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Observatorio de la televisión. 3, La formación del espíritu crítico

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El «Observatorio de la televisión» es una serie de entradas destinada al estudio de la influencia que ejerce este medio de comunicación. A fin de que pueda seguirse con facilidad, todas llevan este título de serie antes del que tenga cada episodio. De este modo, aplicando «observatorio de la televisión, Barcelonavida » en los buscadores, aparecerán todas las entradas relacionadas con este tema.

En mi anterior entrada del «observatorio» bosquejé a grandes rasgos los efectos que producen la pérdida de espíritu crítico por parte el espectador. Vimos que los estímulos generados y el modo en que se presentan a nuestros sentidos generan un estado poco propicio al análisis de los mismos, de donde puede suponerse un grave peligro educativo y aun de maduración u orientación personal. Como hay modo de corregir este defecto y es tan conveniente conocerlo como necesario es poderlo hacer, abordaré  ahora la manera de establecer los mecanismos de alerta y opinión necesarios para no dejar la guardia baja.

 

 

Observatorio de la televisión.  2, la formación del espíritu crítico

Ahora mismo, he colado este pequeño gazapo, para que vayamos acostumbrándonos a las fórmulas empleadas en la pequeña pantalla. Me he inspirado en un canal «new-age» de lo más sensacionalista: Discovery Channel. Encontramos en él la constante promesa de un contenido, tras la que reiteran el título del programa, como he hecho aquí. Llega un momento en que se vuelve interesante esta misma repetición, en que nos llegan a gustar más estas introducciones que el contenido posterior, pese a estar anunciado a bombo y platillo. Estímulo condicionado, merito «perro de Paulov»; Los de media edad: ¿Recordáis cómo empieza la serie «Verano azul?» . No, no empieza así, sino por la reiteración de un arpegio de cinco notas muy rápidas y monótonas. Luego, sigue la música. Los pequeñines, «¿Estáis listos, chicos?… » ¡Sí, capitán!. (Inicio de Bob Esponja). Abuelos, ¿Recordáis la música de la serie «El fugitivo»? Arpegio de cuatro notas, muy lento y decreciente.

Cuando Paulov tocaba la campañilla, el perro a quien sometió a experimento sobre el estímulo condicionado tenía una súbita salivación, porque asociaba este sonido con la comida que siempre le acompañaba. Es lástima que no sepa demasiado de música, por lo que intentaré invitar a quien yo me sé, para que comente mejor la diferencia entre las partituras usuales y las televisivas. Pero hay algo que me llama la atención: La mayoría de notaciones musicales de la coral de mi mujer empiezan por la nota «La», más o menos, la de enmedio de la escala. Sin embargo, los introitos de las músicas que he mencionado anteriormente, tienen un registro especialmente agudo en «Verano azul» y muy grave en «El fugitivo». Además de sonar, la campanilla debe llamar la atención.

Todas estas pistas las doy porque creo que el mejor modo de incentivar al espíritu crítico consiste en motivar su ejercicio. Soy de los que creen que el seguimiento de costumbres tiene importancia vital en la educación y no es otra cosa lo que intentamos aquí.  por tanto, propongo como primer esfuerzo el de identificar los fenómenos que se van exponiendo.

No obstante, creo mejor enunciar el sistema para que cada lector pueda usar las fórmulas que el mismo le sugieran, sabedor de que puede avanzar en un cultivo personal y confiando en que lo hará de modo más enriquecedor que el seguimiento de un «tratado», que en absoluto estoy escribiendo. (Me falta mucho orden para poder hacerlo.) El principio básico es de lo más sencillo: Se trata de conocer y contrarrestar los fenómenos que producen esta pérdida, dejándose llevar por algo que es innato en la persona: El funcionamiento de su acción valorativa. La crítica es el resultado de un estudio, por lo que el primer requisito  es prestar atención. Pero no hacia donde nos la pretenden centrar, no para «ver lo que nos echan» sino para «mirar lo que queremos ver». Y «escuchar lo que queremos oir», porque no siempre la parte caudal del mensaje se encuentra en la imagen, aunque ésta sea un aliño argumental. Como en todo estudio, hay que hacer un ejercicio de comprensión. Va a requerir un esfuerzo personal, no es mal comienzo para ir contrarrestando. Por lo mismo, se ha terminado para siempre el interés sobre la oferta. A partir de ahora, nos interesaremos «en demanda». Y romperemos el «pacto de silencio familiar», más bien, nos dedicaremos a la caza de intenciones, yendo en competencia a ver quién tiene mejor radar para detectar los circuitos a través de los cuales nos las infunden.

