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defensa de la vida y la familia, valores, sociedades intermedias

Alegría, optimismo

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Alegría. Optimismo. Acción de Gracias

Optimismo

Jerry, el optimista

Jerry siempre estaba de buen humor, y siempre tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba cómo le iba, el respondía: -Si pudiera estar mejor, sería gemelos. Era gerente de un restaurante, y era un gerente único porque tenía varias meseras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón por la que las meseras seguían a Jerry era por su actitud: él era un motivador natural. Si un empleado tenía un mal día, Jerry estaba ahí para decirle al empleado cómo ver el lado positivo de la situación.

Este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Jerry y le pregunté: – No lo entiendo… no es posible ser una persona positiva todo el tiempo, ¿cómo lo haces? Jerry respondió: – Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo: “Jerry, tienes dos opciones hoy. Puedes escoger estar de buen humor o estar de mal humor”. Escojo estar de buen humor. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo aprender de ello. Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo señalarle el lado positivo de la vida. – Sí, claro… pero no es tan fácil – protesté. – Sí lo es – dijo Jerry -. Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección. Tú eliges como reaccionas ante cada situación. Tú eliges como la gente afectará tu estado de ánimo. Tú eliges estar de buen humor o mal humor. En resumen: ¡tú eliges cómo vivir la vida!

Reflexioné en lo que Jerry me dijo. Poco tiempo después, dejé la industria de restaurantes para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Jerry cuando tenía que hacer una elección en la vida. Varios años más tarde, me enteré que Jerry hizo algo que nunca debe hacerse en un restaurante. Dejó la puerta de atrás abierta una mañana, y fue asaltado por tres ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano, temblando por el nerviosismo, resbaló de la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Con mucha suerte, Jerry fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una clínica. Después de 18 horas de cirugía y varias semanas de terapia intensiva, Jerry fue dado de alta aún con fragmentos de bala en su cuerpo.

Me encontré con Jerry seis meses después del accidente y, cuando le pregunté cómo estaba, me respondió: – Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo. Le pregunté que pasó por su mente en el momento del asalto. Contestó: – Lo primero que vino a mi mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso, recordé que tenía dos opciones. Podía elegir vivir o podía elegir morir. Y elegí vivir. – ¿No sentiste miedo? – le pregunté. Jerry continuó: – Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien, pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en sus caras y en las de las enfermeras, realmente me asusté… podía leer en sus ojos que era hombre muerto. Supe entonces que debía tomar acción… – ¿Y qué hiciste? – pregunté. – Bueno… uno de los médicos me preguntó si era alérgico a algo y, respirando profundo, grité: “¡Sí, a las balas!”. Mientras reían, les dije: “Estoy escogiendo vivir… opérenme como si estuviera vivo, no muerto”. Jerry vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su actitud.

Acción de gracias

Anillo de compromiso

 

Un muchacho entró con paso firme en una joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuvieran. El joyero le enseñó uno. El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó. Preguntó luego el precio y se dispuso a pagarlo. “¿Se va usted a casar pronto?”, preguntó el dueño. “No. Ni siquiera tengo novia”, contestó. La sorpresa del joyero divirtió al muchacho. “Es para mi madre. Cuando yo iba a nacer estuvo sola. Alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, pues así se evitaría problemas. Pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas, muchos. Fue padre y madre para mí, y fue amiga y hermana, y fue maestra. Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. Quizás después entregue yo otro anillo de compromiso, pero será el segundo”. El joyero no dijo nada. Solamente ordenó a su cajera que le hiciera al muchacho el descuento aquel que se hacía solo a clientes especiales.

ALEGRÍA

Si no tienes sentido del humor, estás a merced de los demás.

William Rotsler

Sonríe aunque sólo sea una sonrisa triste, porque más triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír.

Anónimo

Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena

Anónimo

Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra.

Anónimo

Añorar el pasado es correr tras el viento.

Proverbio ruso

Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.

Cervantes (El Quijote)

No hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa.

Alejandro Casona. Dramaturgo español.

OPTIMISMO

No maldigas la oscuridad, sólo prende una vela.

Proverbio

Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejaran ver las estrellas.

Rabindranath Tagore. Dramaturgo, poeta y filósofo indio.

De nada le sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pero siempre le es posible mejorarlos.

Thomas Carlyle

Optimismo. Sentido positivo, accion de gracias

La silla de ruedas

05:30, oigo el despertador. Uf, ya es hora de levantarse, pero si acabo de acostarme… ¿Por qué tiene que estallar ahora este cacharro? ¿Por qué no puedo esta tan desvelado, como ayer cuando me acosté? Me quedaré cinco minutos mas, luego en la autopista los podré recuperar. Cierro los ojos y me imagino que estoy en la playa tumbado, tomando energía de mi planeta preferido.

Lo que pensé que serían 5 minutos se multiplicaron por 8. Miro al reloj, que me responde con guasa que me he vuelto a quedar dormido. Como un cohete salgo de mi cama hacia la cocina para hacerme un café con la esperanza de que me ayude a abrir los ojos. La autopista no me permite gastar un poco de adrenalina para apaciguar mi tensión, sino que la aumenta cuando me doy cuenta que estoy atascado en ella. Cuando por fin llego a la estación de trenes veo como el tren traga a sus últimos pasajeros cierra las puertas lentamente y desaparece en el horizonte. Como era de esperar llegaré tarde al trabajo.

Después de la aventura que tuve para llegar al trabajo, la motivación se derrumba por completo al pensar en la montaña de trabajo que me está esperando. Después de 8 horas y media de duro trabajo estoy realmente por los suelos.

