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Abren en Holanda una “clínica” legal para matar a la gente

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La muerte de Sócrates (detalle) de Jaques-Louis David, 1787.

 
 
 

Holanda abrirá en marzo la primera clínica privada para practicar la eutanasia

 

 

Leo en ABC esta noticia que encuentro delirante. Supone una clara muestra de la manera en que la realidad se puede distorsionar hasta lo indecible para convertir el derecho en justificación de los intereses personales más ilegítimos, en detrimento de los derechos naturales y del mismo sentido común.

Se consigue legitimar un establecimiento (de pago) dedicado a dar muerte a seres humanos mediante un mecanismo de lo más tosc0 e inaceptable, consistente en generar un debate absurdo sobre un epíteto que se da a unas circunstancias en que se mate a una persona. No existiendo para nadie el privilegio de matar, se accede a él cuando se arguye que se ofrece una “muerte digna”. Pero, vamos a ver… Si no se puede matar nunca y en ningún caso, ¿Cómo obtienen los eutanastas el privilegio para hacerlo?.

Sometamos el argumento a una prueba de verdad. Supongamos que el terrorista más culpable y buscado del mundo es capturado y puesto en prisión, que se le somete a juicio y se prueban todos los cargos, por lo que se verifica que es un peligro público. Habrá partidarios de darle pena de muerte y otros que serán detractores. ¿Verdad que los detractores no aceptarían nunca el argumento de que va a morir el reo “con dignidad”?. Lógico, porque la supuesta (y gratuita) garantía de dignidad de una ejecución no puede mejorar la matanza hasta el punto de convertirla en buena acción. Pues esto que aceptamos en un culpable, ha de ser rechazado en un inocente por imperativo de ingeniería social. Terrible agravio comparativo en que recibe mejor trato quien peor conducta muestre. Serios peligros amenazan a una civilización que beneficie al malhechor y castigue al inocente.

 

Al fin y al cabo, ¿Qué es la “muerte digna”?

Ni más ni menos que toda aquella que no sea indigna. Así de sencillo. Es la que nos encuentra con la conciencia tranquila y en condiciones de dejar esta vida sin miedo a lo que en adelante podamos encontrar. No caben aquí matices religiosos o filosóficos que alteren esta definición, lo que pueden hacer es enriquecerla y fijarla de un modo más preciso.

Por tanto, la muerte digna no es otra que la que alcanza a toda persona que haya vivido correctamente. La dignidad se alcanza en vida y de esto nos tenemos que preocupar, no del modo en que vamos a perecer. La muerte nos iguala a todos y atodos nos ha de llegar, ya lo sabemos.

¿No resulta más coherente pedir una vida digna? Por supuesto, pero encontramos la paradoja de que son los eutanastas los que siempre han reaccionado en contra de la dignidad, calificando a este concepto como argumento ideológico de sus opositores. Primer contrasentido.

 

“asociación para una muerte digna”

Va penetrando en todos los países el eufemismo y se está viendo publicidad en torno a unas entidades que emanan del NOM (Nuevo Orden Mundial) llamadas “asociaciones de muerte digna”. Su función es reclamar el “derecho emergente” a que nos puedan matar cuando crean oportuno. ¿Por qué la ETA no se cambia de nombre? Tendría todas las facilidades del mundo para seguir con su actividad terrorista, que sería completamente legalizada.

El mismo funcionamiento puede permitirnos instituir la “asociación de poseedores de bienes ajenos”, que nos conferiría la legalidad necesaria para robar cuanto nos apeteciera, creándose un marco legislativo y jurídico en nuestro entorno. Cuatro tópicos sobre la pobreza y el reparto de bienes serían más que suficientes para alcanzar la emergencia de este derecho.

Los anarquistas, los enfermos mentales agresivos, los mercenarios, antisociales… Cualquiera de ellos puede reclamar su parcela de actividad legalizable con el pretexto de la “dignificación de sus actos”. Tendrán mucho más derecho que el criminal a sueldo, a quien ahora se otorga licencia comercial en Holanda.

 

Segundo contrasentido

Como he podido leer en la noticia, esta “clínica” atenderá los casos en que se presenten conflictos éticos y deontológicos. Cuando algo está mal hecho, no pasa a estar bien porque lo haga una persona inmoral. No es legítimo ni se puede autorizar, no es éste el camino para hacer el bien ni para solucionar el problema. No en un país que considere que la ley ha de ser igual para todos. Existe la objeción de conciencia y debe admitirse, pero hay que tener en cuenta que hay actos que siempre y en todo lugar han de ser punidos por la ley, que debe prohibirlos. Por cuanto la ordenación jurídica está destinada a favorecer y administrar el bien común, el suicidio ha de estar prohibido. Mucho más el homicidio. De otro modo, no se garantiza nuestra protección.

 

tercer contrasentido

Este matadero habrá de someterse a la actual legislación sobre la eutanasia en Holanda, donde se exige que el paciente esté consciente, haya pedido que se le dé muerte y tenga una enfermedad sin posible curación. Contravenir a estas normas está penalizado con una pena de doce años de cárcel. Aplicar en pureza esta norma sólo es posible mediante el degüello o fusilamiento de las víctimas, ya que los habituales procedimientos siempre otorgan a la víctima un período de inconsciencia, por poco prolongado que sea.

Determinar la incurabilidad de una enfermedad es acto muy arriesgado en medicina, responsabilidad que declinarían las mayores eminencias en esta ciencia, sabedoras de que no es exacta, que las cualidades de cada paciente pueden influir mucho en su curación y de que las innovaciones son a veces tan espontáneas, que resulta un grave riesgo certificar que no hay medios que puedan devolver la salud. Tanto en un plazo inmediato como prolongado.

Las espectativas de un nuevo método de curación o la espera de resultados de pruebas de medicamentos pueden ser objeccions más que razonables para esta certificación.

En cuanto al consentimiento del paciente, no tenemos manera de saber de su arrepentimiento en el último instante, en que ya no puede expresarse. Ni siquiera podemos parar una bala que ya está volando en su búsqueda.

 

Cuarto contrasentido y absurdo total

Por lo que leo, piden que la salud pública de este país pague las ejecuciones, unas mil al año, según se prevé. ¿Salud? La muerte es su antítesis, los médicos objetan que matar no es un acto médico, porque no está ordenado a mejorar la salud del paciente. No pueden reclamar que un Ministerio vaya en contra de su cometido, solventando económicamente su propia destrucción, tampoco pueden disponer de los fondos que a la ciudadanía se recauda por imperativo legal, en el entendido de que se van a destinar a sanidad.

 

Pese a todo, ¿Todo se podrá probar?

Cuando hay un crímen, se buscan los indicios probatorios, las circunstancias, el móvil por el que se ha cometido… para instruir el sumario. Desde el momento en que existe una salvedad para justificar que una persona mate a otra, puede bastar con la falsedad documental y testifical para que quede el asesinato encubierto y sin posible pena para su culpable. Vista la ingente cantidad de perjurios que se dan en los juicios de materia grave, las contraduicciones contínuas a través de las que se muestra que un testigo miente, los certificados y documentos que acaban siendo probadamente falsos, encontramos que este coladero es una coartada perfecta para las maffias. podrán responder: “No, Sr. Juez. No le asesiné, el apliqué la eutanaia. Aquí tiene Vd. los certificados y a los testigos. Recuerde, Sr. Juez que los muertos no hablan.”

Por Luna

 
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Written by barcelonavida

febrero 9, 2012 at 8:17 pm