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De lázaros y epulones: “Señor, que no se pudra mi corazón”

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Carlos Palos. El evangelio del domingo 26 me habla del rico Epulón, que banqueteaba mientras el pobre Lázaro estaba a su mesa muriéndose de hambre. Llegados a la otra vida se cambian las tornas y Epulón va a parar a un lugar de tormentos.

Debe decirse que no es Dios quien nos condena, nos condenamos nosotros. El siempre nos llama pero, con demasiada frecuencia, no queremos saber nada de El. Ese rechazo a Dios es el que nos impide llegar a nuestra verdadera patria al tiempo que nos aboca a la tristeza y al dolor por el sometimiento a nuestras malas pasiones.

 

Parece el rico recibe el desprecio de Jesús, pero no es así.

Las riquezas no son malas, como se comprueba tanto en las mujeres ricas que seguían a Jesús, como en José de Arimatea, que le cedió el sepulcro. Lo mismo ocurre con Zaqueo, Mateo, Simón el leproso… personajes ricos, amigos de Jesús.

 

El problema es cuando hacemos de nuestras riquezas nuestro Dios. Así ocurre con aquel grito: “mi cuerpo es mío”, que pronuncian las abortistas bien en alto para no sentirse interpeladas de la criatura que les reclama tiempo y amor. Así nos ocurre a nosotros cuando solo vemos el problema de la hipoteca, de las vacaciones que no podremos tener. Se produce un endurecimiento del corazón, y decidimos irnos al Hades, a ese infierno intermedio en donde solo existo yo.

 

En plenos tormentos, Epulón pedirá que alguien vaya a avisar a sus hermanos para que no incurran en el mismo error. Pero Dios le contesta que anque un muerto resucite no creerán. El problema, no está en la inteligencia, está en el corazón. Hay una estrecha relación entre el egoísmo y la incredulidad.

 

Somos incrédulos porque somos egoístas…

Siempre me he preguntado por qué algunas personas, ante las llamadas del Señor, se ponen inmediatamente en movimiento, mientras que otras vacilan o le dan la espalda.

 

Cuando Bartimeo oye hablar de Jesús, le grita con ansia, Jesús, sálvame.

Cuando san Pablo oye a Jesús se le somete.

Cuando el buen ladrón se encuentra con Jesús se convierte, no así el malo, no así Pilato, no así Herodes o los sumos sacerdotes.

 

Sana Señor, nuestros corazones, que nos nos encerremos, porque tenemos que ver a los demás, su sufrimiento, su petición de ayuda, y así te veremos a tí. 

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Written by barcelonavida

septiembre 29, 2013 a 10:32 am

Publicado en Uncategorized

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Una respuesta

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  1. Salió una carta en la Vanguardia sobre el Aborto, y es curioso como censuran muchos de los comentarios. http://silverigar.blogspot.com.es/2013/10/el-aborto-sagrado.html

    Silveri Garrell

    octubre 11, 2013 at 4:40 pm


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