Barcelona Vida

defensa de la vida y la familia, valores, sociedades intermedias

Y ahora la excusa son las “prioridades”

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Azorín tenía un relato que define perfectamente esta situación en su libro “España”.  Interesante premonición de cómo iba a actuar el gobierno del PP, escrita en 1860:

Arrazola

Don Lorenzo Arrazola es presidente del Consejo de ministros; en España no es muy difícil llegar a ser presidente del Consejo de ministros. Cuando Don Lorenzo se levanta por la mañana a las nueve y sale de su alcoba, comienza ya a gobernar; esto es una cosa terrible. Don Lorenzo sale con un gorrito en la cabeza; anda despacio; su cara está cuidadosamente afeitada; sólo unas patillas cortas, por el lado de las orejas. Don Lorenzo entra en su despacho caminando lentamente, un poco encorvadito; en él ya le espera Remigio; éste es su secretario particular, el hombre de su confianza.

Buenos días, Don Lorenzo -Dice Remigio-.

Don Lorenzo se detiene ante la mesa, tose un poco, acaricia instintivamente un libro y dice:

-¿Qué hay, Remigio? Qué tenemos hoy?

Remigio se pone serio, grave, como quien va a dar una noticia sensacional, desagradable; él la trae, en efecto, y es preciso que se la comunique a Don Lorenzo.

-Don Lorenzo -Dice Remigio-, ocurre algo grave; en esta noche pasada, en Córdoba…

Pero antes de que Remigio acabe de decir las cosas estupendas que han ocurrido en Córdoba, don Lorenzo, que ha estado tirando del cordón de la campanilla sin que la campanilla sonara, exclama un tanto indignado:

-¡Caramba, hombre!¡ Yo no sé cómo no arreglan esto!

Lo que quiere don Lorenzo es que le traigan el desayuno, y como la campanilla no funciona, Remigio sale y va a avisar. Al cabo de un momento torna éste y viene también una criada con una ancho tazón de café con leche y unos bizcochos. Don Lorenzo principia a desayunarse y Remigio comienza otra vez a contar los sucesos tremendos de Córdoba.

-Decía a usted, don Lorenzo -prosigue Remigio-, que en Córdoba han ocurrido en la noche pasada graves sucesos. Dicen las noticias que se acaban de recibir que…

Y al llegar aquí Remigio , don Lorenzo lanza un pequeño grito: “¡Caramba!”. Es que uno de los bizcochos que había mojado en el café con leche y que ya se llevaba bien empapado a la boca, se le ha roto casi al llegar a ella, ha caído pesadamente y ha manchado un libro de la mesa y salpicado la levita de don Lorenzo.

-¡Caramba! -repite apesadumbrado  don Lorenzo-. ¡Yo no sé -añade- de qué hacen ahora los bizcochos!

Y entre él y Remigio comienzan a limpiar el libro manchado y luego las salpicaduras de la levita.  Ésta es una de esas ligeras contrariedades que no representan nada, que no son nada, pero que nos llenan de mal humor y que durante un largo rato, a pesar nuestro, hacen que no pensemos más que en ellas.  Las manchas de la levita de don Lorenzo no desaparecen del todo; Es preciso que Remigio vaya a buscar a la alcoba un poco de agua. ¿Por qué habrán caído estas manchas en la levita de don Lorenzo?¿No es esto verdaderamente desagradable? Cuando Remigio ha acabado de frotar y refrotar las manchas, se dispone, como es natural, a continuar su relato.

-Decía, don Lorenzo, que anoche en Córdoba…

Pero la criada que ha traído el tazón de café aparece en este momento para retirar el servicio.

-Mira, mira, Isabel -le dice don Lorenzo señalándolas manchas de su levita-. Mira estas manchas que han caído ahora; me voy a quitar la levita y la lleváis al tinte, para que esté aquí esta tarde misma.

Don Lorenzo entra en la alcoba, permanece en ella un momento y luego sale vistiendo otra levita y con la manchada en la mano; un reloj suena con diez sonoras campanas; un cuquito que se asoma y dice: cu cu, cu cu, cu cu…

-¡Hombre -dice este viejecito don Lorenzo-, las diez!

Las diez es la hora en que don Lorenzo tiene una cita trascendental con un personaje importante; comienzan él y don Remigio a andar hacia la calle; el coche espera en la puerta para llevarlos a la Presidencia del Consejo. Cuando don Lorenzo ha subido y se ha sentado en él, Remigio, que está subiendo y que va a sentarse también, se dispone una vez más a hacer el relato de los terribles sucesos ocurridos en Córdoba.

-Lo que ha ocurrido en Córdoba esta noche pasada -dice- ha sido que…

Pero Remigio no puede continuar.

-¡Diablo! -exclama don Lorenzo.

