Barcelona Vida

defensa de la vida y la familia, valores, sociedades intermedias

Hablar con un enfermo de cáncer

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Con esto de haber tenido un cáncer de pulmón, voy sabiendo de infinidad de otros casos de este enfermedad, me los cuentan mis amigos, familiares y conocidos. Encuentro muy generalizado un defecto que quiero exponer, porque es importante que sepáis entendernos para comprendernos mejor. la mayoría de personas toman como referente a otro conocido y creen que el caso es el mismo o parecido, se sitúan a veces en líneas muy dramáticas, sin llegar a ver que cada persona lo vive de una manera diferente, que no nos afecta a todos de la misma manera ni en el mismo grado. Ahora estoy siguiendo la quimioterapia y ya no “oigo” sino que “veo” a cada uno y os puedo decir que es algo muy diferente de lo que sentís, que no se llega por empatía y que muchas veces, casi llegáis a sufrirlo más que nosotros.

Esto tiene sus momentos y desde luego que los hay muy fuertes y otros que no los son tanto. En mi caso, la esperanza está haciendo que lo lleve muy bien, como si se tratase de una enfermedad leve y transitoria. Pero cuando estaba en fase de diagnóstico y los médicos no soltaban prenda, lo pasé fatal. Ni mencionaban la palabra, pero las pruebas evidenciaban lo que andaban buscando por todo mi cuerpo. la urgencia de las mismas y  la insistencia me hicieron pensar que estaba en fase de metástasis, que lo tenía por todo el cuerpo. Empecé a preguntarme cuánto me quedaba de vida, si me daría tiempo de ver crecer a mi hija de tres años o si no llegaria al fin de este año. Como podéis comprender, mucho más duro que lo que vino después, cuando supe que tenía un tumor único, localizado y muy pequeño, que se podía operar y que había garantías de que no se reproduciría. Vi el Cielo abierto y sigo viéndolo así. Tampoco sé decir si fue el momento más amargo de mi vida, creo que no. Sostuve a mi hija cuando nació muerta y hube de enterrarla sin presencia de mi mujer, porque estaba muy grave, casi en coma. Francamente, me dicen que voy a morir mañana  y quizá me duele menos.

Pero el mío es un caso afortunado de detección precoz, mientras que hay otros en que se ha encontrado demasiado tarde o está alojado en órganos del cuerpo que son de difícil o imposible tratamiento, que no tienen solución quirúrgica y suponen tratamiento de por vida. El impacto que reciben estas personas es completamente diferente.

Os aconsejo que escuchéis un poco cómo decimos que estamos, que intentéis colegir si de verdad pasamos por un momento difícil o si ya lo hemos asimilado, cosa que sucede a menudo. Con el tiempo, se estabilizan las emociones y ya no hay tantas sorpresas, bajan la ansiedad y el miedo al empeoramiento y se entra en fase de asimilación de la noticia. Creo que yo estoy un poco así, aunque aún me queda el interrogante de si todo va a seguir tan bien como hasta ahora o voy a reccionar peor con la quimio cuando pasen unas semanas. Muchos me han querido ayudar y muchos han sabido hacerlo. He preciado el cariño que me ponían y que sus ofrecimientos eran de corazón, que se interesaban de verdad por mi estado de salud y mis problemas. Pero he encontrado un poco de falta de tacto en algunos, que parecía que empeoraban el estado de la enfermedad al alarmarse, al hacer preguntas con gran preocupación, sobre lo que nunca puede pasar.

 Por ejemplo, se preocupan mucho porque creen que se me caerá el pelo con la quimioterapia, lo que es casi una leyenda urbana. Si bien es cierto que muchas personas lo pierden, tengo una población capilar de muchísima densidad, poco frecuente pasados los cuarenta y cinco  años. Por otra parte (Y luego incidiré en esto) cada quimioterapia es distinta y produce efectos distintos. Dejando de lado que el cabello permanecerá en mis sienes -que platean ya las nieves tempranas de las canas- , no me importa este problema en absoluto, creo que si perdiera todo el pelo, me daría lo mismo. Pero podría dejarme influenciar por esta preocupación y preocuparme yo también. No ganamos nada con eso.