Mientras estoy esperando el tren para regresar a casa empiezo casi a deprimirme. Pienso lo bien que pudiera estar si tuviera mi propia empresa, podría ganar mucho dinero y ser mi propio jefe. Pienso de lo feliz que sería si conociera y compartiera mi vida con mi alma gemela. Pienso el gozo que sentiría si fuese una gran personalidad que viajara mucho y fuese reconocida y respetada. Sigo pensando y soñando llegando a la conclusión que debo ser la persona más infeliz del planeta.

Justo en este instante paso algo que almacenaré toda mi vida en el baúl de mis recuerdos. No hablé con un ángel, pero un ángel tuvo que haber planeado este encuentro. “Hola señor, me puede ayudar a subir al tren cuando venga”, me dijo una suave y alegre voz que procedía de una adolescente. A pesar de que estaba en una silla de ruedas su rostro resplandecía como un sol al amanecer. “Cómo no, señorita, ¿qué línea de tren va a coger para llegar a su destino?”, le respondí intentando sonreir.

Su tren tardó unos minutos en llegar. Me quedé con las ganas de preguntarle de cómo le era posible estar tan alegre y feliz estando en esa situación. Cómo le iba a preguntar yo, que estaba mil veces mejor que ella. Me puedo mover libremente, puedo ir donde se me antoje sin depender de nadie, puedo practicar cualquier deporte, subir cualquier montaña… Volví a meditar sobre lo infeliz que me sentía antes de encontrar a la chica y empezó a darme vergüenza de haberme sentido así. Sólo estuve preocupándome del mal día que tuve, estuve pensando en lo negativo de mi vida. ¡Que vergüenza!

“Ya llega mi tren, señor”. Le ayudé a subir el tren y con una sonrisa (esta vez sincera) le deseé un bonito día. Cuando perdí el tren de vista, empecé a repasar en las cosas positivas que puedo gozar en mi vida. No tardé mucho y empecé a sentirme bien y contento con ganas de disfrutar del presente a pesar de que tuve un mal día.

Hay un proverbio que dice que cuándo los vientos se levantan o cambian rumbo hay gente que empieza a construir muros, pero otros construyen molinos. En la vida encontramos muchos vientos, pero en vez de gastar nuestras energías en construir muros podemos construir molinos y ganar energías de estos vientos. ¿Recordamos a la chica en la silla de ruedas? Si hubiese construido muros para detener los vientos se habría agotado y se hubiese deprimido por no poder controlar los vientos. Sin embargo construyó molinos aceptando su situación y enseñando a los demás a ser positivos. (Carlos Prieto, tomado de http://www.andaluciaglobal.com/hadaluna)

Optimismo. Hablar bien (tb periodistas).

Contra viento y marea

Entre las situaciones más extremas que se dan en China, se encuentran las limitaciones en los nacimientos de los niños. Rebasarl el máximo permitido de un hijo por familia es un grave delito, perseguido con toda crueldad. Hace unos días, gracias a los medios de comunicación chinos que comienzan a dar unas impagables y nunca suficientemente reconocidas señales de independencia, han trascendido las horribles vivencias de un matrimonio por salvar a su hija de una muerte cruel. Cuando las autoridades chinas descubrieron que Zhang Chunhong, de 31 años, no solamente había eludido anteriormente el férreo control estatal con el nacimiento de un segundo hijo, sino que tenía muy avanzado un nuevo embarazo, se propusieron por todos los medios que su nacimiento no tuviera lugar en ningún caso. Para lograrlo, le inyectaron a la fuerza una solución salina que debió provocar el aborto, pero la niña nació viva. La doctora que participó en semejante salvajada ordenó que se dejase a la intemperie a la recién nacida en el balcón, sobre la nieve, pero una enfermera, a costa de graves riesgos y con la connivencia de alguna de sus compañeras, eludió la orden, asegurándole a la niña, en la más absoluta clandestinidad, un mínimo de alimento. Las súplicas de la madre para que le enseñaran a su hija fueron despreciadas, pero un periodista de la televisión local tuvo la valentía de sacar a la luz pública la situación, lo que supuso la aparición del bebé al que se le había negado la vida, aunque en condiciones lamentables, debido a la precariedad en la que se había mantenido. Cuando apareció ante las cámaras de televisión, pesaba solamente un kilo y tenía algunas lesiones y pese a que el día de su nacimiento había alcanzado los dos kilos y medio. Su padre la enseña orgulloso y declara: “Sin los periodistas, mi hija habría muerto”. (PUP, 3.X.01).

Acción de gracias

Una noche tormentosa

Una noche tormentosa hace los muchos años, un hombre mayor y su esposa entraron a la antecámara de un pequeño hotel en Filadelfia. Intentando conseguir resguardo de la copiosa lluvia la pareja se aproxima al mostrador y pregunta: “¿Puede darnos una habitación?”. El empleado, un hombre atento con una cálida sonrisa les dijo: “Hay tres convenciones simultáneas en Filadelfia… Todas las habitación, de nuestro hotel y de los otros están tomadas. El matrimonio se angustió pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo horroroso fuesen a conseguir dónde pasar las noche. Pero el empleado les dijo: “Miren…, no puedo enviarlos afuera con esta lluvia. Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré en un sillón de la oficina. El matrimonio lo rechazó, pero el empleado insistió de buena gana y finalmente terminaron ocupando su habitación. A la mañana siguiente, al pagar la factura el hombre pidió hablar con él y le dijo: “Usted es el tipo de Gerente que yo tendría en mi propio hotel. Quizás algún día construya un hotel para devolverle el favor que nos ha hecho”. El concerje tomó la frase como un cumplido y se despidieron amistosamente. Pasaron dos años y el concerje recibe una carta de aquel hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba un pasaje ida y vuelta a New York con la petición expresa de que los visitase. Con cierta curiosidad el conserje no desaprovechó esta oportunidad de visitar gratis New York y concurrió a la cita. En esta ocasión el hombre mayor le llevó a la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34 y señaló con el dedo un imponente edificio de piedra rojiza y le dijo: “Este es el Hotel que he contruido para usted”. El conserje miró anonadado y dijo: “¿Es una broma, verdad?”. “Puedo asegurarle que no”, le contestó con una sonrisa cómplice el hombre mayor. Y así fue como William Waldorf Astor construyó el Waldorf Astoria original y contrató a su primer gerente de nombre George C. Boldt (el conserje en la noche lluviosa). Obviamente George C. Boldt no imaginó que su vida estaba cambiando para siempre cuando hizo aquel favor para atender al viejo Waldorf Astor en aquella noche tormentosa. No tenemos muchos “Waldorf Astor” en el mundo, pero un jefe satisfecho o un cliente sorprendido pueden equivaler a nuestro Waldorf-Astoria personal.