Es que don Lorenzo se ha acordado, al tentarse los bolsillos, de que la cajita de pastillas para la tos, que él usa, se ha quedado en la otra levita; no puede don Lorenzo pasar sin estas pastillas, y Remigio baja del coche y sube corriendo las escaleras para traerlas…

Podemos imaginar que la secuencia no termina nunca, que la infinita serie de incidencias o detalles sin la menor relevancia bastarán para que se postergue hasta el infinito el debido tratamiento de la grave situación que está atravesando la ciudad de Córdoba. Ya sea un motín, un terremoto o una terrible epidemia. Porque siempre hay cosas más importantes, ya sean simios o cefalópodos.

Y un día vienen con el pretexto de que inician su legislatura y necesitarán un cierto tiempo para tratar debidamente el asunto del aborto. (Hay cosas tan importantes, que deben aplazar el cumplimiento de su promesa electoral). Luego llegan los desacuerdos internos del partido (Como si fueran excusa). Más tarde, los tecnicismos y los bichos mencionados. Por último,  el código de derecho penal.

Todo -repito- todo es más importante que las trescientas muertes  diarias. Evitar que las madres encarguen matar a sus hijos en su vientre tiene un rango menor. Pretenden ése “Gobierno firme, Gobierno estable”. Luego viene la lealtad. Ya saben: A España, a la Constitución y a la Corona. Sí: Tres dedos tienen y es imposible robarles el anillo de casado. No han demostrado nada más.

¿O sí? Sí, claro que sí: Acaban de apagar una de las dos velas que tenían encendidas. Una a Dios y otra al diablo, una de cara a la galería, con promesas de erradicar de una vez por todas la “ley Aído” para conseguir votos, y otra de mantener el aborto, porque está “consensuado”. También de cara a la galería, también para conseguir votos.

De lo que es el recto derecho y la justicia a los textos propuestos para la reforma de la legislación sobre el aborto había un largo recorrido de puro funambulismo, que ahora se vuelve más fácil mediante el muy viejo (y muy español) truco de no hacer nada.

Talante pepero

Es el talante del pasivo-agresivo. Especialista en demorar sus actos hasta el infinito, en conseguir que tras la desesperación, bajen las ganas de obtener lo que se le pide, para ofrecernos al final un trabajo mal hecho y de mala gana, aderezado con la invectiva de que somos perfeccionistas y estamos buscando tres pies al gato, exclusivamente para poder quejarnos. Pero el servicio ha sido el más correcto que se podía esperar.

Y conseguir todo esto sin enojarse, riéndose en el ínterin con esa sorna del político que sabe freír la sangre a cualquiera. Porque esto es lo importante: En ganar elecciones, en gobernar, está la victoria. No importa el Gobierno.

Por Iñigo Ruiz.

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Written by barcelonavida

julio 3, 2013 a 6:48 pm

Publicado en Uncategorized

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5 comentarios

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  1. Estoy de acuerdo con Iñigo en que a la derecha española le falta visión amplia y comprender que lo más urgente no puede aparcar lo más importante y que un gobernante debe ser capaz de señalar un camino, un rumbo en lugar de dedicarse a apagar los falsos fuegos que le encienden sus enemigos.
    También estoy de acuerdo en que no se puede ser leal a España, a la Constitución y a la Corona y ser no dejarse la vida por salvar la vida de cualquier españolito que llega al mundo.
    Me gustaría señalar que la sociedad civil, nosotros, tampoco estamos a la altura de las circunstancias. Nada que ver con la sociedad francesa. Y nosotros que pensábamos que estaban acabados.

    carlos palos

    julio 7, 2013 at 9:45 am

    • Pues sí. Creo que los españoles somos como don Remigio, que no se subleva ante tanta estupidez de batintines que no funcionan y manchas de chocolate, para imponer a Arrazola que escuche las necesidades imperiosas y las atienda.
      En la sede de la presidencia del Gobierno tendría que haber una espada de Damocles, para recordar que es más importante la misión de gobernar (“Casi divina,” la define José Antonio Primo de Rivera) que las circunstancias de cada uno.

      Iñigo Ruiz

      julio 12, 2013 at 4:28 pm

  2. […] la mesa, arrinconando por un momento el chocolate deshecho y los bizcochos que nos recuerdan a Arrazola : En el año 2010 pidió la suspensión cautelar de la llamada “Ley Aído”, con un […]

  3. […] la mesa, arrinconando por un momento el chocolate deshecho y los bizcochos que nos recuerdan a Arrazola : En el año 2010 pidió la suspensión cautelar de la llamada “Ley Aído”, con un fundamento […]

  4. ¿No será que NUESTRA EXCUSA ES QUE ELLOS TIENEN UNA?

    nueteperis@hotmail.com

    agosto 26, 2013 at 11:55 am


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