Vuelvo ahora a lo que cada terapia es distinta y tienen efectos distintos. Para empezar, cada una está destinada a tratar unos tipos de cáncer en concreto. A grandes rasgos, hay quimioterapia, radioterapia y tratamiento mixto. (Tened en cuenta que no soy un experto, que me manejo a nivel de “usuario”, igual me dejo aspectos muy importantes por exponer). Por lo que he visto, la radioterapia va en recesión, merced a los avances de la quimio. Y es una buena noticia, porque los efectos secundarios son mucho menos graves en la mayoría de casos, a la vez que se evitan riesgos radiactivos. Sé de casos verdaderamente amargos, a los que dedico mis sesiones de tratamiento como sacrificio, para que Dios les ayude y fortalezca. Pero me consta que se hacen a estas vidas, aprendiendo a valorar mucho más lo que antes de enfermar casi no reconocían. Y he visto que dar apoyo no es compadecer, sino alentar, que comprender no es saber exactamente lo que pasa, sino saber relacionarlo de manera correcta. A mí me pinchan cisplatino y gemcitabina, que tienen unos efectos secundarios previsibles. De ellos, unos me están dando (Afortumnadamente, de poca importancia ) , otros pueden llegar a pasarme en forma muy previsible, mientras que otros me podrían llegar a pasar. Y el resto, no lo sufriré nunca. Muy bien, pero cisplatino, ¿eh? y Gemcitabina. Si me vienen ahora con el cuadro que pueda dar el docetaxel, habré de decirles que no voy a sufrir sus efectos, porque no me lo van a administrar. Por tanto, no podemos sacar conclusiones generales de que a todos los que están en quimio les pasa esto o lo otro.

Sé que no sabéis muy bien qué decirnos, que el miedo a resultar molestos o soltar algo inadecuado os puede dejar sin palabras. Es muy sencillo:  Preguntad.  Cuando os interesáis por nuestro estado de salud, es lo más normal, así que a nadie le va a extrañar ni ofender. Ya saldrá todo, no os preocupéis. Puede que nos derrumbemos, que tengamos un inesperado nerviosismo y desahoguemos nuestras penas con ira, o que sencillamnete, respondamos: “Pues mira, me tiene que hacer esto y lo otro”, va a durar tanto tiempo, van a pasar estas cosas”. Tened en cuenta que puede haber  un estado emocional de labilidad afectiva (pasar de un sentimiento a otro con mucha rapidez), de irritación, de desaliento o de euforia y muchísimos ánimos. Una parte lo da el estado de las cosas y otra, los efectos secundarios del tratamiento. En mi caso, dicen que el cisplatino puede dar nerviosismo e irritabilidad, pero será difícil establecer la diferencia entre efecto de la droga y mi carácter…

Si nos ponemos a llorar, no tiene porqué ser tan desastroso. Igual nos conviene, es lo que los psicólogos llaman “catarsis”, cuando al contar lo que nos sucede o cómo nos sentimos, nos desahogamos. Luego, nos sentimos mejor. Y el llanto puede Tener una causa muy diferente de la pena. Estamos entre vivencias espirituales profundas, considerando aspectos de enorme trascendencia. Muy a menudo, nos emocionamos.

Igual nos hacenos los suecos y damos a entender que no queremos tratar el tema. Puede llegar a suceder y os pido que seáis un poco rápidos en captarlo. Hay personas muy dadas a las relaciones sociales, mientras que hay otras que son retraídas y no gusta mostrar su intimidad. Pero sabed que por regla general, valoramos mucho más lo familiar, lo afectivo y nos preocupamos más por cómo está cada uno que hasta entonces.

