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Beatificados 23 mártires españoles

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Tras la beatificación de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios que fueron asesinados junto a los Oblatos de la Inmaculada; la Congregación Misionera consideró promover el proceso de Beatificación de sus mártires en España.

Su Santidad Benedicto XVI aprobó con fecha 22 de abril de este año el decreto de Beatificación de estos 22 religiosos y de un laico de Pozuelo,  también mártir.

El carisma oblato tiene un aspecto muy particular por el que podemos entender la aceptación de este martirio: El celo por dar a conocer a Jesucristo hasya dar la vida por Él, la promoción de la justicia distributiva, de la reconciliación y la fundación de una iglesia al servicio de los más pobres y necesitados.

Quizá por esto, Gregorio Escobar escribe en una carta a un familiar: “Siempre me han conmovido hasta lo más hondo los relatos de martirio. Siempre, al leerlos, un secreto deseo me asalta de correr la misma suerte. Ése sería el mejor sacerdocio al que podríamos aspirar todos los cristianos: Ofrecer cada cual a Dios el propio cuerpo y sangre en holocausto por la fe. ¡Qué dicha sería la de morir mártir!.”Una carta que recuerda las que escribió  San Ignacio de Antioquía en camino del martirio. y (Bendito sea)  una actitud que le imita también. Siendo preso con el resto de Hermanos, le llegó noticia de que un ministro de la república  podría tramitarle la libertad. No quiso salir  si no era con el resto de compañeros y afirmando su fe. Dios quiso darle como primer acto de sacerdocio esta respuesta, pues estaba recién Ordenado y no llegó a cantar su primera Misa. Tenía 24 años.

MISIONEROS EXCEPCIONALES

Fueron los Evangelizadores del polo norte. Se encuentran en países tan problemáticos como Bolivia, Cuba, Turkmenistán, Ucrania, Haití, Sri Lanka o Bangladesh. Allí, donde se unan el pobre y las dificultades, la falta de arraigo o el desconocimiento absoluto de la Palabra de Dios. Estos son los herederos de Pozuelo de Alarcón, que tienen también otros mártires.

Los Misionesros Oblatos se habían establecido en Pozuelo de Alarcón en 1929. Hoy es un barrio de la periferia de Madrid, completamente urbanizado y moderno, pero entonces tenía esta población 2000 habitantes. Era todo muy diferente. Ellos eran los únicos religiosos que había en aquél entorno, dedicados a mantener viva la fe.

Nada de miedo, ningún intento por esconder sus sotanas y grandes cruces. El fajín, siempre colgado. Pese a la guerra y las persecuciones religiosas, se les veía de bien lejos. Poco sabían de política aquellos muchachos de edades comprendidas entre 18 y 26 años, pero se decidieron a no participar para nada en ella, evitando toda actividad en este sentido, no responder a las provocaciones y seguir con su Ministerio… O estudios. Muchos de ellos se preparaban para ir a Misiones en Tejas, Argentina o Uruguay. Oían a diario noticias de répresión, veían el humo de conventos e iglesias que ardían a lo lejos. Seguían cargando con su cruz.

El 22 de junio de 1936, los milicianos asaltaron el convento de los Oblatos y encerraron a 38 de ellos en el comedor. Profanaron cuanto hayaron, hicieron pública quema de imágenes y objetos sagrados (que no fueran de oro o plata, como siempre) y aprovecharon para recordar a quienes hubiera por ahí que la misma suerte correría quien quisiera oponerse a esta “liberación del Pueblo”.

Hacinados en el comedor, pasando hambre, frio, humillaciones, estuvieron dos días. Pasado este tiempo, se escogió a siete de la Comunidad y a un padre de familia y se les fusiló sin más. No hubo interrogatorios, juicios ni defensa, puesto que en el fondo, no se les suponía ninguna culpa. Los mataron por ser cristianos, por odio e intolerancia. ¿Era el ambiente prebélico ? Yo diría que ya había una guerra declarada, no la que ha dado en llamarse “Guerra civil”, sino el ataque metódico que iniciaron algunos contra todo lo que significase amor a Dios y virtud.

Recordemos que el “Alzamiento Nacional” se produjo los días 17 y 18 de julio, casi un mes había pasado de este crimen y otros muchos.

Son Mártires, no son sólo “victimas”, porque murieron tras rechazar la oferta de renegar de su fe y blasfemar. No cabía en sus almas la apostasía ni la falsedad del cobarde. Se comenta que un carcelero dijo a otro: “Me da envidia su firmeza. quisiera ser como ellos”.

Al parecer, el alcalde de Pozuelo medió para que no fusilaran a toda la Comunidad, por lo que fueron llevados al cuartelillo por la muy ideologizada “Guardia de asalto”. Les retiraron la documentación y los dejaron marchar, pero en clandestinidad, refugiándose en casas particulares. En octubre volvieron a ser detenidos casi todos.

Se les hacinó junto a los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios en las duchas de un colegio, donde pasaron días sin comer y mucho frío. Nuevas ofensas, nuevas promesas de libertad si renegaban, humillaciones por no hacerlo, torturas y hasta mutilaciones.

El día 28 de noviembre de 1936, los sacaron del presidio y fueron registrados como “puestos en libertad”, para trasladarlos a Paracuellos del Jarama.

Una profunda emoción me ha sacudido al escribir este nombre y esta fecha. Allí, un mes y un día antes, dijo sus últimas palabras el insigne escritor y pensador Ramiro de Maeztu. Las dirigió a quienes cargaban el fusil con gesto rutinario: “Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero: ¡Para que vuestros hijos sean mejores que vosotros”.

Esa tierra pedía más sangre, más cadáveres. La “ley de fuga” y el “paseillo” se repetían a diario en este pueblo cuyo recuerdo estremece.

Ya se veían fusilados. No había nada a hacer, ni les perdonarían, ni ellos pensaban abandonar a Dios. Cuenta un enterrador que fue testigo cómo uno de los sacerdotes pidió despedirse de sus compañeros, les dió la absolución y dijo al terminar en nombre de todos: “Sabemos que nos matáis por religiosos y por católicos. Os perdonamos de corazón. ¡Viva Cristo Rey!.”

Hoy, el P. Joaquín Martínez enseña el comedor en donde fueron presos y no puede decir otra cosa: No es posible enseñar a los visitantes la tumba donde reposan los Oblatos. No hay tal tumba.

BEATOS

Esteban Lacal, Vicente Blanco, José Vega, Juan Antonio Pérez, Publio Rodríguez Moslares, Juan Pedro Cotillo, Cecilio Vega, José Guerra, Gregorio Escobar, Justo Gil, Juan José Caballero, Manuel Gutiérrez, Francisco Polvorinos, Justo González, Daniel Gómez, Serviliano Riaño, Ángel Bocos, Marcelino Sánchez, Eleuterio Prado, Clemente Rodríguez, Pascual Aláez, Justo Fernández y Cándido Castán, en nuestro amor, queremos conoceros más a fondo y es nuestro deber cristiano seguir las pautas que marcásteis. Grito con vosotros: ¡Viva Cristo Rey!.

Por Luna

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Estoy casado y soy sacerdote. Quizá tú también

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Cuando me bautizaron, fuí recibido como “Sacerdote, Profeta y Rey” del seno de la Iglesia Católica.
En este sentido, todos somos sacerdotes, aunque se distinga después entre los Ordenados y los que no lo estamos. Compartimos una misma vocación, que llevamos en modo distinto, por las restricciones que tenemos para impartir Sacramentos los que no hemos recibido el de la Ordenación Sacerdotal.
La Exhortación Pastoral “Familiaris consortio”, de Juan Pablo II nos llama a instituir la Iglesia doméstica y atendiendo a su indicación, mi hogar es también sede en donde la Sagrada Familia está invitada, donde queremos seguir su ejemplo y formar entre nosotros una Comunidad cristiana, en donde vivir la fe y servir a Dios.
Tengo además una hija, pero soy sacerdote. ¿Tú también? Recuerda que la fe se vive también antes y después de la Santa Misa.

Luna.

Written by barcelonavida

junio 18, 2011 at 5:43 pm