Acción de gracias. Lo ordinario

Una ocasión especial

Mi cuñado abrió el cajón inferior del tocador de mi hermana y sacó un paquete envuelto en papel de seda. Llevaba todavía colgada la etiqueta del precio, con una cifra astronómica en ella. “Joan compró ésto la primera vez que fuimos a Nueva York, hace al menos 8 ó 9 años. Nunca se lo puso. Estaba guardándolo para una ocasión especial. Bien; creo que ésta es la ocasión”.

Sus manos se demoraron por un momento en el suave tejido, luego cerró bruscamente el cajón y se volvió hacia mí. “Nunca guardes nada para una ocasión especial. Cada día que estás viva es una ocasión especial”.

Recordé esas palabras durante el funeral y los días que le siguieron, cuando le ayudé a él y a mi sobrina a atender todos los tristes quehaceres que siguen a una muerte inesperada. Pensé en ello en el avión, de vuelta a California desde el Medio Oeste donde vive la familia de mi hermana. Pensé en todas las cosas que ella no había visto, oído o hecho. Pensé en todas las cosas que ella había hecho sin darse cuenta de que eran especiales. Todavía pienso en sus palabras y han cambiado mi vida. Leo más. Me siento en el porche y admiro el paisaje. Paso más tiempo con mi familia y amigos. Trato de reconocer los mejores momentos y disfrutarlos. No “guardo” nada; uso nuestra porcelana china y la cristalería para cualquier evento especial, tal como perder medio kilo, desatascar el fregadero o el primer capullo de camelia. “Algún día” y “Un día de éstos” están perdiendo su hegemonía en mi vocabulario. Si vale la pena ver u oír o hacer algo, es mejor que sea cuanto antes.

No estoy segura de lo que hubiese hecho mi hermana si hubiese sabido que no estaría aquí para ese mañana que todos damos por seguro. Creo que habría llamado a los miembros de la familia y a algunos amigos cercanos. Habría llamado a algunos antiguos amigos para disculparse y arreglar antiguas desavenencias. Son esas pequeñas cosas que se dejan sin hacer las que me enfurecerían si supiese que mis horas estaban contadas. Furiosa porque no poder ver a buenos amigos con los que iba a ponerme en contacto algún día. Furiosa por no haber escrito ciertas cartas que pretendía escribir un día de éstos. Furiosa y apenada por no haberles dicho lo bastante a menudo a mi esposo y mis hijas cuánto los quiero.

Estoy tratando seriamente de no aplazar, refrenar o guardar algo que pueda alegrar o hacer más luminosas nuestras vidas. Y cada mañana, cuando abro los ojos, me digo a mí misma que es un día especial. Cada día, cada minuto, cada vez que respiro, verdaderamente es… un regalo de Dios.

Agradecimiento a Dios

El zapatero

Estaba Dios sentado en su trono y decidió bajar a la tierra en forma de mendigo sucio y harapiento. Llegó entonces el Señor a la casa de un zapatero y tuvieron esta conversacion: – “Mira que soy tan pobre que no tengo ni siquiera otras sandalias, y como ves están rotas e inservibles. ¿Podrías tu reparármelas, por favor?, porque no tengo dinero”. El zapatero le contesto: -“¿Qué acaso no ves mi pobreza? Estoy lleno de deudas y estoy en una situación muy pobre; y aun así quieres que te repare gratis tus sandalias?” -” Te puedo dar lo que quieras si me las arreglas.” El zapatero con mucha desconfianza dijo: -“Me puedes dar tú el millón de monedas de oro que necesito para ser feliz?” -“Te puedo dar 100 millones de monedas de oro. Pero a cambio me debes dar tus piernas …” – “Y de que me sirven los 100 millones si no tengo piernas?” El Señor volvio a decir: -Te puedo dar 500 millones de monedas de oro, si me das tus brazos.” -“Y que puedo yo hacer con 500 millones si no podría ni siquiera comer yo solo? “El Señor habló de nuevo y dijo: – “Te puedo dar 1000 millones si me das tus ojos.” – “Y dime; ¿qué puedo hacer yo con tanto dinero si no podría ver el mundo, ni podría ver a mis hijos y a mi esposa para compartir con ellos?” Dios sonrió y le dijo: -“Ay, hijo mío; cómo dices que eres pobre si te he ofrecido ya 1600 millones de monedas de oro y no los has cambiado por las partes sanas de tu cuerpo? Eres tan rico y no te has dado cuenta! …”.

Optimismo. Superar las crisis.

A todos nos toca enfrentarnos con algunos momentos de crisis en los que se ve todo negro. Son el momento de practicar la paciencia y el abandono y no dejarse arrastrar por el pesimismo. Leo J. Trese cuenta uno de sus momentos de crisis.