Me perdonden quines lo hicieron con toda su buena intención, pero la situación más improcedente (y casi ridícula ) que me he encontrado por ahora, ha sido la de tres personas que se turnaban en decirme “Tú aguanta, ahí” ¡”Sigue”!, “¡Tira”!, ¡”Ánimo”!. Les hube de decir que no soy un perro pastor …

Dicen los psicólogos new-age que hay una fase de negación, otra de ira, otra de depresión y otra de aceptación de las noticias de este tipo. Discrepo de ellos completamente, no ya en esta situación, sino en ninguna otra, me ha dado este proceso. Puede que haga una especie de tanteo sobre la realidad para escudriñar su alcance y que en esta búsqueda, me vaya un poco por los cerros de Übeda (Sí que puede ser un poquitín de negación), pero luego, voy asumiéndolo en su implicación. Un efecto que sí he notado es una aceptación rápida, una reacción muy buena a lo advwerso y lo que implica -incluso en lo emocional-, afrontando lo que sea necesario, para derrumbarme moralmente al cabo de unos días. Pero tampoco creo que a un desánimo se le pueda tener por depresión.

No alcanzo a entender el motivo por el que la palabra cáncer está borrada de todas partes, forma un tabú tan grande, que en el mismo Hospital Clínico, las unidades de oncología o quimioterapia tienen nombre en clave, que no guardan relación con la enfermedad y su tratamiento. Son siglas y apócopes en inglés. Pero es que luego están rotuladas las unidades de enfermedades coronarias, de hemodiálisis o de urgencias de psiquiatría con todas sus letras. (Como debe ser). No tiene ningún sentido esta ocultación, que para nada ayuda a similar la realidad. Y qal fin y al cabo, ésta puede no ser tan dura como algunos casos de diálisis, de enfermedades coronarias o psiquiátricas que he conocido.

No puedo terminar esta entrada sin agradeceros a todos lo mucho que os interesáis por mí, vuestros ofrecimientos sinceros de ayuda y vuestra oración. Ya véis que están haciendo mucho. Dios os lo pague.

Por el Señor cangrejo

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Written by barcelonavida

septiembre 30, 2012 a 11:44 am

11 comentarios

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  1. Total, que tenemos Iñigo para tiempo. Una buena noticia, pues no abundan defensores de la vida tan constantes como tú.

    carlos palos

    septiembre 30, 2012 at 2:04 pm

    • Esto lo decide el Gran Jefe. Igual me cae mañana un tiesto en la cabeza y me descalabra.
      Tenemos un tiempo asignado y no sabemos cuánto es, así que hemos de aprovechar nuestras vidas y emplearlas para Dios.
      Traigo aquí las coplas de Jorge Manrique, de las que soy fervoroso. Allí encontraréis lo que digo en excelsa poesía.

      Señor Cangrejo

      septiembre 30, 2012 at 8:52 pm

  2. Soy un hermano del Señor Cangrejo y estoy saliendo de otra dura enfermedad cuyos finales, más o menos, han coincidido con los inicios suyos. Quiero mucho al Señor de las Pinzas, y tengo la alegría de que he podido demostrárselo estos días, como también la de que él me ha demostrado a mí el que me tiene.
    A los dos nos gusta muchísimo leer a los clásicos españoles, y yo quiero contar aquí cómo hay una obra de Quevedo que se titula “El Siglo del Cuerno. Carta de un cornudo profeso a otro cornicantano”. Porque a lo mejor soy un poco más enfermo profeso, y el marino animal de problemáticas manos, un poco más enfermicantano. No hay superioridad de uno ni mérito del otro: lo que hay es un calendario, y Dios dirigiendo la orquesta.
    Y, profeso yo, lo mismo que veo que todo lo que dice en su entrada el Señor Pinzacantano parece ser lo más acertado y razonable del mundo, y lo mismo que, por esa razón, no tengo nada que comentarle de lo que expresamente manifiesta, sí, en cambio, quisiera compartir con él, con vosotros, con todos mis queridos hermanos los enfermos -nunca me he sentido tan unido a ellos-, que, según mis experiencias, esto de estar enfermo no se hace solo; que hay que aprender.
    Y el aprendizaje incluye multitud de cosas de multitud de ámbitos. Hay que aprender, por ejemplo, a quién contar todo y a quién absolutamente nada; a calibrar el valor de lo que nos dicen, y, cuando fuere menester, tirarlo a la basura sin mayor preocupación; a ser visitadores de quienes nos visitan y preguntadores de quienes nos preguntan; vaya un ejemplo: que vengan a visitarnos y se encuentren con que les hemos comprado un regalo (¡es divertidísimo: el mundo al revés!); otro: dejar que nos pregunten cómo estamos durante noventa segundos, y a continuación, un “bueno, y vosotros, ¿qué tal? ¿Cómo va aquello de…?”; y aquí, si se introduce una pregunta bien concreta, que dé de sí, se terminó la conversación sobre nuestra salud. Nos quitamos de en medio, como María.
    Otra cosa muy grande que debemos aprender de la enfermedad es eso: aprender; la enfermedad es la mayor escuela que se nos puede dar en la vida; por lo menos, la más intensiva. Yo, que he sufrido lo que sólo sabréis el día del juicio, he aprendido más cuanto más he sufrido: de la vida, de cómo hay que tratar a los demás, de Dios, del amor de Dios, de las almas que esperan que ofrezcamos por ellas cinco minutos de nuestro dolor, y luego se van al cielo, porque somos omnipotentes con la omnipotencia de Jesús en la Cruz…; de nosotros mismos, cómo somos y cómo a partir de ahora queremos ser; de lo que nos quieren muchas personas que en circunstancias ordinarias no lo manifiestan; de algunos errores que estamos cometiendo; de millonadas enteras de cosas, la enfermedad es una cátedra suprema.
    Como ya he apuntado, hay una cosa que la enfermedad tiene sobre todo, que es lo muchísimo que puede acercarnos a Dios y a redescubrir los valores espirituales. Yo os tengo que contar que, en buena parte, lo he aprendido en el mismo libro que el amigo Pinzas, por la sencilla razón de que compré un ejemplar para él y otro para mí. Pero no es sólo cosa de un libro: puedo prometer y prometo que, en cuarenta y cuatro años de vida, he buscado al Señor con un anhelo continuo que me ha llevado al sacerdocio, he husmeado todas las esquinas del planeta para ver qué había allí del Dios amado, he corrido tras Él en los hermanos, en la belleza…, y ha sido en el Dolor -de hoy más, siempre lo escribiré con mayúscula- donde me lo he topado de manos a boca. “El dedo de Dios está aquí”, dice la Escritura, y decía yo en mi enfermedad. Yo, en mi enfermedad, he tocado a Jesucristo igual que lo palpó Santo Tomas. Le he palpado la Carne. Yo soy un discípulo de Jesús, y me he acordado mucho de aquel grito suyo cerca de la Pasión: “Ahora mi alma está turbada. ¿Y qué voy a decir? ¿”Padre, líbrame de esta hora”? ¡Pero si para esto he venido al mundo!” Para esto. ¡Se trataba de esto!, porque no hay más amor que el que sabe sangrar.
    Cangrejo que nunca pinchaste; hermanos enfermos, tan cercanos a mi corazón: A esto, también hay que aprender. Rogamos los unos por los otros -y todos por el Señor Bicho Ese-, y seguimos adelante, lentamente, avanzando a trompicones con nuestra negra caravana de dolor que, aunque el mundo no lo sepa, le da vida al mundo.

    Mariano

    septiembre 30, 2012 at 3:44 pm

  3. “Indicio ha dado esta no vista hazaña
    del valor que en los siglos venideros
    tendrán los hijos de la Noble España,
    hijos de tales padres herederos”.

    (Cervantes, “Numancia”.)

    Lo digo por mamá y por la santidad con que sufrió su larga enfermedad, cómo nos enseñó a vivir y en el último momento, a morir. Y por papá, a quien nunca faltaron preocupaciones.