Ante la abundancia de datos se debe proceder a estructurarlos y revisar si tienen la importancia con que se nos están ofreciendo, si no se altera el escalafón y si se presentan con el necesario orden. Revisando nuestro propio marco de suficiencia (=lo que conocemos al respecto), analizar si se ofrece el ámbito con honestidad, si no se están omitiendo algunos datos muy representativos que no interesan al programa o si se exageran otros, para restar importancia a lo evidente. Datos e ideas vienen muy conexos en la intención, por lo que el mismo balance habría que hacer con la intencionalidad ideológica que pueda estar manifestándose. Cuando llegue un momento de gran complejidad todo habrá quedado conjuntado en favor de la tesis de la cadena, por lo que ésta será más evidente. Habrán empleado una sistematización, y es momento de ver si coincide con la nuestra. Pasemos «del espectáculo al pensáculo».

A través de la repetición de conceptos podemos sospechar una intencionalidad y especialmente, el intento de acotar el espectro educativo (formativo e informativo) hacia el ámbito que desean que tomemos como relevante, lo que implica necesariamente una restricción de los otros, ya que televisión es tiempo tasado. En el insoportable estilo norteamericano de los reportajes o documentales lo vemos clarísimo. Se reitera constantemente, buscando casi una obsesión sobre el tema que se está tratando, aunque éste no se exponga precisamente de una forma brillante. Son machacones hasta la saciedad, ofreciéndolo todo en una forma muy sintética, que busca especialmente la memorización de lo que tienen por dogma. Siempre hay que preguntarse por qué se repite. Pero también hay que sospechar bastante cuando no se hace en absoluto, cuando la apariencia es de una presentación muy polifacética. El estilo europeo es bastante diferente, basándose más en la alusión sesgada o la «indirecta», en que se lleva al espectador a una conclusión lógica preconcebida, pero usando de la estrategia de que sea éste quien la extraiga.

Cuando la apariencia es frívola o lúdica, se hace necesaria una valoración sobre si es el modo mejor de abordar el tema que se está tratando o si nos están empleando una fábula infantil para llevarnos a donde quieran. Es bueno preguntarse cuál sería el resultado de tratar lo mismo en modo trágico, cuál es la situación antagónica a la que estamos viendo y por qué han escogido este tema, entre todos los que puede haber. A menudo se encuentra en esto una finta.

Si nos encontramos con una argumentación sólidamente estructurada, no tenemos motivo para rendirnos ante ella sin preguntarnos: ¿Está toda?,¿Cómo se rebate?,¿Hacia dónde la orientan?,¿Coincide con la mía? Y acto seguido, comparar las «etiquetas» que han colgado a cada aspecto. Porque el uso de estas «etiquetas» es la clave . Dicen los abogados que lo más importante para un juicio es la tipificación del auto. Tanto la defensa como la acusación, se preocupan mucho de que sea la que les conviene, porque de ella depende más la sentencia que del resto del juicio. Así, los adjetivos que emplean para cada aspecto, el tratamiento de la imagen y del sonido, suponen la carga o el cargo en lo que se está pretendiendo. La tendencia general es la de valorar las evidencias, por lo que se recurre a menudo a ellas, pero a veces, no basta con la cruda realidad cuando se nos pretende disuadir de algo. La mente tiene tendencia a dejarse llevar por dos tipos de cosas: Las ideas y los sentimientos. Cuando se decide recorrer el camino de apelar a los sentimientos en refuerzo (o negación) de las ideas, se emplea por regla general la seducción y para obtenerla, la sugestión. En el mecanismo sugestivo encontramos el empleo intencionado de los sentidos para la obtención de una conclusión final, que resulte de una suma de sensaciones y opiniones al respecto que se ha conducido en concurso para obtener el resultado. Así, con las «etiquetas», calificaciones, connotaciones y denotaciones, se consigue un perfil tentador, pero también, distorsionado.

