Barcelona Vida

defensa de la vida y la familia, valores, sociedades intermedias

Perseverando en el 25-V

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Cada concentración por la vida que celebramos se distingue por algo. Creo que esta vez ha sido por los dos excelentes textos que en él se han leído y que aquí os dejo para vuestra reflexión:

LA MADRE QUE PIENSA EN ABORTAR DEBE SER AYUDADA A AMAR

(…) Yo siento que el gran destructor de la paz hoy es el aborto, porque es una guerra contra el niño, una matanza directa de niños inocentes, asesinados por la propia madre.

Y si nosotros aceptamos que una madre pueda matar incluso a su propio hijo, ¿cómo es que podemos decir a otras personas para que no se maten? ¿Cómo persuadimos a una mujer para no hacer el aborto? Como siempre, debimos de persuadirles con amor y debimos de recordarles que amor significa estar dispuesto a donarse hasta quebrarse. Jesús dio Su vida por amor a nosotros.

Así, la madre que piensa en abortar, debe ser ayudada a amar, o sea, a donarse hasta que quiebre sus planes, o su tiempo libre, para respetar la vida de su hijo. El padre de este niño, quienquiera que él sea, debe también donarse hasta que se quiebre.

A través del aborto, la madre no aprende a amar, sino que mata a su propio hijo para resolver sus problemas. Y, a través del aborto, se dice al padre que él no tiene que tener ninguna responsabilidad por el niño que él trajo al mundo. Este padre probablemente va a poner a otras mujeres en la misma situación. Luego, el aborto sólo trae más aborto.

Cualquier país que acepte el aborto no está enseñando a su pueblo a amar, sino a usar de cualquier violencia para conseguir lo que se quiere. Por eso es que el mayor destructor del amor y de la paz es el aborto. “Vamos a rescatar al niño”. El niño es el don de Dios para la familia. Cada niño es creado a imagen y semejanza de Dios para grandes cosas — para amar y ser amado. Cuando las personas más viejas son llamadas a Dios, solamente sus hijos pueden tomar sus lugares.

Beata Madre Teresa de Calcuta.

Y este otro, no destinado a considerar la lucha por la vida, sino a considerarnos a nosotros mismos, quienes somos a menudo culpables de omisiones que conllevan las peores consecuencias. Tenemos motivos para salir, como aquí podemos ver:

Frente a la cobardía: Yo no.