    Lo que yo no tengo muy claro es cómo voy a conseguir sufrir, si tengo hermanos como Mariano (Y no son pocos.) En estas circunstancias, me lo pone un poco difícil…

    Cierto que soy cornicantano y quizá se puede decir que no he llegado aún a la diplomatura, por lo que me queda mucho de esta cátedra, aunque llevo muy avanzadas las lecciones que de tí he recibido sobre esto.
    Tomo nota de tu experiencia, Mariano.

    El libro que me compraste se titula “Una luz sobre el sufrimiento y la muerte”, lo escribe Miguel Ángel Monge y es de la editorial Eunsa. Lo recomiendo encarecidamente porque tiene la facultad de los libros sabios: No te enseñan mucho nuevo, pero te ordenan las ideas y te ayudan a confirmarte, concretando lo que pueda haber disperso por ahí. Lo leí en el hospital, después de la operación y en un ambiente de mucho dolor, ya que había un par de casos de infección postoperatoria que supusieron la vuelta al quirófano de estos pacientes. Entre páginas, llegaba la enfermera a darme analgésicos hasta que le pregunté para qué tomarlos, si no me dolía nada en aquél momento.

    Ya lo he dicho en la entrada: Mi gran dolor no es el de una enfermedad. pero supe y ví que el dolor es un Misterio, que tiene una enorme trascendencia y completo significado. Me conviene por tanto pasar un poquito de esto que ha hecho a tantos hombres santos, héroes o mártires.
    Pero tampoco me viene demasiado, no os vayáis a creer. He aprendido a orientarlo, a enviarlo,y también algo muy importante: Tiene una enorme dimensión espiritual y un especial poder para responder a muchos de nuestros interrogantes. Especialmente, me ayuda a definirme y considero que esta es una de las mayores necesidades humanas.

    Un abrazo, Mariano.

    Señor Cangrejo

    septiembre 30, 2012 at 9:27 pm

  4. Por cierto Mariano, que sé que hay un poema del Siglo de oro sobre un cangrejo, un mozo, una moza y un percance que te gusta muchísimo… No digas cuál es, je,je,je.

    Señor Cangrejo

    septiembre 30, 2012 at 9:33 pm

  5. Un criterio que creo muy interesante: El enfermo no deja de ser la persona que era para convertirse en su enfermedad. Si antes se trataban también de otros temas con él, no hay que dejar que este nuevo monopolice la conversación. Y esto sucede con cualquier enfermedad, no sólo con el cáncer.

    Luna

    octubre 2, 2012 at 10:21 am

  6. Mariano: No encuentro los comentarios que me has enviado. Puede que al poner tu blog en la casilla de “Web”, los dé como spam, aunque en la relación de los mismos no me aparece. Puedo enlazar a tu blog desde aquí. si quieres.
    Acuérdate de darle al botón de “publicar comentario” y espera a que pase algo antes de salir de la entrada.
    Si por alguna causa sigue el problema, me electronizas por correo el comentario y lo copioypego.

    Un abrazo.

    Señor Cangrejo

    octubre 5, 2012 at 8:35 pm

    • Eso, enlázame al blog, aunque no sé muy bien qué es. Y ahora no pongo el blog en este comentario, para ver si éste queda o se esfuma. ¡Jopelines, con lo majo que me había quedado el anterior!

      Mariano

      octubre 5, 2012 at 11:08 pm

      • Ya te he enlazado, esto es que al poner el ratón y hacer clic en tu nombre, -que aparece de color azul y subratado-, se va uno a parar a tu blog y descubre que ha duplicado el número de entradas y que las hay que son muy buenas.
        Creo que te he dejado la cosa preparada para que te quedes enlazado con poner tu nombre y blog en el formulario para hacer un comentario.

        Señor Cangrejo

        octubre 6, 2012 at 5:25 pm

      • Vale, vale, a ver si poco a poco lo voy entendiendo.

        El 6 de octubre de 2012 19:25, Barcelona Vida

        miguelmariano

        octubre 6, 2012 at 11:02 pm

  7. Cangrejo:

    Me he quedado parado de cómo es tu hermano Mariano. ¿Por qué no me habías hablado de él?

    Calamardo

    octubre 5, 2012 at 8:57 pm


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