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Feminismo: Cuando las abortistas convierten a la mujer un una… vagina

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Entrada remitida por Joan Figuerola, de su blog Opus Prima

 

Sorprende, de modo negativo, el reduccionismo al que somete a la mujer el feminismo en defensa del aborto. Cuando no la identifica con una incubadora lo hace, en el caso que nos ocupa, con una vagina. El cuerpo es una realidad constitutiva de la entidad personal. El ser humano es un ser corpóreo y el cuerpo participa y comparte la dignidad que corresponde a la persona entera por su estatuto ontológico – de ello ya hablé en una entrada -. Sin embargo, por la visión negativa que poseen de la maternidad, las mujeres defensoras del aborto consideran que el cuerpo de la mujer es un medio de gratificación del impulso sexual masculino y, en consecuencia, un instrumento de poder del patriarcado que subordina a la mujer a una posición de servilismo.

La naturaleza humana es sexuada, se es varón o se es mujer. No obstante, por influencia del pensamiento de Simone de Beauvoir (“El segundo sexo”), la feminista o, determinada feminista, considera que su cuerpo es una realidad ajena a ella misma. En una lucha cuyo fin es el mismo destino de Sísifo la feminista contemporánea se autodenomina mujer insumisa y exhorta a una maternidad alejada de la naturaleza y, sobre todo, de las instituciones que considera propias del patriarcado. Así, exhorta y empuja a una maternidad en solitario donde la presencia del varón es accidental y testimonial. De este modo, la maternidad, según su planteamiento, pasa de ser un instrumento de sumisión a una realidad específica y exclusiva de la mujer.

En la indigente deconstrucción de la naturaleza humana que lleva a cabo la ideología de género – de la que ya hablé en una entrada – se entroniza una supuesta capacidad en la mujer de crearse a sí misma y de dirigir su propio desarrollo mediante la ‘libertad de’ que, a diferencia de la ‘libertad para’, es una libertad que se entiende como fin y que, supuestamente, permite ser lo que uno quiere ser aunque en ello vaya el no-ser lo que uno debe ser, pues todo sujeto humano para ser debe adoptar, mediante la ‘libertad para’, una muy determinada forma de vida según su ontológica naturaleza. Así, en esta pedantería por la cual la mujer feminista se crea a sí misma la maternidad ya no se concibe como lo que es, una relación madre-hijo, sino como la posibilidad de quedar embarazada y de interrumpir o llevarlo a término.

Para estas mujeres-vagina la maternidad es simplemente una opción de su libertad y, consecuentemente, tiene el mismo alcance la decisión de abortar como la decisión de dar a luz. Cuando no se reconoce la verdad del hombre ni su finalidad, que se alcanza con la adopción de un determinado modo de vida, el criterio orientador en la elección de los actos – medios y fin – pasa a ser la voluntad individual y el sentimiento, desligada del bien y de la verdad y contraria a su propia naturaleza, de cada sujeto. Así, el aborto, que en sí es exclusivamente un crimen, dar muerte a un hijo nonato, se convierte en la expresión máxima de la libertad de la mujer entendiéndose que la maternidad, en ese momento, pasa a ser una realidad libremente decidida.

Si antes, el feminismo, consideraba que la mujer era una sierva del patriarcado, ahora se convierte en una esclava de un cuerpo cosificado. Lamentablemente, la naturaleza de la que se desea escapar, afirma y confirma, malévola ella, que la persona humana, siempre, corre el riesgo de deshumanizarse cuando se ocupa en ser todo menos de lo que realmente debe: ser varón o ser mujer. Cierto, la vida nos es dada, pero nos es dada vacía, por lo que hemos de hacerla libremente; sin embargo, lo que hemos de hacer no es cualquier cosa ni puede ser cualquier otra cosa que no sea lo que hay que hacer: ser lo que debemos ser según nuestra naturaleza ontológica mediante una muy determinada forma de vida.

Ahora bien, mujer feminista, si quieres puedes decidir ser otra cosa que lo que tienes que ser, puede elegir ser sólo una vagina y matar a tu hijo. Pero, entonces, sábelo, te quedas sin ser nada, sin ser mujer, sin ser madre, porque no puedes ser sino quien tienes que ser.

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Written by barcelonavida

septiembre 4, 2012 a 6:14 pm

2 comentarios

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  1. Gracias por repostar tu acertadísima entrada, Joan Figuerola.

    Ya hace años que se vienen quejando las feministas de la “cosificación” a la que creen expuestas a las mujeres, pero sólo lo hacen cuando el varón queda prendado de su físico. Lo cierto es que toda la actitud feminista se ha centrado siempre en esta obsesión por convertir a la mujer en “algo” que está en un contexto.

    Mujer-objeto, mujer-florero y mujer-vagina, son tres aristas de un mismo error. Pero la mujer-tal-como-es, no puede considerarse un error, como no lo son las criaturas de la naturaleza

    Luna

    septiembre 4, 2012 at 7:29 pm

  2. Quizá alguien tenga que poner el cascabel al gato. ¿qué pintan estos atuendos provocadores en las deportistas? vale que, a lo mejor, a alguna o muchas de ellas les guste ir enseñando el cuerpo, pero no es bueno que se transforme el deporte en un salón de placeres carnales.

    carlos palos

    septiembre 5, 2012 at 5:10 pm


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