Barcelona Vida

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Los ojos son el espejo del alma, I

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SABER VER CON LOS OJOS DE LOS NIÑOS

 

De la película Marcelino Pan y Vino

Se inicia con esta entrada una nueva serie de artículos de Juan Valls, profesor y pedagogo de gran experiencia que sabe reflejar en textos sencillos los conceptos más necesarios. Su capacidad de síntesis y su habilidad para exponer evitan toda farragosidad y dejan muy claros los principios, con ese buen hacer profesional de dejar para los padres su parte de actuación y su libertad. Como corresponde a una persona de buena voluntad que viene aquí a tendernos una mano y sabe cómo hacerlo. Para leer otras entradas, podéis escribir “Juan Valls” en el buscador interno de este blog. Es autor de la serie titulada “Un clima de confianza”.

 No dudéis en preguntarle, os responderá con satisfacción. Basta con que escribáis un comentario y el blog se pondrá en contacto con él y os hará llegar la respuesta.

1.- El aforismo que dice: “Los ojos son el espejo del alma” nos será muy útil en la educación de los niños. Los ojos del niño no saben de engaños; luego, mirando a través de ellos, vemos el fondo de su alma.

Está comprobado que el niño, aun siendo el mismo en casa que en la escuela, reacciona de modo diferente en un sitio que en otro. La razón más clara es que las condiciones que le rodean son bastante diferentes también. Se podría decir con propiedad que el niño, al empezar a asistir a las clases colectivas, se enriquece. Sus posibilidades de crecimiento interior se multiplican. Tanto su alma como su cuerpo buscan nuevos modos de realización. Por eso, no nos debe extrañar que nos informen de que nuestro niño es quieto y reflexivo en la escuela, cuando resulta que en casa es el único de todos que no tiene ni una idea propia.

He tenido ocasión de observar frecuentemente la sorpresa de los padres al enterarse de estos comportamientos, aparentemente contradictorios, de su hijo. Dicen: “En casa es así, y en la escuela de otra forma”.

La sorpresa de los padres se vuelve un deseo sincero de conocer más profundamente a este hijo. Se dan cuenta de que hay personas, los maestros, que conocen muchísimas cosas que ellos no conocen. ¿Qué padre o madre, después de una entrevista con un buen profesor, no ha sentido el deseo claro y sincero de continuar esta interesante relación?

Sin embargo, el intercambio es tan fructífero por un lado como por otro. Digo como profesor: “Delante de los padres soy un verdadero ignorante. ¡Cuántas cosas no voy yo a desconocer!       ¡Cómo me ayudarían a educar a este niño!” Sí, con frecuencia los maestros luchan contra verdaderos enigmas; todo su entusiasmo e ilusión chocan contra la pared impenetrable de unas reacciones inesperadas del niño. Lo sé por experiencia: los maestros agradecen muchísimo que los padres vayan a verlos, que intercambien con ellos toda su larga experiencia sobre ese niño en particular.

A veces, cuando no encontramos el momento para presentarnos en la escuela (como padres), hemos de hacernos todas estas cortas reflexiones; yo diría que hemos de ser, una vez más, realistas, y pensar si estamos cumpliendo el expediente o, en cambio, haciendo una labor perfecta.

Es indudable que queremos lo mejor para nuestros niños. Entonces…, ¿por qué no ponemos todos los medios?

Si alguna vez no podemos, pase. Pero que, semana tras semana o año tras año, hayamos dejado pasar estas oportunidades, no debería ser. Además,  ¡teniendo en cuenta lo contentos que quedamos cuando lo hacemos!; nos damos perfecta cuenta de que el amor hacia el niño es entonces más real, buscando lo mejor para él, pues alcanzamos un completo conocimiento de su trabajo y de sus posibilidades.

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Written by barcelonavida

junio 18, 2013 a 12:50 am

Una respuesta

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  1. Quizá en la parte de desconocimiento que tenemos los educadores sobre el niño haya una cierta ventaja, ya que se evitan prejuicios o visiones erróneas. Este desconocimiento nos lleva a enseñarle a actuar en todos los ámbitos, a pensar que no siempre estará en casa y entre los suyos. Luego, si en las tutorías vemos que no hay grandes errores, estaremos acertando.

    El hecho de desconocer detalles y pormenores lleva a una educación más intuitiva y generalizada, que puede ser positivo.

    No quiero decir con esto que esté en contra de que la educación se lleve en equipo con los profesores, ni mucho menos. Es muy necesario que todos vayamos en el mismo sentido. La maestra de mi hija tiene la costumbre de pintarle una “cara contenta” 🙂 con rotulador en la mano cuando se ha portado bien y una “cara triste” 😦 cuando le ha hecho enfadar. Yo no le pintaría nunca con rotulador, pero es un medio de motivación que funciona perfectamente, por lo que lo apruebo. Es más importante lo que consigue con estas caras que el detalle de si lo hace con rotulador. (El día que se la tatúe, igual me enfado.)

    Iñigo Ruiz

    junio 18, 2013 at 1:52 am


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