Quedó muy de moda la palabra «connotaciones» pero pocos se han parado a mirar su significado. Simplemente, se emplea con fines periodísticos en un contexto en que se da el significado por consabido. Sobre la «denotación», no se tiene ya idea.  Una palabra viene a ser antónima de la otra. Así, «denota» lo que en su directo uso lingüístico tiene un claro significado, mientras que la connotación es cercanía a otro significado afín o similar, que se entiende por asociación. Cada persona tiene en su habla marcados unos territorios que derivan de su ideario y en última instancia, de su ideología, por lo que contemplar el uso de su etiquetado casi equivale a oir una autodescripción de la misma. Nunca se puede caer en el enorme error en que encontramos a todos los críticos cinemátográficos, consistente en el empleo de unas etiquetas que vienen de serie, sin profundizar sobre el contenido, significado o discurso de la obra. Quizá el primero fue un majadero y a él le siguió el resto.(Lo mismo se dice de los poetas), pero el decir que una película «es maniquea» y quedarse tan orondo por haberlo hecho, es una fatua estupidez. No veréis que así analicen las obras los buenos críticos literarios. Lo importante no es sorprender con un vocabulario enrarecido (e incomprensible), sino llevar a la cabeza a pensar sobre qué es esto que me ponen aquí, para qué me sirve conocerlo, cómo debo interpretarlo, para qué lo quiero… Para ser prácticos, aunque parezca mentira.

Por último, un lema que puede ser muy útil en todo el mundo de las ideas, también en los estudios: «Quaere quid nunquam fuit», «Busca lo que nunca existió».

Por Luna.

 

 

 

 

 

 

 

 

Written by barcelonavida

julio 26, 2012 at 11:38 pm

Observatorio de la televisión. 2, Entonces,¿Qué hacer?

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 ¿Qué sugiere el tratamiento de esta foto de la película «La gran familia»?

 El “Observatorio de la televisión” es una serie de entradas destinada al estudio de la influencia que ejerce este medio de comunicación. A fin de que pueda seguirse con facilidad, todas llevan este título de serie antes del que tenga cada episodio. De este modo, aplicando “observatorio de la televisión, Barcelonavida ” en los buscadores, aparecerán todas las entradas relacionadas con este tema.

 

¿Por qué no arrearle un trastazo a la tele y partirla por la mitad?

Si vimos en la primera entrada de este observatorio que la televisión tiene efectos nocivos -concretamente, que obnubila y hace perderel espíritu crítico- lo más sensato sería destruir este cacharro y dedicarse a otra afición. No lo recomiendo. aparte de que ya he hecho la disección de una pantalla de plasma moderna y veo que sus tripas no tienen el interés de las catódicas de antaño, creo que puede tener un sentido educativo, con la correcta dedicación y el necesario tratamiento. Educar es en cierto modo, prevenir y encauzar lo que en esta vida nos va a ir apareciendo, para que sepa encajarse en modo positivo. De nada serviría la burbuja protectora que aisle de todo peligro venidero, que en el fondo no tiene otra facultad que la de inhibir y adormecer al indivíduo.

Aunque duela decirlo, aunque me dé rabia hacerlo, la televisión forma parte de nuestra cultura y aun  de nuestro bien común, por lo que es forzoso aceptarla y conocerla. En «mi» siglo XII (En el que querría haber nacido) no había estos chismes ni estos problemas, pero me han tocado el XX y el XXI y no solo he de aceptar este electrodoméstico charlatán, sino que además, tengo vedado el uso de armadura y espada. En fin, no se puede tener todo lo que se desea. Como contrapartida, disfruto de este blog y se ha descubierto el tabaco.

Dijo Leonardo Da Vinci que «Quien no sabe disfrutar los placeres de esta vida, no los merece». Probablemente, si hubiera visto un par de anuncios y dos reality, habría comentado algo más sobre el formato, la proporción y el tratamiento del color. Pero no lo hizo, así que he de quedarme con lo que dijo, sin entrar en lo que diría.