En su “Vida de Don Quijote y Sancho”, Miguel de Unamuno reinterpreta a Cervantes para llevar algunos derroteros de los lances quijotescos a sus consideraciones. Aquí le imita Calleja, en esta recapacitación, que no podemos perdernos:Benengeli* engañó  a Cervantes cuando, según él, Don Quijote contesta a quien le aconseja la vuelta  a su lugar manchego con un obediente “Decís bien“. El  magnánimo hidalgo no pudo someterse a un apremio tan sensato. ¿Volverse él a casa? Antes imagino su mirada compasiva posándose  de rostro en rostro y su voz sonora respondiendo así:
“Señor Bachiller, señores caballeros:  Cuando tantos se cobijan en casa rabo entre piernas, forzoso es que otros salgan  de allá. Aunque esos encargos vuestros rebosan discreta  intención, parad mientes en que me pedís que sosiegue renunciando a la empresa  que me he impuesto. Me exhortáis a la cordura; pero también a la  flojedad y al desánimo que acompañan al que deserta de su oficio. Me recordáis la prudencia, sin adivinar que es prudencia  arrostrar el peligro sin acrecentarlo, de suerte que no caiga en temerario el  valiente, ni el juicioso en cobarde. Pues, ¿no veis que las  maldades del mundo son naturales hijas de nuestra querencia a la muelle  habitación donde echamos llaves y cerrojos a las ansias de nuestro espíritu? ¿No veis que Jesús, Señor Nuestro, púdose quedar en Altísima  Casa, sobre los espaciosos cielos, y, sin embargo, quiso bajar de ella para  redimirnos? ¿Qué hubiese sido de nosotros, señor Cura, si  después, en medio de la Transfiguración, hubiese El escuchado las pláticas de  Pedro cuando pidióle que afincase allí con ellos, en una tienda o palacio, que  para El construiría en aquel monte?”
Imagino al caballero  (frente y voz en alto), siguiendo así: “Escóndanse los muy avisados que ven la  injusticia y, pudiéndola remediar, siguen adelante, camino de casa, como si  fueran en la paz y gracia de Dios que, con sólo esto, ya han perdido. Pero ¿vamos a amadrigarnos los ganosos de enderezar lo torcido  con nuestro fuerte o quebradizo brazo? No hay razón ni derecho a  quejarse si calentamos a la lumbre nuestros miembros, más ateridos de miedo que  de frío. Porque detrás de las villanías, de las traiciones, de  las deshonras, de los escándalos y los infortunios (como a espaldas de todos los  excesos de que hubo y habrá noticia) ha habido y habrá siempre un prójimo que  prefirió disimularse en casa.”
Don Quijote, con el puño en la  noble espada, los ojos encendidos y la voz crespa, haría retumbar estas  palabras:
“¡Quédese en casa el que no osa o no sabe o  no quiere sudar el pan, la fama y el honor! ¡Yo, no!
Quédese en  casa el que tiene por oficio la lisonja y por beneficio las rentas de la  adulación. ¡Yo, no!
Quédese en casa el que rezonga en voz baja  lo que calla en voz alta ¡Yo, no!
Quédese en casa el que se mofa  de las sandeces del pobre y finge oír música sacra ante las necedades del rico.  ¡Yo, no! Quédese en casa el que aplaude la Burla y el Cieno  cuando usurpan el trono del Arte. ¡Yo, no!
Quédese en casa el  baladrón de anchas costillas que se engulle el orbe a voces. ¡Yo, no!
Quédese en casa el tarugo que se cree navegante porque sigue a  flote. ¡Yo, no!
Quédese en casa el que sigue el rumbo que le  fija el miedo, el que se hincha con los buenos vientos y desfallece con los  adversos. ¡Yo, no!
Quédese en casa el que atisba a diestra y  siniestra, como comadreja asustada, a ver si le permitirán vivir el próximo  instante. ¡Yo, no!
Quédese en casa el que piensa blanco y  proclama negro y el que diciendo negro no piensa nada. ¡Yo, no!
Quédense en casa el listo, el cuco, el harto y el displicente.  ¡Yo, no!
Quédese en casa el que se venda los ojos para no ver lo  que el corazón debe sentir. ¡Yo, no!
Quédese en casa el que  llama delirio al fervor, chifladura al entusiasmo y desvarío a la lealtad. ¡Yo  no!
Quédense en casa los astrólogos que sólo escrutan el sol que  más calienta. ¡Yo, no!
Quédese en casa el que piensa mal de los  hombres todos y peor de todas las mujeres. ¡Yo, no!
Quédense en  casa el cuco, el listo y el harto, el pícaro y el displicente. ¡Yo, no!
Quédese en casa el mezquino que sólo ve cálculo en la bondad,  interés en la munificencia y jactancia en la largueza. ¡Yo, no!
Quédese en casa el pequeño que no se crece ante lo grande y el  grande que no se amengua ante lo chico. ¡Yo, no! Quédense en  casa el tigre astuto, la sierpe cabildera, el topo zapador, el ratón callado, la  hiena acuciosa, el verraco galamero, el camello ufano, el sordo pedrusco y el  mono berreón. ¡Yo, no!
Quédese en casa el que entiende la vida;  quédese en casa el que no entiende la muerte; quédese en casa el que teme pasar  por iluso, enamorado, tierno, crédulo, ingenuo y loco. ¡Yo, no!
Quédese en casa el que se ríe de las Españas, de la Imperial  Toledo, de las Siete Partidas y del santo amor que inspiran la Tierra y la Fe de  nuestros padres. Yo… ¡no!
En suma, señor Bachiller: el  que recibiendo un cuerpo no le pone alma; el que siendo hombre no se hace  caballero, váyase a casa, enciérrese en ella y deje libre y acendrado el aire  tormentoso, gélido, raramente apacible, pero siempre limpio, que con trabajos y  con honor respiramos los andantes.
Por todas estas razones y por  las nobles leyes de la caballería… ¡jamás se dirá que Don Quijote de la Mancha  se volvió a casa!
…………..
* Para dar verisimilitud a su novela, Miguel de Cervantes recurre a un historiador imaginario del que va tomando noticias históricas, Cide Hamete Benengeli. Calleja introduce aquí el recurso de preterición, al imaginar que esta información de que a Don Quijote le aconsejaron volver a casa y él respondió lo de “decís bien”, atribuyéndole este noble diálogo.
Y en un ambiente de recogimiento, hemos discurrido por la Avenida Gaudí hacia el Templo de la Sagrada Familia, con el rezo del Santo Rosario. El día estaba ya oscuro y nos invitaba a reflexionar los Misterios, así como el silencio y el respeto que hemos podido contemplar por parte de los transeúntes y de aquellos que estaban en las terrazas, tomando café . Su compañía se podía ver reflejada en muchas caras , mientras en otras me ha parecido ver un agradecido reconocimiento de lo que hacíamos. Cada concentración es una vivencia y si en otras hemos recogido desprecio, amenazas, blasfemias e insultos, en esta sólo he visto una mirada de apoyo, una cercanía. Doy gracias por ella a la Santísima Virgen, que nos acompaña siempre. Nos ha pedido exclusivamente la oración, sin preocupaciones. Allí hemos estado, en su sosiego.
Por Iñigo Ruiz
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Written by barcelonavida

septiembre 25, 2012 a 11:06 pm

Una respuesta

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  1. Quiero que mi casa sea Iglesia doméstica, procuro que sea el hogar en donde se da forma más concreta a la realidad humana de mis familiares, que el vínculo del amor y de la entrega nos enseñe a ser verdaderamente personas y sea la base de esta célula de la sociedad, pero no me quedo en casa. Porque es un fermento y tengo que llevar esta levadura a la calle, a mi prójimo. “Si gratis lo recibísteis, dadlo gratis”.

    En el momento en que lleguemos al aislamiento total para evitar las influencia sperniciosas, no tendremos un hogar, sino una casa de cuarentena.

    Luna

    septiembre 30, 2012 at 11:03 am


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