunca por el hombre. Se convence a la mujer de que se la quiere ‘liberar’ y ‘emancipar’, induciéndola a masculinizarse y haciéndola así homogénea a la cultura de la producción, sometiéndola al control de la sociedad masculina de los técnicos, de los vendedores y de los políticos que buscan beneficio y poder, y todo lo organizan, todo lo venden y todo lo instrumentalizan para sus fines” (Card. Joseph Ratzinger-Vittorio Messori, “Informe sobre la fe”, Madrid: B.A.C., 1985, pp. 103-107).
    Cuando el del Pulgar dijo que “parieron sus majestades”, dijo una verdadera parida.

    Mariano

    marzo 12, 2013 at 4:18 am

  2. En efecto, el mal que nos está matando a los humanos de hoy es la intención de liberarnos de nuestros condicionantes naturales, cayendo en una interminable lista de condicionantes que resultan de este esfuerzo y tienen muy poca solución. Pero hay una que es bien sencilla y no nos puede fallar: Volver a aceptarnos tal como somos, dejar de lado la infructuosa reingeniería de nosotros mismos. Ya vemos que no podemos experimentar estos excesos en nuestras propias personas.

    No sé dónde ponía yo las orejas en el 85, pero debiera haberlas dirigido hacia el Vaticano, ya que el Cardenal Ratzinger nos estaba exponiendo lo que sucede cuando se sobredimensiona una característica humana y sobre ella se construyen valores que se toman como fundamentales. La perversión de la escala ha venido siempre a través de esta actitud, dando por inevitable resultado la deshumanización de quien la lleve. A palos, la vida nos enseña esto mismo.

    Hernando del Pulgar era algo así como el Bernhard Saw de su época, una cabeza apepinada de puro coeficiente intelectual, con un sentido del humor tan atinado, que podía permitirse el jaque a la reina por reducción al absurdo. Se parió un concepto con su escolio en los anales que ha de pasar a la historia junto al de la España moderna, que en gran parte se le debe a él.

    Luna

    marzo 18, 2013 at 8:46 pm

    • En el 85, tú estabas poniendo las orejas en dos sitios, dependiendo de cuál se tratase; la oreja diestra reposaba sobre la almohada para obtener un felicitante silencio, y la siniestra oreja quedaba más a barlovento, habida cuenta de que, entre una y otra, dos manos febriles y enguarradas sujetaban los “Claros varones de Castilla” del apepinado que admiras. No te preocupes, oh mi corresponsal, si entonces no leíste “Informe sobre la fe”. Preocúpate si no lo lees ahora, porque además lo tienes en la “internet”, por ejemplo, tal que aquí: “http://www.conoze.com/doc.php?doc=7258”.

      De la negación de la naturaleza para atribuir todo a la cultura -operación propia de ciegos, cuyo triunfo en sociedad no nos creeríamos si no fuese una evidencia-, se sigue que no hay verdad; cada institución -por ejemplo-, como la familia -por ejemplo- es un producto de cada cultura que en cada cultura es diferente; cada valor es decantación de una historia, y la historia es diferente en cada sociedad. No hay verdad. Pero CUANDO NO HAY VERDAD, SÓLO HAY PODER (resumido de Robert Spaemann). Y por consiguiente nuestros gobernantes han querido hacer con nosotros lo que les ha dado la gana: esa “ingeniería humana”, esa “reingeniería” que decías tú. No habrá criterios para oponerse ni para ponernos de acuerdo en oponernos. Por eso tantos sectores de la política, de la sociedad y de la cultura actual -el mejor ejemplo es la “ideología de género”- convergen en despachar de nuestras seseras cualesquiera conceptos de “naturaleza”: para dominarnos.

      Y ahí está Benedicto XVI interesadísimo en apalancar bien el concepto de “ley natural”; porque las leyes, incluyendo la Ley de Dios, dimanan de la Ley natural. Para ello, insiste mucho en el concepto de “creación”, porque si hay creación, hay un “logos”, un “algo” racional en cada cosa, ya que Dios nunca ha existido en vano.

      Tenemos que tener claro que el pensamiento no es una elaboración que se queda en el limbo de quienes pierden el tiempo, sino que refluye al servicio de la vida y se pone a su servicio. La verdad salva.

      Mariano

      marzo 19, 2013 at 1:12 am


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