Aparte de esto, la experiencia en mis sobrinos me ha demostrado (convencido, persuadido más bien) de que este instrumento sirve para favorecer justo lo que destruye: El espíritu crítico. La verdad es que no podía creer en lo que hacía mi hermana con sus hijos y en más de una ocasión, le comenté que no debía tener demasiada confianza en sus logros, que se estaba metiendo en una batalla perdida de antemano. Sabed que mi hermana Elena se agarró por banda a sus  super-enanos y los plantó delante de la catódica de treinta pulgadas, sometiendo a los dibujos animados al tercer grado de un ejercicio de comprensión. ¡Y aún hay quien cree que la carrera de filología no sirve para nada!…

A los siete años, mis sobrinos podían responder a múltiples preguntas sobre lo que estaban viendo, dar su opinión personal, imaginar cómo seguir o cómo podría acabar la historia, decir lo que en ella encontraban a faltar o lo que más bien, les sobraba. Y sabían qué programas no eran aptos para su edad, pudiendo decir el motivo. Hoy van por los veinte años y es un verdadero placer oirles discurrir sobre la programación, ver cómo son capaces de encontrar segundas intenciones, presentaciones manipulativas o sesgadas. Pero no se termina el buen rato cuando se pasa a otro tema de conversación, ya que sus aficiones son multiples y en todas ellas se da una efusión de su personalidad. Es por ellos que no lo doy todo por perdido.

Recuerdo los rudimentos de estas enseñanzas, cuando eran verdaderos microbios. Mi hermana les daba el mando a distancia y les hacía elegir un canal de entre los que tenían permitidos. Ellos lo hacían y encontraban el comentario sobre el mismo: «Estos dibujos son muy violentos y en ellos no se enseña a tratar a los amigos, sino a ganar siempre». O bien: «Aquí se enseña mucho sobre lo bonita que es la naturaleza, pero nada más, ni siquiera han querido los que hicieron esta serie que sus personajes tuvieran papá y mamá»… Pronto vieron por sí mismos cómo se estaba presentando una realidad distorsionada o falta de todos sus componentes, en donde había valores que nunca se manifestaban y otros que lo hacían en exceso, sin ser preponderantes.

Y había que verles cuando escuchaban la sonatina de Rubén Darío, lo mismo que era necesario responder qué era una hipsipila, o porqué era deseable que dejara la crisálida… (La princesa está triste, la princesa está pálida).Para cuando se inventó Harry Potter, mi sobrino se encajaba el libro entero, de un grosor más que considerable. Vió luego la película y era sorpresa de sus compañeros de clase lo que sobre ella decía, proponiendo nuevas escenas o encuadres, suprimiendo pasajes que algunos tenian por colosales… Pero también era cosa de ver cómo imitaba a un taxista gallego y a un futbolista canario, en una conversación que improvisaba. Todas estas actividades tienen un tronco común: El análisis y las conclusiones encaminadas a la respuesta, que luego es distinta en cada caso.

Cierto que mis sobrinos gozaron de las narraciones de Gloria Fuertes (De quien mi hermana es gran admiradora), de los cuentos de Perrault y de los polichinelas, que no fueron embalsamados por la factoría Disney. Esto les hizo mucho bien. No lo tuvieron todo resuelto en dibujos de alta definición, sino que habían de representárselo mentalmente. Así, cuando se estrenaba «Aladdin», me encontré que  la estaban «viendo»… con la «tele» apagada. No me resulta difícil explicarles cómo funciona una linotipia o una pianola sin recurrir a papel ni fotos, usando simplemente de la descripción verbal de su funcionamiento, aunque se trate de aparatos que no han visto en su vida. Pueden reir con Góngora o Quevedo, sin necesidad de que nadie les explique sus agudezas y aun serían capaces de imitar su estilo.

Todo esto (y quizá más) es fruto de una actitud y de un ejercicio que se han dado en gran parte frente al televisor. No, no lo rompáis, puede ser una buena escuela. Ya veremos cómo.

Por Luna.

