Barcelona Vida

defensa de la vida y la familia, valores, sociedades intermedias

Benditos seáis con la mano izquierda. ¡Y perdonados!

with one comment


“Ellos vencieron en  virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte. Por esto, estad alegres, cielos, y los que moráis en sus tiendas”.            (Ap. 12,10-12a).

    Entre palmas, llegan las reliquias de los mártires

Una preciosa ocasión, un verdadero regalo el que hemos recibido hoy en Tarragona. Coincidiendo el día con el de la Consagración del mundo al Sagrado Corazón de María, se ha beatificado a 522 mártires de las persecuciones religiosas que se dieron durante la 2ª República y la guerra civil. Una vez más, un perfecto día de “estar por claustro”, en que me he sentido en familia entre una multitud que puede haber alcanzado las treinta mil personas. Como en casa, sí, entre esa Iglesia que demostró que me quería cuando estuve enfermo, esta Iglesia que ahora quiero tanto por el amor recibido. He encontrado -como siempre- a infinidad de conocidos, de hermanos de la fe. Algunos eran familiares de alguna persona que hoy se beatificaba, otros recordaban testimonios o relatos sobre fusilamientos, torturas atroces o quema de conventos. Pero todos estábamos alegres, porque las palmas que acompañaban las reliquias de los mártires significan para nosotros algo muy noble, una alabanza a Dios y un ejemplo para todos.

Naturalmente, el recuerdo del Hermano Federico Plumed, Vicepresidente y archivero de la Asociación Hispania martyr ha estado presente, pero parece haberme dicho en un momento dado: “Mira, Iñigo: Céntrate en lo importante”. El era así de sencillo.

Y él me lo ha inspirado.  En todos los hechos al respecto de que he podido informarme, siempre hubo un reconocimiento de la fe en Jesucristo -profesada pese a las consecuencias fatales que pudieran devenir-  y el perdón a quienes les iban a matar. De hecho, la Iglesia tiene estas dos circunstancias como requisito para el reconocimiento de martirio.

Conmovedora la reflexión sobre su valentía, sobre su verdadera fe. ¿Y el perdón? Francamente, me cuesta mucho más. Porque los que  se comportaron como bárbaros, infligieron torturas y vejámenes inhumanos, francamente perversos. A mi abuelo le mataron durante la guerra, empleándola para encubrir lo que no era más que una venganza de un trabajador que no pudo cobrar una pensión fraudulenta, porque la víctima llevó la defensa en un juicio. Para que el cuerpo no fuera reconocido e imposibilitar la investigación del crimen,  prendieron fuego a su cadáver. ¿Cómo perdonar esto?.

Aprendiendo de los mismos mártires. El obispo de Lérida, el Dr. Salvi Huix i Miralpeix, perdonó y bendijo a quienes le fusilaban. Viendo los enemigos de Dios su gesto, en un arrebato de ira le dispararon a la mano que bendecía. Quedando el brazo inmóvil por los disparos y entre los dolores atroces, siguió su bendición con la mano izquierda. No se le acabaron el amor ni la misericordia. Y ahora, ¿Cómo no perdonarlo?.

Pero perdonar no es olvidar, ni desconocer, ni ignorar. Esto es lo que se ha pretendido durante muchos años, con el engañoso pretexto de la paz. En esta ignorancia se perdería la santidad del gesto de nuestros mártires, su ejemplo, las enseñanzas a través de las cuales, podemos verdaderamente perdonar. Y es tras este perdón que viene la paz.

Fusilamiento de los mártires de Montcada. Entre ellos -vestido de blanco- el Obispo Irurita.

Fusilamiento de los mártires de Montcada. Entre ellos -vestido de blanco- el Obispo Irurita.

Mucho se ha repetido estos días que los mártires fueron víctimas del odio a la fe y la fiebre antirreligiosa que llevó al sectarismo, llegando a negarse el extremo de que tuvieran una vinculación ideológica o creencias políticas, tanto los muertos como sus asesinos. Sin la verdad, tampoco llegamos a ninguna parte. No comprenderemos el tormentoso error que llevó a aquella situación, no podremos evitar que se repita. Naturalmente, no eran asépticos ni faltos de inquietudes. Claro que intervinieron el marxismo y las doctrinas anarquistas en este episodio. Naturalmente, muchos de los ejecutados fueron contrarios a estas emanaciones ateas e inhumanas, no por vinculación a otra lado del espectro político, sino por el amor a la verdad y por su búsqueda.

Creo que no llegaríamos a ninguna parte convirtiendo a los santos en las imágenes que deseamos para ornar una capillita, olvidando su realidad y el momento en que vivieron. ¿Qué conclusiones extraigo de todo esto?. Pues que supieron elegir lo más importante y necesario, aunque quizá no desatendieron lo que igualmente debían aclarar y que no se dejaron conmover por el fanatismo, por el ansia de imponer lo que quizá era circunstancial y del momento a lo que estaba primero. Si siguieron su criterio, con justicia y de corazón, ¿Qué mal hicieron en esto? . No, no podemos ceder a los malos apaños actuales, a la revisión histórica con las luces actuales, en lugar de emplear las que la alumbraron.

Un concepto es el de no hacer bandera política de ellos y otro el de no respetar sus inquietudes para contentar quizá a los actuales adeptos  de quienes los mataran. No hay que olvidarlo.

Hay otro tipo de olvido que me ha resultado doloroso, sabiendo el espíritu que les movió. (Que no fue otro que el Santo): Cada Orden, cada Congregación, ha editado un hermoso catálogo a todo color con el nombre y la biografía de “sus” mártires, en donde se generaliza casi por completo la omisión del resto de los que hoy han sido beatificados. En muchos de ellos se encuentra el error de que ni siquiera notifican que esta beatificación no es específica para la Comunidad de la que se trate. Hubo algunos padres de familia, que murieron en la duda terrible de quién cuidaría de sus viudas y de sus hijos, trabajadores, estudiantes… Laicos.

Y puede ser que los mejores testimonios (Al menos, de entre los que se han podido probar y documentar) no se encuentren en nuestra Comunidad, sino en otras. Todos somos Iglesia y por la Comunidad de los Santos, nos alcanza a todos la Santidad de todos, por lo que nuestra oración, nuestra admiración o estudio, nuestro recuerdo, no pueden ser selectivos.

Mártires de Dios: Interceded por nosotros.

(Me sale del alma y como cristiano, creo que eso no puede ser malo):

Caídos por una España mejor, ¡Presentes!

Por Iñigo Ruiz.

Anuncios

Written by barcelonavida

octubre 13, 2013 a 9:41 pm

Una respuesta

Subscribe to comments with RSS.

  1. Sí, Iñigo, tienes razón, es difícil olvidar. El Papa Francisco habla de que yo puedo perdonar, pero no olvidar. En cualquier caso, ese deseo de perdonar, hasta donde me llegue, que mi corazón es pequeño, ya de por sí es una gran cosa y nos sirve para sanarnos el alma.

    santi ferreres

    octubre 23, 2013 at 9:28 am


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: