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Un Gobierno que va y viene (Y por el camino, se entretiene)

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Hace ahora poco más de dos años, era el sábado, 8 de octubre de 2011. Soplaban aires electorales y se imponía una decisión política de cara al 20-N, día en que las urnas designarían la nueva Presidencia del Gobierno. En lo que parecía un arrebato de honestidad, Mariano Rajoy clausuró la convención organizada para presentar su proyecto de cara a estos plebiscitos manifestando su compromiso “con la verdad, aunque a veces, la verdad es incómoda de contar”. Esclareció que los principios que debían caracterizar a su labor de gobierno -en el supuesto de ganar las elecciones- eran también “la valentía y la responsabilidad”. Me permita ahora el Sr. Presidente del Gobierno que coloque un retazo de esta verdad sobre la mesa de su despacho, entendiendo que se mantiene en la misma línea y que es capaz de aceptar y responder a la incomodidad de oír la verdad, de la misma manera en que estaba dispuesto a contarla. Fue aquél día su interés personal y hoy es coincidente con el mío, por lo que no veo motivo de que se moleste.

Esta no es una entrada de análisis completo de gestión, ni siquiera de pretensiones políticas. Es un intento de elucidar qué se puede hacer para que algunos colectivos de víctimas  no salgan malparados en las especulaciones electoralistas, para que no sean más afrentadas. Los hijos, sus madres y la verdad han salido malparadas por el aborto y la injusta legislación que se le aplica en España, fruto de las aberraciones que han dado en considerar que existe un derecho consistente en despedazar a un español en lugar de darle amor, alimentos, protección y lo que sea necesario para que pueda vivir con dignidad. Mi hipótesis es muy sencilla: Si el Partido Popular hubiera obedecido al bien común y a los principios y valores que lo ordenan, se habría mantenido en una sola línea de actuación, en lugar de la intermitencia que vamos a encontrar. Nada habría que hacer por estas víctimas, ya que esta misma formación política habría tomado las iniciativas políticas, legislativas y judiciales pertinentes, devolviendo  la dignidad que siempre hemos reconocido a la vida humana.

Verdad que duele escuchar, pero que no pide anestesia sino reparación; que no habría de desmoralizarnos, sino más bien, devolvernos la confianza en que aún se puede rectificar. Al fin y al cabo, aún no hemos perdido todos la cordura. Tampoco estamos todos obsesionados por llegar al poder, o porque unas u otras siglas lo hagan. Sabemos que hay muchas otras cosas que están por encima de esto. Seamos pues honestos y reclamémoslas a todo riesgo, a todo trance.

Sí era urgente frenar al aborto

Cuando escribo esta entrada, lo hago dolido, No es que la gestión del PP haya resultado para mí una decepción, porque algunas declaraciones de su presidente lo auguraban de antemano. Es por ver que el sistema democrático se ha convertido en un obstáculo para el recto gobierno de nuestra nación, cuando se le supone todo lo contrario. Y por constatar una vez más que todo fraude es posible mientras se sepa justificar o se encuentre un medio para distraer la atención sobre el mismo. Pero lo que más me duele es nuestra indolencia absoluta, nuestra incapacidad para levantar la voz y denunciar estos atropellos, nuestra adicción al engaño tras el que poder parapetarnos. Me duelen España,  el alma y  este teclado, porque veo que nuestra impotencia se convierte en un escudo morboso. Contemplo que este siglo va a estar marcado por la satisfacción de no poder equivocarse al no poder hacer nada, esto me aterroriza. El hecho de que una madre mande despedazar a su hijo en sus propias entrañas o que lo haga envenenar ha pasado a ser una idea política, que determina si somos de uno u otro bando y que queda supeditada a unos cuantos usajes de tipo social que tienen valor hegemónico.

Permítame Don Mariano que coloque un hecho irrefutable sobre la mesa, arrinconando por un momento el chocolate deshecho y los bizcochos que nos recuerdan a Arrazola : En el año 2010 pidió la suspensión cautelar de la llamada “Ley Aído”, con un fundamento claro, razonable y justo: La entrada en vigor de una ley que despenaliza el aborto causaría daños completamente irreparables, pues se considera que “todo tiene remedio menos la muerte”. En caso de declararse esta ley anticonstitucional, no habría medio alguno de resarcir a la mayoría de las víctimas, ni de reparar los daños causados. Fue con este criterio que presentó un recurso al Tribunal Constitucional, pidiendo también esta suspensión cautelar y una resolución urgente (Que todavía no ha llegado). Cada día se mata en España a más de trescientas personas, por lo que resulta completamente inadmisible que la última salida dilatoria se la de postergar el anteproyecto de reforma de la ley del aborto por dar prioridad a la reforma del código penal.

Vea usted, Don Mariano, lo que han colocado sobre la mesa del Sr. Gallardón:

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¿El motivo? Un olvido.

No sé si lo tuvo sólo el Sr. Gallardón, si lo tuvieron todos. Pero sí puedo decirles lo que olvidaron: Lo urgente. Bueno, y lo importante también. Olvidaron que es mucho más urgente gobernar España que gobernar. Olvidaron que es más necesario ser humano que ser votado, el honor que corresponde a quien sirve con integridad, que la buena interpretación de unas estadísticas en donde parezca haber aumentado la popularidad.

No recuerdan lo que dijeron, no recuerdan lo que sentían. Tampoco lo que pidieron. Sr. Rajoy: Su responsabilidad (Aquél principio que iba a regir en su legislatura) habría de forzarle a hacer memoria. Cuanto menos, a abrir archivos y agendas, para decir al Sr. Gallardón: “¿Qué hay de esto?”

 Veamos como va Gallardón

En el Congreso de los Diputados respondió a la diputada socialista Ángeles Álvarez que “el legislador no debe ser indiferente ante estas situaciones, porque si se observa la realidad, muchas mujeres ven violentado su derecho a ser madres por la presión que generan a su alrededor determinadas estructuras, que en supuestos embarazos no deseados,. las hacen responsables únicas de estos conflictos”. En la misma respuesta a la Sra. Álvarez, esta vez sobre si querría recortar el PP los [mal llamados] “derechos sexuales y reproductivos de las mujeres”, afirmó que el PP “No solamente los va a recortar sino que va a aumentar la protección del derecho reproductivo por excelencia de la mujer, que es -a su juicio- la maternidad.” [A juicio del autor de esta entrada es el único y los demás, aspectos que derivan de él.] A juicio también del Sr. Gallardón -quien así lo dijo en esta misma intervención-, “Es insuficiente una legislación que se limite a proteger al no nacido mediante la tipificación penal del aborto y que no preste atención a la situación de la mujer que debe estar protegida.” Añadió a esto: “Es absolutamente insuficiente una legislación que se limite a la despenalización del aborto, sin remover los obstáculos reales que impiden a la mujer su derecho a ser madre, abandonando la protección al no concebido.” Puntualizó que “la ley [sobre el aborto que se supone aquí de una manera, luego fue de otra y luego no fue] se va a inspirar en eso: En el derecho de la mujer a la maternidad”, que “Ninguna mujer debería verse obligada a renunciar a la maternidad por un conflicto familiar, laboral o social.” Y reseño algo importante: “Esos son los principios rectores”, dijo.

“Dijo”, pero donde dijo “digo”, dijo luego “Diego”, porque

Gallardón viene

En una entrevista en la Cadena Ser, anunció que la reforma de la ley que pretendía sacar adelante el Gobierno “buscaría volver a la situación de consenso” que sobre el aborto suponía en España, antes de culpar a Bibiana Aído de haberla roto con su ley. Vemos que aquí se retracta, que los derechos de las mujeres están supeditados a las negociaciones internas del Congreso de los Diputados, en donde la aprobación de una propuesta se hace para obtener una contrapartida y no por la justicia intrínseca que haya en ella. Vemos también que achaca a la ex-ministro de “igualdad” [Sic.] las culpas que sobre él mismo recaen con esta acusación, ya que la promesa electoral de proteger la maternidad -que luego veremos- supone un consenso con muchos ciudadanos que le otorgaron el voto creyendo en ella. Vemos también que la vida no vale tanto, que todo es bastante relativo cuando se empieza a negociar, que debe evitarse que se sienta resentida la estética de la foto por la “nadería” de respetar la justicia. Vemos, en fin, cómo se hace para llegar al poder y la importancia total y absoluta que éste tiene frente a todo. Lo que no vemos por ninguna parte es dónde está recogido formalmente este consenso, que toma la apariencia de pacto secreto. Quizá es que no tenemos derecho a mirarlo, somos ciudadanos y no gobernantes.

Declaró también por el micrófono: “Haremos una legislación que no tenga ninguna duda, que respete la Constitución y la realidad social”.  No incidió sobre lo que había prometido el día anterior en el diario “La razón”, la supresión del llamado “aborto eugenésico”. No hay que ser tan reiterativo…

 Y Gallardón sigue viniendo

El día 23 de mayo de este año, confirma que su nueva ley del aborto incluirá un “supuesto de daño psicológico” para la madre. (Que digo yo, que es necesario suponer también que ninguno va a sufrir el hijo cuando lo maten). Esta declaración supone desdecirse de todo lo anterior. Alberga dudas, no respeta la Constitución ni la realidad social. Tampoco a la maternidad, ni mucho menos, la filiación. Ni los derechos humanos, ni las promesas electorales, ni… ¿Sigo?. No es necesario. En resumidas cuentas, no respeta nada. Se limita a devolvernos a 1985. Una ley “retro”, que nos retrotrae a la que su padre en persona hubo de recurrir al TC.

Como había anunciado con anterioridad que suprimiría el “aborto eugenésico”, ahora nos dice que no se va a hacer. Natural, antes iba y ahora viene… El bloguero “Elentir” señala con todo acierto: “No se podrá matar a un niño por ser discapacitado, pero sí por ser humano”.

Por el camino, se entretiene

Gallardón y todo el Partido Popular. Me pareció muy sintomática la escena del triunfo electoral, tras el triunfo del 20-N: Típico balcón de la sede del partido que ha ganado, a donde se asoman los invictos para ser vitoreados por los suyos. Sus juventudes gritan con entusiasmo algo que sólo se escucho en directo y fue filtrado por todos los informativos: “Quita el aborto”. Fue el clamor. No gritaban “hemos ganado”, “Presidente, presidente”. Pedían a voces: “Quita el aborto”, “Quita el aborto”.

Reclamaban  el cumplimiento del programa electoral, que establecía:

“La maternidad debe estar protegida y apoyada. Promoveremos una ley de protección de la maternidad con medidas de apoyo a las mujeres embarazadas, especialmente a las que se encuentran en situaciones de dificultad. Impulsaremos redes de apoyo a la maternidad. Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores.”  en su página 108.

 Fueron silenciados. ¿En nombre del “consenso”? No lo sé, pero una consigna recorrió el ramo del periodismo y todos los medios llevaban a conexiones con sedes locales o a cualquier otro punto, modificaban el audio o tapujaban como podían esta petición popular, que a sí misma hacía un partido que para mayor paradoja, tiene este adjetivo en su nombre. Hay para preguntarse quién había ganado y qué. (El cómo, lo estamos viendo).

A decir verdad, todo se silenció durante más de un año. Este tema fue tabú y podría haber permanecido entre la lista de los intocables que reciben los periódicos, los canales de televisión y de radio, hasta que quisieron presentar algo como novedad:  La diputada del PP Dolors Montserrat aclaró la situación:” No existe ninguna iniciativa formal más allá del compromiso del Ministro de Justicia de presentar un primer borrador antes de fin de año”. Puntualizando que “Ni siquiera hay un anteproyecto que haya sido tratado por el Consejo de Ministros”. Esto fue en agosto.

Un año y medio más tarde, parece haber perdido urgencia esta reforma, da la sensación de que no hay problema en que mueran cada día trescientos niños, pero descubrimos con sorpresa que sí se otorga especial interés a los simios y cefalópodos (Me encanta esta palabra, exponente al cubo de esta política.). En su favor sí se legisla. Ellos pueden acaparar la atención de la Cámara, que declara a menudo que aún no ha tenido tiempo para tratar sobre la reforma de la ley del aborto y siempre parece encontrar algo más importante.

Y siempre hay algo que entretiene

Cuando consiguieron apartar a los viscosos pulpos y dejar a los simios en el lugar legislativo que creyeron correspondiente, llegaron las “disensiones internas”, lo que dio juego a una nueva dilación. Se emplearon como pretexto para no haber avanzado nada, como el alumno que dice a su maestro que no está copiando el dictado porque su compañero le hace muecas de desprecio. Esta es la responsabilidad que les vincula. O éste es el obstáculo que encuentran para actuar, cada uno lo vea como quiera. Pero ¿Puede presentarse ante la sociedad civil el patético escenario de un gobierno en donde sólo una persona trabaja en lo que considera el Gobierno más importante y aun parece hacerlo a título personal, casi como una afición? Si buscamos en el diario de sesiones del Congreso de los Diputados, veremos la ingente cantidad de horas que se han dedicado a todos los temas habidos y por haber, necesarios y no tanto. Estoy convencido de que muchos de ellos los encontraremos absurdos, prescindibles o de rango menor. No hablo ya de los que se han resuelto en modo correcto y los que se han tratado de cualquier manera, sino de que pocos -muy pocos a mi entender- asuntos hay de mayor importancia que la ley que nos traemos entre manos.

Puede que sea necesario otorgar los esfuerzos de nuestros dignos Ministros y Diputados a sucesos tan trágicos que supongan millones de muertos cada día. Puede surgir algún asunto urgente que se haya de anteponer, porque se rompa el mundo por la mitad o arda España entera por los cuatro costados, pero díganme si no hay que mirar de una vez por todas qué se hace con 180.000 muertos. No, no hay ningún error al escribir la cifra. Ciento ochenta mil muertos lleva el PP a cuestas, en su entretenimiento por el camino.

Don Mariano, ya es hora de que escriba aquí el texto que quizá no haya podido leer, pero que está en el cartel que dejaron sobre la mesa del Sr. Gallardón:

 

“Hay niños que nunca podrán sonreír: morirán antes. Por su culpa, señor ministro.

Usted podría hacer mucho por salvarles y no lo hace. Simplemente, como tantos poderosos de este mundo, mira hacia otro lado ante el asesinato masivo de niños no nacidos. No es “interrupción voluntaria del embarazo”, ni tan siquiera es “aborto”: es, en verdad, un horrible crímen.

Usted y su partido, el PP, prometieron la modificación de la ley del aborto, esa funesta ley impulsada por Bibiana Aído, y no han cumplido la promesa. Trescientos niños mueren cada día en España como consecuencia de una norma que, sinceramente, dudamos que pueda recibir el nombre de “ley”.

Usted, señor ministro, ignora sistemáticamente la protección de la vida del no nacido. Si la vida no está entre sus prioridades, permítanos dudar de la bondad de su jerarquía de valores. No queremos pensar que, entre sus convicciones, figure la de que el cuerpo del feto es el mismo que el de la mujer y que, por tanto, puede ser eliminado como si de un tumor se tratase. No queremos creer que no sepa lo que dice la ciencia al respecto. Tampoco queremos creer que no quiera que los niños sonrían, o que jueguen, libres, en un mundo que, poderosos aparte, sí los quiere. Proteja el derecho a la vida -el único que garantiza todos los demás derechos del hombre- y modifique la “ley Aído”. Ahora. No siga acumulando errores que cuestan, cada año, miles de vidas humanas.”

No estamos acostumbrados en la actualidad a esta presentación: No se da una ideología contra otra, ni un partido que pretende desprestigiar a otro del modo que sea. Tampoco se contempla aquí el aborto como una palanca para ejercer la oposición, ni como una traba para impedir el medro del gobierno. La triste, pura y llana verdad, la que duele decir (Y duele escuchar) se impone.  No le pido que dimita. Ni siquiera, que se justifique. No persigo esto, sólo quiero que puedan vivir estos niños, que no sean víctimas de la civilización, en lugar de frutos de ella.

Cuando vemos que no existe una verdadera voluntad de frenar este abuso, que sólo se ha dado un amago retrocesivo a otro abuso de igual calibre y que hasta ese pretexto se ha echado atrás “por haber asuntos de mayor prioridad”, no podemos hacer más que preguntarnos qué les frena o qué les mueve, sin encontrar respuesta.

Por Iñigo Ruiz

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