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una huelga general que no ha servido para nada

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Por lo visto, el “topic-trend” de Twitter (El tema sobre el que más se ha comentado a todos los niveles) fue el fracaso de la huelga general. Salieron los dirigentes de los dos sindicatos marxistas que la impusieron a cantarle loas y hacernos ver el enorme seguimiento que había tenido (La dispute ronda entre el 12% de trabajadores y el 68%). Especialmente soporífero e interminable, el discurso de Toxo no aportaba ningun tipo de solución y apuntaba a lo mismo que el de su congénere Cándido Méndez: Generar una ilusión, hacernos ver cómo estamos superando unidos una problemática, como proletarios que somos. Porque en España, todos somos proletarios.

Del latín “proletarii”, era ésta la clase social que ganaba diariamente lo imprescindible para su subsistencia, sin tener otros recursos. Existía en la antigüedad un moneda llamada “pecunia” -de donde viene el actual término “pequeño”- que se acuñaba para estos fines, siendo definida como pieza de compraventa de parte de reses al menor. (Pecoris= bestia, res, ya metidos en vereda). ¿Pôr qué ya no se emplea, si es cierta su afirmación?.

Según el frustrado ingeniero industrial que habla con dejes de albañil o su colega que tuvo un coche blindado, nuestra situación es la misma que en los tiempos de Marx o de Stalin, a quien remeda Toxo en una entonación que supone muy dialéctica y dejó de usarse cuando los micros ganaron sensibilidad y no era necesario gritarles para que transimiteran la voz. Somos prisioneros del “capital”, todos somos obreros y permanecemos en cerrada formación contra la “patronal”, entregados a la lucha de clases, unica que puede considerarse verdaderamente digna de la clase obrera…

¿Obrera? No tanto, desde que amaneció infinidad de sectores que no tenían demasiada vinculación con ella, a raíz de los sucesos del siglo XIX. ¿Trabajadora? Define poco, pero vamos a verlo: Trabajan los banqueros tres horas antes de que yo me levante de la cama, he de reconocerlo. Luego empiezo yo y ellos terminan su horario, pero no suele ser inferior a las ocho horas, como el mío. Y un banquero no se parece en nada a mí, ni por aspecto, ni por tipo de trabajo. Pero usar este adjetivo supone a la vez dejar de lado a más de la cuarta parte de españoles, los parados. Y ahí quiero llegar.

Cuando inició la llamada Revolución Industrial que ahora nos azota, había una marcada diferenciación que se allanó al máximo por intereses demagógicos: La que puede establecerse entre los oficios agrarios y los de ámbito fabril. Marx incluyó a todos como “obreros o trabajadores” haciendo uso de la necesaria demagogia para que no protestaran, dado que la índole de sus problemas era completamente diferente, como distinta podía ser la solución aplicable. Nace aquí el mito de la lucha de clases y de los logros por ella obtenida. Se forma una bandería con que alentar a buscar unos supuestos objetivos, dejando de lado los que de natural perseguían las familias o se llevaban a nivel personal. Se genera aquí un rechazo a lo propio que siempre se ha enmascarado y presentado oculto entre la alucinación de un quehacer común, que se nos presenta como un sueño de victoria, que lleva siglos de triunfo.

Os recuerdo una vez más que todos somos “trapahadoreing”, que así lo pronuncia Cándido. No olvidéis que todos -incluso los parados- somos obreros, que nuestros padres y abuelos lo fueron, que permanecieron toda su vida en barricadas, tirando cócteles Molotov a los pequeños burgueses. (No sé porqué, todos los burgueses son obligatoriamente pequeños). No hay paro. Sería una enorme irresponsabilidad por nuestra parte permanecer desempleados, porque no tendríamos la necesaria conciencia de clase para arrearle una pedrada en un ojo a un banquero, némesis forzosa de nuestro oficio.Y puestos a recordar, tengo que traeros también a la memoria que los sindicatos se están dedicando desde hace años a las tramitaciones de expedientes de regulación de empleo (EREs), que viven de hacerlo y cobran por cada uno que escriben. Huelga decir que cada uno supone una serie de trabajadores que dejan de serlo y no tienen una mítica cola del INEM a donde dirigirse. No obstante, nuestra responsabilidad es cargar esta culpa contra el Gobierno, porque no es del agrado de estos líderes. Hay que hacer un forzoso ejercicio de olvido para no mencionar a Zapatero o al PSOE. Se dice que ya pagaron por sus culpas. (A mí no. Y no guardo recibo de esta cotización).

Bueno, hemos llegado al paro y la situación de miseria que nos embarga. Intentemos combatirlo, porque la única solución para salir de esta crisis es ganar algo de dinero con que subvenirla, no se puede vivir de ahorrar lo que se ha gastado ya forzosamente. Señores de la Internacional Comunista y de la Idem Socialista que orquestaron el paro de ayer en varios países: Den soluciones. AHORA saben ustedes que estamos en paro, nosotros lo sabemos y lamentamos desde hace ya mucho tiempo. O reconozcan que no las tienen, que el dejar de trabajar no ha servido para la mejora de nadie, excepto de los ingresos sindicales. Ya han ardido los contenedores de basura preceptivos y se han pintado los cajeros automáticos para seguir el ritual. Las lunas rotas decoran el panorama nacional y hemos visto sus repijos estandartes, que cuestan un ojo de la cara, pero ahora toca que nos digan qué se puede hacer… Porque lo de que nos digan qué van a hacer ustedes, es mejor dejarlo correr.