Written by barcelonavida

julio 2, 2012 at 1:03 am

Observatorio de la televisión. 1, La obnubilación del espíritu crítico

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Ya hacía años que quería abrir una sección en internet dedicada al análisis de los fenómenos que se dan entorno a los medios de comunicación, dada la preponderancia que tienen actualmente en la opinión publica. Siendo consciente de que es una temática muy basta, ví que no podía abarcarse por completo, por el riesgo de caer en uno de ellos: Lo que hoy llaman «infoxicación». -Estado de abulia producido por un exceso de datos que va más allá de la capacidad de proceso de los mismos.-

Cuando me planteé centrar la atención sobre los programas y las cadenas televisivas, estábamos ante otra situación en que esto podría haberse hecho. Teníamos entonces la TV. analógica y no había la infinidad de cadenas que se dan en la actualidad. Imposible conocerlas todas lo suficiente como para emitir sobre ellas valoraciones. Para poder sumergirmeadecuadamente, necesito hacerlo hoy en un marcomucho más generalista.  Agradecería la colaboración de todos aquéllos que puedan aportar estudios específicos u opiniones sobre temas puntuales, como series y programas, la influencia que ejercen sobre los espectadores, el poder de la publicidad… Tenemos mucho por delante y entre todos, podemos verlo mejor.

 

La obnubilación del espíritu crítico del espectador.

He estado tentado de titularlo «la hipnosis», pero me ha parecido que algo tendría de sensacionalista este titular, por lo que prefiero el que he adoptado. Debemos tener en cuenta que no siempre consiguen los medios el efecto que buscan, que hay otro de carácter espurio que se les escapa de las manos, pero que tiene mucha importancia en el resultado final de la emisión. La actitud crítica tiende a descender con la abundancia o complejidad de datos repetidos, ante la apariencia lúdica o frívola de un contenido, o ante una argumentación expuesta de manera muy estructurada. Por contrapartida, la excitan el interés y la evidencia, la asociación de ideas y la sugestión, a veces. Otras, provoca el efecto contrario.

Ya asoma en el párrafo anterior el daño que puede causar la publicidad, cuyo cometido es disuadir para el consumo, que emplea los ingredientes enumerados  y no tiene (en principio) intencionalidad educativa . (Luego veremos que sí la tiene). No creo que los publicistas busquen intencionadamente una reiteración , pero la suma de anuncios lleva a compilarlos. Como no se pueden vender los cacahuetes a puñados y sin bolsa, necesitan presentarlos en un sobre colorido y de buena apariencia. Como tampoco los venderían como algo repugnante,  se hace preciso hacérnoslos tentadores. Una tentación tras otra, terminan sumando el hedonismo actual y es por esto que en nuestra cultura moderna se rinde culto al hedonismo, lo que comporta en las personas un descenso de afán por considerar aspectos que no estén relacionados con la obtención del placer. Tenemos esto ejemplificado en lo muy habitual que viene siendo que haya varios televisores en los hogares, que ya no se reuna la familia para ver el mismo. Cada uno busca el placer en unos contenidos diferentes.

Hay muy poco remedio, ya nos hemos acostumbrado así y así seguiremos: Nos lo tienen que dar todo hecho, porque hemos renunciado al esfuerzo. Teniendo una máquina de presentarnos espectáculos ante nuestros ojos, ¿Para qué vamos a tomarnos la molestia de escoger por otra parte? Elejimos -a lo sumo- el canal o el programa, haciendo «zapping» con el mando. Esto equivale a agarrarse una enciclopedia, empezar por «abacá» y seguir por «abecé, ababol»…

No ha mucho, había la TV1 y la UHF. La primera era verdaderamente aburrida y en la segunda no daban nunca nada, o había problemas para verlo con un mínimo de nitidez, aunque fuera la justa para comprender las imágenes. Para que me entiendan lectores jóvenes, era como ver el «canal plus» codificado. Como aquello era infinitamente intragable, terminábamos por leer las travesuras de Guillermo o Periquito y Gustavín. Quienes no lo hacíamos, nos enzarzábamos en una pelea con nuestros hermanos, parando los golpes de almohada con «El principito». (Que era otro rollazo intragable que parecía muy adecuado para los niños a nuestros tíos). Los adultos leían el «¿Qué pasa?», tertuliaban y hacían «visitas». Si digo que a mi padre le entusiasmaba el firmamento, que construía telescopios para contemplarlo y que descubrió un cometa porque recordaba el Comas y Solá de memoria, parecerá hoy una excentricidad. Pero era muy habitual la «dedicación» y todos tenían alguna, que no se comprendía como el «hobby» consumista de hoy sino como una iniciativa en que emplear instructivamente el tiempo y cultivarse.