Todo empezó por una llamada de la hermana directora para decirme que los Karnicks iban a sacar a su niña de la escuela porque habíamos admitido a una negrita en séptimo. Y justamente cuando la pena estaba sobre la mesa vino la señora Knowies, hecha un mar de lágrimas, con una carta anónima en sus manos en la que le decían cosas repugnantes. Traté de consolarla. ¿Pero será posible que en mi rebaño haya gente con tanto veneno?

Sí, todo esto, unido al natural cansancio del día, puede ser la causa del mal humor que tengo. Es una sensación de hombres hundidos, una tentación de preguntarme si todo lo mío vale la pena y de si voy realmente a alguna parte; si no hubiese estado mejor casado, con un trabajo sencillo y sin responsabilidad, como bombero, por ejemplo. Naturalmente, la cosa no llega siempre a ser tan sombría. Suelo empezar pensando con anhelo en claustros y monasterios, descubriendo súbitamente en mí una insospechada vocación religiosa, y que otro cargara con responsabilidades mientras yo respondo a las llamadas de la campana conventual. Desde luego, en momentos más lúcidos reconozco que no son más que estúpidos sueños. De sobra sé que no hay claustro donde refugiarse ni agujero donde escurrise sin que tenga que llevarme a mí mismo conmigo.

Leo J. Trese, Vasija de barro, p.138.

Alegría

Haydn: “Cuando pienso en Dios, mis notas surgen copiosas como el agua de una fuente”

Hubo quien le criticó porque sus misas eran demasiado alegres, pero el compositor tenía sus razones: “No puedo evitar que mi corazón salte de alegría al pensar en Dios”, decía Haydn.

Acción de gracias

Cuenta Mons. Karl Josef Romer, obispo brasileño, que la evolución del número de vocaciones sacerdotales resulta sorprendente.

“La verdad es que los obispos no tenemos una explicación plenamente satisfactoria. Lo cierto es que el interés por el sacerdocio ha experimentado una verdadera explosión en los últimos años en Brasil. Hace veinticinco años, el seminario mayor de mi diócesis tenía doce seminaristas. Se celebraba una única ordenación al año. Entonces empezamos a realizar un trabajo sistemático que incluía la oración por las vocaciones sacerdotales. Pasamos de una ordenación anual a dos o tres. En estos momentos, el seminario mayor de nuestra diócesis cuenta con 140 estudiantes: lo cual nos llena de alegría. La tendencia en muchas de las 270 diócesis brasileñas es parecida.”

Revista Palabra, 463, XI-02, p.78

Cariño. Agradecimiento.

Mister Thurstn, era conocido en Estados Unidos, como rey de la prestidigitación.

Un día le preguntaron cual era el secreto de sus éxitos.

—Mira, no son los muchos conocimientos, muchos me superan. Creo que mi cariño y agradecimiento al público. Jamás me acerco a las candilejas sin repetirme: “adoro a mi público, adoro a mi público”.

Dale Carnegie, Cómo ganar amigos, p.93.

Optimismo.

Después de la pérdida de los últimos territorios de ultramar: Cuba, Puertorrico y Filipinas, se acentuó en España la conciencia del desastre.

Algunos intelectuales, Generación del 98, apuestan por la modernización de la sociedad española. Así lo veía Ramón y Cajal:

“Huyamos del pesimismo como de virus mortal; quien espera morir, acaba por morir; y, al contrario, quien aspira a la vida, crea la vida. Seamos, pues, optimistas, porque sólo la alegría y serenidad se sienten fuertes y trabajan y esperan. No es hora de filosofar sobre las causas de nuestra caída, sino de levantarnos lo más rápidamente posible”.

Optimismo

(Sale más fácil si no nos encerramos en nosotros De un suplemento dominical copio la siguiente carta).

Un momento de cordura. Resulta que aún soy humana. Resulta que me encanta el sol, las flores, comer helado de vainilla. Resulta que lloro de rabia y dolor cuando veo las decenas de inmigrantes que arriesgan sus vidas en el mar, soñando con un futuro mejor, y compruebo que al llegar les esperan unas esposas y las miradas frías de unos funcionarios acostumbrados día a día a ver la misma imagen. Los veo temblorosos y siento su frío, su hambre. Y resulta que al volver al mundo cotidiano, me duele que la gente que me rodea me diga si no estoy un poquito gordita, indicándome sutilmente que mis medidas no son las adecuadas, sugiriéndome dietas imposibles y consiguiendo preocuparme de verdad por el tema. Y lloro de nuevo, pero esta vez porque no podré comprar esos tejanos ultragastados que tan bien quedan, porque me siento gorda y fea y poco femenina y fuera de lugar… Pero tras las lágrimas llega la cordura y recuerdo a la inmigrante que vi esta mañana en televisión, embarazada, llorando, temblorosa, en una patera. Y me importan cuatro pepinos mi grasa y mis arrugas en el contorno de los ojos. Pienso que mientras brille el sol, las mariposas vuelen y suene Elvis, seguiré soñando. Y que mientras viva intentaré ser yo, con exceso de peso y arrugas pero ante todo mujer, capaz de emocionarme aún ante los pequeños milagros y desgracias diarias.

Nuria Benaissa Hamid (Barcelona). Publicado en El dominical de la Vanguardia, 20-X-02.

Optimismo

(De la tradición gitana neozelandesa, un curioso relato sobre la creación, que espero no se malinterprete y se vea desde la sencillez con la que surgió. En lugar de problematizarse por el color de la piel prefieren verlo de otra manera).

La creación.

Cogió Dios un montón de harina y agua, hizo pasta y modeló las personas. Las colocó en el horno celestial para que se endurecieran.

Cuando los sacó estaban demasiado negros.

Acto seguido repitió la operación pero los sacó antes del horno.

—Demasiado blancos, se dijo al verlos.

Entonces decidió crear el tiempo y el reloj para controlar ese proceso de elaboración y volvió a intentarlo por tercera vez.

—Éstas sí están en su punto, dijo Dios, ni muy hechas ni crudas, sino doraditas.

Este es el origen de los gitanos.

Diane Tong, Cuentos populares gitanos, ed. Sirueta, n.138.

Optimismo

Los optimistas consideran que los fracasos se deben a algo que debe cambiarse y tienen un plan. Los pesimistas echan la culpa a algo o a alguien que no puede cambiarse”. Yo creo, nos dice Goleman, que dado un nivel de inteligencia, el logro real no depende tanto del talento como de la capacidad de seguir adelante a pesar de los fracasos.

Goleman, Inteligencia emocional, 151

Y en otro momento nos dirá el mismo autor:

Las personas optimistas se recuperan pronto de los fracasos, no se preocupan tanto del hecho de que las cosas puedan salir mal como de la manera de manejarlas para que salgan bien”

 Goleman, Inteligencia emocional, 153.

Optimismo

Matt Biondi podía igualar el record de 7 medallas que estableciera Mark Sptiz en 1972. Sin embargo, ya en la primera carrera de las Olimpiadas de USA’88 quedó tercero, y en las dos siguientes fue segundo, superado en los últimos metros. ¿Se vendrá abajo? Los comentaristas deportivos decían que sí. Su entrenador dijo que no, y acertó, pues ganó el oro en las 5 pruebas restantes en las que participó.

Más tarde, Seligman, el entrenador, comentó la raíz de su confianza: unos días atrás, en uno de los entrenamientos, le mintió y le marcó un mal tiempo. Le pidió que lo intentara de nuevo. Esa vez se superó. Otros nadadores, ante igual engaño, se vienen abajo.

El optimismo, igual que la esperanza, significa tener una fuerte expectativa de que las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y dificultades.

Goleman, Inteligencia emocional, 150.

Alegría

El Santo cura de Ars, un día de 1854, al salir del catecismo, mientras iba de la iglesia a la casa parroquial, hubo de soportar tales importunidades (unos querían cortarle trozos de sobrepelliz, otros arrancarle cabellos…), que algunas personas, llenas de indignación, le dijeron:

—Señor cura, tendría que mandar a paseo a todos estos… En su lugar me enfadaría hasta enrojecer…

—¡Ah, Dios mío!, respondió el santo, hace 36 años que estoy en Ars y todavía no me he enfadado; soy ya demasiado viejo para empezar.

Trochu, El cura de Ars

Alegría

Las personas son todo lo felices que deciden ser (Abraham Lincoln).

Los chinos dicen: “el hombre cuya cara no sonríe no debe abrir la puerta”.

He pedido a miles de hombres de negocios que sonrían a toda hora del día, y vuelvan a informar de los resultados. Uno de los que puso en práctica ese consejo relata su experiencia.

“A la mañana siguiente de estar con usted, cuando me peinaba me dije: Bil, hoy te quitarás ese ceño de vinagre. Cuando mi esposa me sirvió el desayuno le dije:

—Buenos días, querida.

Quedó atónita.

A partir de ese momento, todo ha sido diferente.

Covey, Los 7 hábitos…

Alegría. Tener aguante.

Un programa de radio abría el micrófono para que los oyentes contaran experiencias de cosas que les sacaban de quicio. Una señora comentaba:

—No soporto esa moda de utilizar el “cariño” para casi todo.

—Cariño qué me dices, cariño ni se te ocurra. Si eso te lo dice alguien mayor que tú, pasa, pero si te lo dice alguien que no conoces, pues te enoja.

—Oiga, me entran ganas de decir, yo no le conozco de nada, ¿a qué vienen esas confianzas?

Comentario. Cuidado con acumular demasiadas “cosas que me sacan de quicio”.

Optimismo. Lucha

Dos ratones caen en un cubo de leche.

El primer ratón, desilusionado, perezoso, se dejó llevar. El segundo, no perdió el ánimo y, con su buen carácter, mientras nadaba, reflexionaba. Y comprendió algo importante: a base de agitar, la leche se coagula. Se animó, se aceleró y al rato aquello fue nata y después mantequilla y después, dió un gran salto y ¡afuera!

P. Righetto, en Raúl Berzosa, n.136.

Optimismo.

Si tus males tienen remedio, ¿por qué te apuras? Y si no lo tienen, ¿por qué te apuras?

Proverbio indú

Alegría (tristeza)

Pienso que el problema de los tristes es que no saben mirar. O que se toman la parte por el todo.

Un zapatero de Venecia se detuvo ante “Los dogos de Grimani y Gritti” (famoso cuadro de Tiziano) y comentó:

—No vale nada, ese zapato tiene un remiendo mal cosido.

Alegría (el orgullo, causa de la tristeza)

Guille lloraba porque le dolían los zapatos. Mafalda se lo hizo ver y se los colocó bien. Volvió a llorar.

—¿Qué te pasa ahora, Guille?

—Ahora, me duele el orgullo

(Realmente, el orgullo es la causa última de la mayor parte de nuestros dolores).

Optimismo. Ser positivos. Fraternidad.

Benjamín Franklin, carente de tacto en su juventud, llegó a ser diplomático, tan diestro para tratar a la gente, que le nombraron embajador de USA en Francia. ¿El secreto? Él mismo nos lo cuenta: “no hablaré mal de hombre alguno y de todos diré cuantas cosas positivas conozca”.

Cualquier tonto puede criticar, censurar y quejarse, y casi todos los tontos lo hacen.

“Un gran hombre, aseguró Carlyle, demuestra su grandeza por la forma de tratar a los pequeños”.

Dale Carnegie, Cómo ganar amigos, 47

Optimismo. Lucha.

Después de 33 años de carrera, la única meta profesional que me queda es la de superarme a mí mismo, continuar aprendiendo, a pesar de que cada vez tengo más limitaciones…, y menos tiempo para hacer lo que me gusta.

Julio Iglesias

Optimismo. Carácter

El maestro sentenció:

—Hay quien se comporta como esos perros que se lanzan ladrando contra los vehículos, sin saber que saldrán malparados, y añadió:

—No perdáis el tiempo en protestas estériles. Una cosa es la crítica constructiva y otra ser vulgar voceras o crítico corrosivo.

Sobre una idea de Ynaraja Díaz, en Raúl Berzosa, 59.

Optimismo. Crisis.

Jim Wolfensoun, presidente del Banco Mundial decía: “las crisis nos hacen más inteligentes, nos obligan a dar solución a problemas que sabíamos que existían, pero no podíamos resolver por estar demasiado ocupados”.

Alegría

Bochornosa tarde agosto en Nueva York. El conductor saluda a todos los viajeros amablemente. Pocos contestan. Sigue y va comentando las oportunidades de la ciudad, aquel cine, este restaurante. Se produce una lenta y mágica transformación y, al bajar, parece que los viajeros se han sacudido un peso de encima y se despiden con una amplia sonrisa.

Goleman, Inteligencia Emocional, p.10.

Optimismo

Habló el maestro:

—A los 20 años pensamos que es pronto para conocernos y que a los 30 lo habremos conseguido.

—A los 30 nos percatamos de que no era tan fácil y esperamos conseguirlo a los 40.

—A los 40 esperamos en los 50 y a esa edad perdemos toda esperanza.

—Lo importante —dice J. Loew— es vivir unificados, gustando el momento presente.

Raúl Berzosa, 193

Alegría

(Es muy importante tener la ilusión de alegrar la vida a los demás).

De cómo los gitanos se hicieron músicos (tradición yugoslava).

Un día San Pedro recibió de Dios un hermoso regalo. Era un violín.

—¿Qué es esto? Preguntó San Pedro.

—Lo hice para ti, respondió Dios, para que puedas tocar cuando estés contento. Así la gente seguirá de buen humor y evitaremos peleas.

—Si es por eso, ¿por qué no dejas que haya más músicos?

—¿Y quienes podrían ser? Preguntó Dios.

—Deja que sean los gitanos —respondió San Pedro—. Deja que entretengan a la gente para que no se vierta sangre cuando beban y estén de juerga.

—Pues que así sea, dijo Dios.

Y así fue.

Diane Tong, Cuentos populares gitanos, ed. Sirueta, n.30

Alegría

Pregúntate si:

Sonrío siempre a todos

Busco la media botella llena

Me esfuerzo con ilusión por mejorar

Veo las cosas positivas de los demás. También las mías

Trato a los demás con amabilidad y les doy las gracias

No me quejo. No caigo en el victimismo

No me dejo llevar por la desgana, cansancio o pesimismo

Estoy alegre en casa

No me importa tanto quedar bien como hacer lo que debo y lo que agrada a Dios

Me percato de que Dios me mira con afecto

Alegría

Monte Grases sabe que le queda poco tiempo de vida. Debido a un sarcoma en su pierna izquierda. Pero es tal su alegría y serenidad que su madre piensa que no se ha enterado del alcance de su lesión.

—Mamá, le dice Monste, lo sé muy bien. Pero ahora sólo pido a Dios que me de fuerzas para ser fiel hasta el final.

Y en otra ocasión, cuando está en cama, comenta.

—Abrid las persianas bien abiertas, quiero tener luz, que esté todo bien alegre. ¿Cantamos algo?

Su madre es la primera que se anima. Su papá se tapa las lágrimas con las páginas del periódico.

—Papá, no te oigo, quiero que estéis alegres.

Dios le concedió lo que da a todas las almas que saben servir: una alegría muy grande.

Julio Eugui, Anécdotas y virtudes, n.6.

Alegría

Unos empresarios a la Madre Teresa de Calcuta:

—Por favor, díganos algo que pueda ayudarnos en nuestra vida.

—Sonrían. Lo digo totalmente en serio.

Alegría. Santidad.

Cuando entró el niño en la catedral preguntó de quienes eran aquellos retratos tan bonitos (se refería a las vidrieras). Su padre contestó que eran los santos.

Días más tarde, cuando le pidieron en clase que dijera qué es un santo, respondió:

—Santo es uno que da mucha luz.

Alegría

El grupo Paradís Permanente lanzó al mercado una canción titulada: “Quiero ser santa”, que decía así: “quiero ir de éxtasis en éxtasis, vivir en la Edad Media, tener estigmas, vivir ajena al mundo y sufrir las torturas de la mortificación”.

Desde luego que estos músicos desconocen la alegría de vivir con sencillez nuestra fe.

Alegría

En una ocasión san Bernardo le dijo a su hermana:

—Presiento que te salvarás.

—¿Por qué? Le dijo con asombro Humbelina, que así se llamaba.

—Porque está siempre de buen humor y eres capaz de reírte de ti misma. El infierno nunca ha producido buen humor.

(acertó san Bernardo porque Humbelina fue beatificada, pero también acertó Bernardo al imponerse como obligación no perder nunca la alegría)

También nosotros hemos de saber “reírnos de nosotros mismos”. Por ejemplo:

—Qué tontería has dicho.

—Pues es verdad, vaya tontería.

O como aquel chiste:

—Pepe, ¿por qué estás tan gordo?

—Porque no discuto.

—No, no, por eso no será.

—¡Pues no será!

Alegría

En Monstruos S.A. el jefe de la factoría es una especie de cangrejo con una poderosa papada que repite tópicos de empresarios: “Son 3 generaciones de supervivencia…”. Engaña a los monstruos diciéndoles que con el simple roce de un niño pueden quedar infectados para siempre: tiene miedo de que los animales de su factoría hagan amistad con los niños y no se produzcan esos sustos generadores de energía. El recurso al miedo funciona durante mucho tiempo.

Al final resulta que los animales se percatan de que un niño no hace daño. Parece que va a ser la ruina, pero no, porque se descubre con asombro que la sonrisa de un niño produce hasta 6 veces más energía que el susto.

También en la vida real sucede algo así: podemos conseguir muchas cosas produciendo miedo, pero muchas más con una sonrisa.

Alegría. Aceptarnos como somos.

Un cantero se lamentó:

—Ay, si tuviera tanto dinero como este rico.

El genio lo llenó de riquezas. Pero apretaba mucho el sol, era verano.

—Ay, si fuera sol.

El genio se lo concedió.

Una nube se interpuso entre el sol y la tierra.

—Ay, si fuera nube.

El genio se lo concedió. Pero comprobó como la roca resistía a sus embates.

—Ay, si fuera roca.

El genio se lo concedió. Pero cuando vio cómo el cantero la destrozaba comentó:

—Ay, si fuera cantero.

Alegría

Hay personas que se empeñan en ver el lado negro de la vida y cierran obstinadamente los ojos a lo bueno.

En un pueblecito de Irlanda, vivía una anciana que siempre veía lo negro de las cosas: nunca estaba satisfecha. Tal era su pesimismo que sus vecinos y conocidos se lo tomaban a broma.

Un año tuvo la anciana una cosecha proverbial: en cantidad y en calidad. Las manzanas que recogió eran abundantísimas, dulces y todas sanas.

Los vecinos se dijeron:

—Ahora sí que no te quejarás; no tienes nada de que entristecerte.

—¡Cómo que no! Y ahora, ¿qué daré de comer a mis cerdos?

Drinkwater, Anécdotas catequéticas.

Carácter. Quedarse con lo bueno.

La lucha por la supervivencia moral entre septiembre de 1939 y 1945 proporcionó al joven Karol Wojtyla modelos heróicos.

Uno fue el franciscano Maximilian Kolbe, que sacrificó su vida por un compañero de prisión en el búnker de inanición de Auschwitz.

La experiencia de infierno de la guerra haría concluir a algunos que la vida era absurda. Karol Wojtyla llegó a una conclusión distinta y de esa manera, con la aceptación del dolor, creció con rapidez como hombre, pensador y discípulo.

Weigel, Testigo de esperanza, p.76.

Alegría. Optimismo. Ahogar el mal con el bien.

Bocabella fue el primer promotor del templo de la Sagrada familia. Como presidente de la sociedad josefina deseaba ofrecer un gran templo a San José. Fue él quien contrató y alentó a Gaudí en sus primeros pasos. Un hombre de un gran optimismo. Cuando arreciaban las dificultades decía así.

—Hay que vencer la fuerza del mal con las fuerzas del bien. Opongamos a las iniquidades las atrevidas agujas del templo que atraviesan las nubes, el tañir del sacro bronce, que hable al corazón, y que la corriente de nuestras oraciones, con la velocidad del rayo, suba al cielo para mover el corazón del Altísimo.

Alegría

Un santo nunca pierde el buen humor.

Tomás Moro, al llegar al pie del cadalso le dijo al alcaide.

—Ayúdeme a subir, que ya me las arreglaré para bajar solo.

Y al verdugo.

—Anímate, hombre, y no temas en cumplir tu oficio. Corto es mi cuello: procura no darme un tajo torcido. Aparta mi barba, sentiría que la cortases. Ella no es culpable de alta traición.

Drinkwater, Anécdotas catequéticas.

Alegría. Carácter

Erasmo decía sobre Tomás Moro:

—El hombre que se adapta tanto a la seriedad como a la broma y cuya compañía resulta siempre agradable, ése es el hombre que los antiguos llamaban: “omnium horarum homo”, un hombre para todas las horas.

Alegría. Vencer el cansancio.

Edmund Husserl dejó escrito en 1938, antes de morir, un manuscrito en el que, reclamando frente al odio y la barbarie el sentido racional de la vida, casi imploraba: “el mayor peligro de Europa es el cansancio. Luchemos contra ese peligro de los peligros como buenos europeos”.

Alegría. Madurez. Inteligencia Emocional. Sentimientos.

(Daniel Goleman, en el libro Inteligencia emocional, p.65, nos dice así:)

“Mi principal interés está en la inteligencia emocional, que incluye: la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de impedir que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último —pero no lo menos importante—, la capacidad para empatizar y confiar en los demás”

(…) “Las personas emocionalmente desarrolladas, es decir, quienes gobiernan sus sentimientos y saben interpretar los de los demás, disfrutan de una situación ventajosa en todos los órdenes de la vida, se sienten más satisfechas, son más eficaces y tienen más éxito en los negocios y organizaciones y en sus relaciones afectivas” (p.68)

Acción de gracias

Reportaje de un periodista camuflado para el periódico “El Mundo”.

Carlos es un mendigo que vive en Vallecas y pide en la calle Goya, a escasos metros de El Corte Inglés. No tiene brazos. Cada día trabaja de 3 a 4 horas. Le basta para obtener las 300.000 pts al mes. Cuando el periodista apareció disfrazado de mendigo le dijo:

—Vas muy limpito para ganarte la vida.

—Algún consejo más, le preguntó el periodista camuflado.

—Sí, córtate los brazos y así ganarás lo mismo que yo. Darás pena y la gente te echará dinero.

Comentario: Sacar bien del mal. Agradécele al Señor tus limitaciones porque si lo haces, te servirán para acercarte a Él.