En mi humilde modestia, les oferto algunas soluciones que podrán pecar de candor, pero son gratuítas, por lo que quizá convenga probarlas a falta de otra cosa: Tengan mayor consideración hacia las personas, no pretendan emplearlas como objetos para conseguir sus intenciones, no las lleven en modo tan gregario. No les prometan nada, quítense de enmedio y déjenles trabajar o buscar empleo, estoy convencido de que así terminará funcionando España, aunque ahora se encuentre en un momento muy bajo.

Por Iñigo Ruiz

Los engaños de Más… y de Cáritas

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Atur + pèrdua de l’habitatge = EMERGÈNCIA SOCIAL (deteriorament personal i social)
El temps s’ha wshaurit: És l’ economia que ha d’estar al servei de les persones

Parece que amplios sectores de la sociedad catalana ven en la independencia el vehículo para recuperar la dignidad. Nadie duda de que la situación es preocupante, pero sería engañoso ver en la economía o en la política la raíz del problema sin percibir que existe una profunda crisis social que se manifiesta por ejemplo en estado de la educación, la inestabilidad familiar, el relativismo cultural y el individualismo.

Hacer creer, a través de unas cifras en algunos aspectos manipuladas, que el problema está la ausencia de autogobierno es engañar a la ciudadanía.

Este engaño no reside exclusivamente en el estamento político. A la salida de una iglesia vi un cartel de Cáritas en el que se hacía presente ese giro economicista.

Parece ser que la cruz de Cristo sigue siendo también para nosotros escándalo y necedad y el dinero “poderoso caballero” y cataplasma para cualquier herida.

Pobres y felices fueron María y José y muchos de nosotros tenemos que imitar ese maravilloso modelo.

Una sociedad que no quiere sufrir decide eliminar vidas molestas hasta percatarse de que la vida realmente molesta es precisamente la nuestra, la que tratamos de defender del dolor y que termina corrompida por nuestro egoísmo.

Written by barcelonavida

septiembre 17, 2012 at 11:07 am

¿Qué nos queda en estos tiempos?

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Los datos económicos siguen siendo preocupantes. No mejora la situación que  reflejaba en una anterior entrada, “panorama desalentador” y las previsiones son de unas cifras que llegan a lo desesperante tras pasar de largo la preocupación por nuestro futuro.

No podemos renovar la nevera aunque se caiga a pedazos, los muebles pedirían una jubilación y nos tenemos que llevar el gato a los servicios municipales. Quien tenga coche, ha de arrastrarlo con los años que se le echen encima, porque no está el horno para bollos.

Se sienten bienaventurados quienes gozan de unas horas extra en el trabajo e incluso los que disfrutan de un puesto para trabajar, tenemos que recortar hasta nuestros sueños y aspiraciones, con una grave angustia sobre la posibilidad de estudios de nuestros hijos, ni siquiera comemos como antes y puede que durmamos menos, por las preocupaciones.

¿Qué nos queda? Viendo en la almadía los pocos restos salvados del naufragio, lo tengo muy claro. Todavía mantenemos a la familia. Por ella estamos dejando nuestros dispendios en tiempo de ocio, nuestras aficiones e incluso algo más. Es de comprender, porque además, está constituyendo un asidero, el único refugio seguro para sobrevivir.

Atrás ha quedado el culto al cuerpo de otros años, en que todo eran gimnasios, “footing” o esquí. Hemos dejado de preocuparnos por nuestra imagen, sin llegar a la dejadez ni el desaliño; no nos importa tanto llevar la ropa durante algo más de tiempo y la arrastramos una temporada, descubirndo que es lo que habríque hacer siempre y que no tiene nada de malo. Nuestras vacaciones se disfrutan entre los nuestros, yendo al pueblo natal quien sea de fuera o haciendo algunas excursiones de uno o dos días, en lugar de tomar el avión a Cancún o pasar varias noches de hotel vaya usted a saber dónde. Recuerdo muy felices veranos en un pisito alquilado en algún pueblecillo, que no estaba de moda como las más felices de mi vida.

Nos preocupamos sobremanera de las bombillas de bajo consumo, hasta que nos hartamos de que den poca luz o se fundan y volvemos a la luminaria gastante, pero usando más el interruptor. Un indicio de ahorro por el que encontramos el anhelo de sobrevenir a la situación para salir adelante, no para reunir lo necesario en gastos innecesarios. (Sí, es paradójico, pero nos dedicamos bastante a esta actividad en el pasado).

Comemos en casa o nos llevamos la fiambrera al trabajo, se ha terminado lo de ir al bar o al restaurante, para alivio y alegría de nuestros cónyuges. Personalmente, he descubierto que no hay mejor comida que la que hago entre los míos, que disfruto más con ellas por sencillas que sean.

La lista de la compra se ha reducido, pero parece importarnos más bien poco. Por primera vez en muchos añios, estamos siendo objetivos en el consumo y nuestra vocación se centra más en que todos estemos bien que en poseer cualquier trasto que llegue a aburrirnos. Incluso, estamos dedicando más tiempo a conversar con los hijos… No todo ha de ser malo en las crisis.

Decidme si es disparate, pero creo que las carencias actuales nos están devolviendo a un entorno que habíamos abandonado y permitirán en un futuro no lejano que recuperemos el tiempo perdido y sepamos apreciarlo mejor. No sé si desatino o doy en el clavo al pensar que nuestro desubrimiento puede terminar de una vez por todas con nuestra pasividad e indolencia ante la familia y los ataques que sufre.

Si es así, doy por bien empleada esta crisis y las amarguras que nos está trayendo para bien nuestro.

Por Luna.

Written by barcelonavida

enero 9, 2012 at 12:36 pm

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