Hoy se ha perdido este carácter volutivo y nuestro interés no actúa en demanda, sino ante ofertas. Cierto es que hay mucho donde escoger entre toda la pléyade emitida, pero no comprende el mundo entero y todos sus aspectos. Al limitarnos a buscar entre lo que nos envían, queda restringido el espectro de lo que puede motivarnos, aun cuando no nos damos cuenta de este suceso.  No le pasa lo mismo a mi hija, quien me pide ver «Peppa pig» en el ordenador que uso para escribir esto, porque no lo dan ya por TV. (Sabe que alguna vez se lo he puesto por internet).

La ventana sin aire busca la máxima audiencia y entra en clara competencia con sus rivales, por lo que busca lo que pueda gustar en común, su temática es mucho más reducida de lo que pueda parecer a primera vista.  Así, nos inclinamos por temas que suponen verdaderas modas pasajeras o topicos inamovibles, los «clichés». Ni siquiera conocemos ya lo que de parecido tuvo la Grecia clásica con su mitología., no digamos de sus filósofos y de sus ideas. No es de extrañar que al encontrar todo tan presentado, restringido, esquematizado y espectacular, se reduzcan mucho las ganas de mover un poco las neuronas, de opinar sobre lo que se está emitiendo. También hay un convenio (tácito o expreso) de que han de callarse estas observaciones, que sólo puede hablarse para decir cualquier frase sin importancia como «Esta es Greta Garbo» (Cuando todos menos yo lo saben perfectamente.) Muy poco aconsejable que se sienten varias personas a prohibirse opinar, mientras reciben opiniones o lo opinable. Peor, cuando han perdido la iniciativa de la lectura, el trabajo manual o la relación social y sólo saben llenar el vacío de tiempo mirando y escuchando a un ajeno a la familia. Conocemos perfectamente constructos como el western o el reality-show, sin pretender conocer para nada la realidad que nos envuelve.

Entendiendo la atención como la apertura al trabajo cognitivo a través de proceso de las sensaciones y la memoria, pareciera que fácilmente se ha de llegar con ella al ejercicio crítico. Que le pregunten esto a un mago… Es cierto que los programas pueden captar nuestra atención por completo, pero queda enfocada hacia lo que se destina de antemano, de una forma que puede llegar a sorprendernos por su verticalidad dictatorial. Si la lógica se basa en el proceso de consideraciones supuestamente fiables de generalizaciones o especificidades tomadas de la realidad que se estudia, el acotamiento de esta realidad, de sus respectos o sus razones puede dañar por completo este cógito inicial y -naturalmente- su resultado. Pero es que no sólamente se acota el terreno que se presenta ante nuestra opinión, sino que se da en un ámbito connotatorio (o denotatorio) intencionado que no pocas veces ha de llevar en modo matemáticamente infalible a l resultado preconcebido. La mano que enseña el conejo se encarga de distraer sobre la que verdaderamente hace el truco en esta prestidigitación.

Para poder descubrir esta manipulación, basta un ejercicio de inducción-deducción y apertura de espectro temático: Sobre el tema presentado, sometamos nuestros conocimientos personales a una generalización, extrayendo de ella conclusiones (Inducción). Si de las obtenidas vamos a campos concretos (deducción), nos encontraremos de pronto ante un estado que confronta claramente con el ambiente mismo de la programación, como si hubiéramos estado ausentes durante una parte o de pronto, sus autores fueran otros. Es la sensación de «retorno a la alienación», una de las que no sentiremos si no buscamos mediante este tipo de ejercicios y análisis.

Se puede llegar muy lejos en la consideración sobre los resultados de esta obnubilación, de la orientación que sobre la crítica se establece intencionadamente o sobre la uniformidad ideológica y moral que está deveniendo de este molde para el sentir común. Y lo haré, pero no en esta primera entrada, que se termina aquí por temores personales a estar escribiendo algo demasiado largo.  Soy consciente de que no he llegado ni a la cuarta parte sobre el espíritu crítico, pero no quiero traspasar esta frontera, para tener «jugo» con que redactar otros posts. No sé si sabréis que lo de colgar una entrada diaria (o aunque sea cada dos días) genera más pronto o más tarde una falta de inspiración que cuesta bastante superar. Y claro, hay que tener algunos trucos.

Por Luna