Alegría y paz en el dolor

De uno de los himnos del Breviario.

“Mis ojos, mis pobres ojos

que acaban de despertar

los hiciste para ver,

no sólo para llorar.

Haz que sepa adivinar

entre las sombras la luz,

que nunca me ciegue el mal

ni olvide que existes Tú.

Que cuando llegue el dolor

que yo sé que llegará,

no se me enturbie el amor,

ni se me nuble la paz

Sostén ahora mi fe

pues cuando llegue a tu hogar

con mis ojos te veré

y mi llanto cesará. Amén.

Optimismo. No infravalorarnos

Albert Bandura, de la Universidad de Stanford:

“Las creencias de las personas sobre sus propias habilidades tienen un profundo efecto sobre éstas (…). Quien se siente eficaz se recupera de los fracasos y no se preocupa tanto del hecho de que las cosas puedan salir mal como del modo de manejar las circunstancias para cumplir los objetivos marcados”

D. Goleman, Inteligencia emocional, p.153.

Alegría. Negativismo.

Goethe define al demonio como: “der beist, del stets verneint” “el espíritu que siempre niega”. La palabra decisiva es “siempre”. Por eso lo peor del diablo es su monotonía. Hay que negar algunas veces, pero ¿siempre?

Julián Marías, sobre el espíritu negativo o el negativismo.

Alegría.

Sobre el Papa.

Claro que Dios y la naturaleza le han dado un “chasis” robusto para aguantar tanto peso. Se cuenta que en los primeros días del Pontificado, monseñor Capri seguía al Papa por las escaleras del Vaticano con cierta fatiga, mientras JP II subía escalones y escalones, prácticamente de dos en dos. Al percatarse de los apuros de su acompañante, se volvió el Papa y le animó:

—Necesita un poco de ejercicio, monseñor, ¿no le parece?

(…)

Aquella escapada a la estación invernal de la Magnola, a ciento cincuenta kilómetros de Roma, tuvo su anécdota. Vestía JPII un equipo azul con un anorak rojo.

—¿Sabe usted cómo funciona el telesilla? Le preguntó un niño de ocho años, sin saber con quién hablaba.

—Sí, creo que sí, al menos eso espero, le respondió una voz con acento extranjero.

—¡Ahí va! ¡Si es el Papa!

Y se acabó el “incógnito”. Pocos minutos después, el esquiador eslavo dejaba las pistas.

Una vez le preguntaron los periodistas cuando aún era cardenal:

—Pero, ¿es correcto que un cardenal esquíe?

—Lo incorrecto —bromeó con esa voz profunda que saca para las bromas— es que un cardenal esquíe mal.

Optimismo. No dejarse arrastrar por los aguafiestas.

El templo de la Sagrada Familia es iniciativa de Bocabella. Antes, había creado la Asociación josefina, para alcanzar de Dios, por medio de San José, el triunfo de la Iglesia, en unos momentos difíciles.

Acudió al P. Rodríguez, mercedario, y le propuso como director de la asociación y de una revista. Mas encontró resistencia donde veía apoyo, pues ese religioso no hacía más que desconfiar del proyecto. En noviembre de 1866 apareció “el Propagador”, así se llamaba la revista, que fue un fracaso, como había previsto el P. Rodríguez. Los pesimistas, además de apoyar poco, suelen salir con este tipo de comentarios.

Deciden construir una iglesia a imitación de Loreto, pero van cosechando fracasos a la hora de recoger fondos. No consiguen suscripciones voluntarias ni colocar las cédulas del llamado “empréstito josefino”. El Papa les regala un cuadro para sortear y luego unos hábitos. Se recaudan unos duros.

Lo que más le sorprende a Gaudí es que Bocabella no se desanima ni rebaja sus ambiciones. Al contrario escribía: “esto va muy bien: la Providencia nos dice que la cosa es suya”.

Optimismo. Fe

En Biolorrusia, muy sovietizada, todavía con su KGB, comenta Josef Hanchyc, sacerdote de Lida, me amenazaron con tomar medidas si decía algo inconveniente en los sermones. Ahora, la mujer de uno de ellos, polaca, acude con regularidad a Misa y sus hijos han hecho la Primera Comunión. Ya se ve que Dios encuentra siempre un camino.

Alegría. Rectitud de intención.

(Nuestra alegría no debe estar en función del fracaso ajeno).

El hijo de la venerable Alta, la madre de todos los gitanos, le dijo un día:

—Ahora que has llegado a la vejez, madrecita, dime: ¿cómo es el paraíso gitano?

—Es un paraíso lleno de alegría. Los caballos galopan, los sauces dan sombra y en medio hay grandes bueyes tostándose en un asador, con montones de truchas desparramadas por doquier. ¡Venid, hermanos, sentáos y comed hasta que no os quepa más! ¡Podéis cortar y masticar cuanto deseéis! ¡Oh, Dios, tú también deseas ser gitano cuando nos colmas con tantos manjares!

Nuestros hijos se reúnen y presumen mientras que los hijos de los gaje están fuera tiritando de frío y muertos de hambre. Nuestros hijos se burlan de ellos y no les dan ni un trocito de comida.

Diane Tong, Cuentos populares gitanos, ed. Sirueta, p.154, Yugoslavia.

Optimismo. Realismo.

Terminaba el cuarto año de Harry Potter en la escuela. Volvía a encontrarse con tío Vernon. En el horizonte seguía el peligro de Voldemort. Sin embargo, H no se abruma por el futuro y, como le había dicho Hagrid: “lo que tenga que llegar, llegará, y ya habrá tiempo de plantarle cara”.

HP IV, p.635.

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Written by barcelonavida

julio 16, 2012 a 10:53 am

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